Lo dijo Andrés Stanovnik en la apertura de la vigilia que se realizó en la catedral. Hizo un llamado a “sentirnos más hermanos”. “Si nosotros cambiamos, todo a nuestro alrededor cambia”, aseguró el prelado.
El arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, tuvo a su cargo la apertura del “tiempo de espera”, tal como lo calificó, y agregó que no es una noche para dormir “porque estamos próximos a vivir un momento trascendente: el inicio del ministerio petrino (por Pedro) de Francisco”.
Para Stanovnik, son muchas las particularidades de este hecho histórico: “No solo porque es argentino, sino porque en más de una ocasión estuvo entre nosotros; por eso, lo sentimos casi como un familiar”. En relación con los numerosos gestos de humildad y sencillez que Francisco ha tenido desde el momento en que se conoció que era el nuevo pontífice, el arzobispo aseguró que “nos debe hacer sentir más hermanos y así nos va a ayudar a encontrarnos más entre nosotros”.
Afuera, en tanto, la llovizna persistía pero adentro de la catedral el clima se tornaba cada vez más acogedor, en especial porque las palabras del obispo estaban cargadas de emoción y vehemencia. “No podemos perder de vista que el papa adoptó el nombre de Francisco en honor al gran santo de Asís, quién además tiene una gran significación para la Iglesia”, sentenció.
“San Francisco de Asís nació en el seno de una familia adinerada, pero, a los 22 años, decidió abandonar el estilo de vida acomodado y vivir la palabra de Dios. Según cuenta la historia, el punto culminante de su transformación tuvo lugar cuando besó a un leproso, con quienes evitaba tener algún tipo de contacto”, contó.
“Después de esto, se arrodilló ante un crucifijo de la iglesia de San Damián y escuchó una voz que le decía: ‘Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas’. Por esto, es muy significativo que nuestro nuevo Papa se llame Francisco”, puntualizó. Y haciendo referencias a los mensajes dados por el santo padre, Stanovnik dijo que también “nos da un mensaje claro de que si cada uno de nosotros se dispone a cambiar, todo a nuestro alrededor comienza a cambiar”. Aseveró que “Francisco sabe que la Iglesia necesita que los cambios empiecen desde adentro porque, para que la Iglesia cambie, debemos empezar por nosotros”.
Así, con estas reflexiones e interpretaciones de los mensajes –los verbalizados y los que no lo son–, Stanovnik dio por iniciada la vigilia que concluiría a las 5.30.
Y antes de que la música ganara el espacio de la Iglesia mayor de Corrientes, en la pantalla dispuesta frente al altar, los presentes revivieron el momento cuando se anunciaba que los católicos tenían un nuevo pastor. Una corriente de emoción se apoderó de los presentes y estallaron las palmas, las que se renovaron cuando Jorge Bergoglio, apareció en el balcón de la basílica de San Pedro ante la multitud reunida en la plaza del mismo nombre.
Lluvia y misa, a la par
Durante toda la madrugada, varios grupos de animadores de algunas congregaciones fueron los responsables de mantener en alto la vigilia. Así, con músicas y oraciones, los feligreses que decidieron permanecer en la catedral más los que se fueron sumando durante la madrugada, se predisponían a compartir la primera misa oficiada por el papa Francisco.
La persistente lluvia impidió que los fieles coparan la plaza Cabral, lugar donde se había dispuesto una gran pantalla gigante. En su lugar, el gran telón desplegado frente al altar, más algunos televisores, permitieron ser testigos y partícipes del oficio religioso. En respetuoso silencio y con suma atención, el puñado de fieles renovó su fe y sus oraciones por el camino iniciado por quien para algunos era Jorge Bergoglio hasta hace unos días, pero desde ayer es el papa Francisco para todo el mundo. Pero también por los cambios que comienzan desde adentro.

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