Bergoglio cambió el programa de su primer día, y antes de reunirse con Dilma Rousseff recorrerá en un vehículo abierto la zona céntrica de la ciudad, escenario de recientes y grandes protestas.
La visita papal, que cubrirán miles de periodistas de todo el mundo, se da en un momento tenso para Brasil, donde en junio último una ola de protestas contra la corrupción y por mejores servicios públicos de salud, educación y transporte llevó a las calles a más de un millón de personas. El gobierno de Dilma Rousseff movilizará a casi 14.000 efectivos, de los cuales más de 10.000 son militares, apoyados por helicópteros, vehículos blindados, buques de patrullaje y un sistema antiaéreo para proteger al Papa y procurar que los manifestantes no alteren la Jornada, que se extenderá entre el martes y el domingo.
Francisco parece no compartir esas preocupaciones: no usará el "papamóvil" con vidrios blindados y cambió el programa de su primer día de visita: antes de reunirse con Rousseff en el palacio de la gobernación de Río recorrerá en un vehículo abierto la zona céntrica de la ciudad, donde en junio hubo masivas protestas. Para los analistas, la decisión de estar con la gente antes de encontrarse con los gobernantes refleja la principal marca del papa: el deseo de mantener contacto estrecho y directo con el pueblo para enfatizar el carácter pastoral de la Iglesia católica. El entusiasmo frente al nuevo pontífice es evidente entre los centenares de miles de fieles que llegan sin cesar a Río para la Jornada desde distintas partes del mundo, pero en especial de su país natal.
"El papa, que conoce profundamente qué es la Iglesia en América Latina y qué es América Latina, tiene muchas cosas que decir sobre el futuro de la Iglesia en ese continente de la esperanza", dijo y señaló que su mensaje tendrá un fuerte contenido social. "Será un mensaje muy fuerte, de responsabilidad y de orientación hacia ciertos valores de justicia, solidaridad, atención a los pobres, superar las desigualdades sociales, atención a la gente, a los enfermos y minusválidos. Estas personas necesitan ser respetadas y estar presentes en la sociedad", apuntó Lombardi.
La preocupación de Francisco por los temas sociales se refleja también en el programa que cumplirá en Brasil, que elude los pasos por los tradicionales puntos turísticos de Río -entre ellos el famoso monumento del Cristo Redentor- e incluye una visita a una favela y a un hospital -para inaugurar un centro de atención a drogadictos- y una reunión con jóvenes delincuentes. Además, el pontífice incluyó en su visita un viaje a la ciudad santuario de Aparecida do Norte, donde estuvo en 2007 cuando redactó el documento final de la Conferencia del Episcopado de América Latina y el Caribe que había inaugurado su antecesor, Benedicto XVI.
Francisco tendrá su primer contacto con los participantes de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud el jueves en la playa de Copacabana, donde dará su bendición a los jóvenes que le darán una fiesta.



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