Pocos lo recuerdan, pero hasta hace unos meses el candidato a intendente de San Isidro del possismo era Carlos Castellano, actual presidente del HCD local; aquí un raconto del fracaso y humillación que lo llevaron a soportar que Gustavo Posse sea, otra vez, quien busque gobernar el Ejecutivo sanisidrense.
En octubre de 2014 Gustavo Posse anunció oficialmente, con bombos y platillos en el Club Social Beccar, quien sería el elegido para sucederlo: se trataba de Carlos Castellano, presidente del Concejo Deliberante local. Claro que en ese momento Posse se candidateaba a gobernador bonaerense.
Vale decir que Castellano es un militante político de toda la vida. En otras palabras, vive del Estado desde los 90'. Es concejal desde 1999 (16 años al igual que Gustavo Posse como intendente) y ya era funcionario en San Isidro desde 1992.
Volviendo a su candidatura, desde el anuncio comenzó una tibia campaña local para intentar instalar a Castellano. Lo primero fue una portada de la revista oficialista San Isidro Style. Esa portada empapeló el distrito completo, con la leyenda Carlos Castellano - San Isidro Style. Pero lejos del efecto deseado de visibilización, para la militancia fue más parecido a un bullying público. Es que, a un militante político de ley como hay que decir que lo es Castellano, esa portada frívola lo ridiculizó. A eso se le sumaron algunos pobres actos vecinales y entrevistas solo en medios de la zona.
Todo siguió cuesta abajo para Castellano. El dinero publicitario de San Isidro se usó en la campaña de Posse, actos en la Costa Atlántica, publicidad y notas en TV y medios de toda la provincia, y para lo local: nada. Tan solo la habilitación de una oficina de prensa en el Concejo Deliberante casi sin recursos, y mucho menos ideas. Así se hizo imposible su crecimiento independiente de la figura de Posse, por lo que una lista encabezada en solitario no daba garantías de nada, mucho menos con una figura de peso en la interna de Cambiemos como el ministro de Justicia y Seguridad porteño Guillermo Montenegro y candidatos opositores como Santiago Cafiero (FpV) y Marcela Durrieu (FR) que no se la harían fácil.
Así fue que se vino la hecatombe. A finales de mayo de este año Gutavo Posse acorralado por la falta de espacio y sus malos números en la provincia bajó su candidatura a gobernador y anunció que sería nuevamente candidato a intendente de San Isidro. Casualmente fue también en un acto en el Club Social Beccar.
Quizás lo más humillante no fue el desenlace, que desde el momento en el que se cayó la candidatura a gobernador de Posse todos se veían venir, sino el modo. Fuentes de la mesa chica possista revelaron a Zona Norte Diario Online que durante meses se reunían cada semana los equipos de comunicación y los armadores para analizar encuestas y escenarios locales. En la última reunión apareció Gustavo Posse y con un nivel de actuación digno del talento de Sebastián Estevanez le dijo a Castellano con una impostada inocencia: "¿Sabés qué? Me trajeron esta encuesta que dice que el 50% de los sanisidrenses quieren que yo siga como intendente".
Se trataba de una versión extendida de la encuesta paga por el possismo a la poco conocida consultora Geolocalis, que se difundió en la prensa los primeros días de junio.
Y siguió: "Vos no estás midiendo muy bien Carlitos, me parece que hay que asegurar el Municipio". Parecía una sugerencia pero él lo sabía: Era una orden final, con la única respuesta posible de bajar la cabeza y aceptar. Esto a pesar de que durante meses le hicieron creer que ganaba las elecciones prácticamente caminando.
Con esas palabras Posse concretaba su traición y decretaba el fin del sueño de Castellano, que continuará estancado en una banca del Concejo Deliberante por lo menos durante otros cuatro años -encabeza la lista de precandidatos a concejales oficialista-, esperando agazapado una oportunidad para revertir lo vivido, que hasta ahora solo puede calificarse de absoluto fracaso.
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