La frase pertenece a una canción del grupo de rock uruguayo La Vela Puerca y sirve para reflejar una situación habitualmente común en tiempos de campaña electoral. Durante ese tiempo, los candidatos comienzan a poner en funcionamiento una articulada maquinaria de acciones destinadas a captar voluntades.
Las encuestas dicen que el más lindo soy yo y que va a ser mío ese sillón. Por favor
síganme, yo tengo la solución". Así reza la canción "Las polillas" de la Vela Puerca, que nace desde la voz de Sebastián Teiseira y se hace eco en todos los rincones de nuestro país en los tiempos que anteceden a una elección.
Azul, obviamente no es la excepción a la regla y desde hace unas semanas (varias) la invasión de afiches con sonrisas relucientes -algunas, no todas, ideales para una publicidad de dentífrico- se apoderan de todos aquellos lugares a los que se considera "ideales" para ofrecer el "producto", que lamentablemente en muchas ocasiones solamente se trata de humo. Sí, nos están vendiendo humo.
Y esa fábrica -la de humo digo- pone en marcha todos sus engranajes en el período preelectoral para llevar los "productos" a los lugares en los cuales durante el resto del año tienen muy poca "entrada": los barrios.
En esas zonas -donde antes de los comicios comienza a funcionar la maquinaria del "una promesa por un voto"-, los políticos en campaña descubren necesidades existentes desde hace mucho tiempo, pero que solamente al parecer captan su interés cuando pueden ser utilizadas para atraer voluntades.
Entonces, los vemos comiendo churros, tallarines o empanadas en sectores de Azul que tal vez estén pisando por primera vez. O los vemos entregando pintura, tubos fluorescentes o chapas galvanizadas a personas por las que en otras épocas no se hubiesen preocupado. O los vemos peleando por quien gestionó la ultima etapa de la reconstrucción de la Escuela 17, como si de un mendrugo de pan se tratase y ellos estuviesen muertos de hambre.
Obviamente, nada de esto se desarrolla sin la infaltable presencia de una cámara fotográfica, otra de televisión y varios grabadores de audio.
En torno a la pegatina de afiches y a los pasacalles hay varios temas dando vueltas. En varias ocasiones los ubican en lugares indebidos -tanto a unos como otros- y también parece que en la oscuridad de la noche se dan batallas épicas por conquistar el territorio más preciado...las paredes. El inconveniente es que se arrancan afiches, se los destroza, se los esparce -con el objetivo de dejar visible la imagen del candidato promocionado- y los restos de los "estandartes opositores" quedan tirados en el suelo, pintando un paisaje aciago a la vista.
En ocasiones me pregunto: ¿Cuántas obras, de diferente magnitud, se podrían realizar con el dinero que se invierte en publicidad política? Menos afiches, pasacalles y folletos, y más trabajo en pos de la comunidad es la mejor imagen de campaña para cualquier posible candidato.
Otra de las situaciones que se repite a diario por estos días -como sucede elección tras elección- es la generada por la reiteración constante de los nunca bien ponderados jingles de campaña.
Parece ser que resulta más sencillo convencer al electorado mediante el martillar constante del oído que ofrecerle propuestas claras y concretas.
Por esa razón, los encargados de desarrollar la tarea de crear estas pegadizas canciones toman un hit del "momento" (palabra que sirve para un tema musical pero no para promocionar un candidato, que no debería ser solamente del momento) y lo maquillan con palabras que suenan bien y cuyo significado es loable: sueños, igualdad, futuro, crecimiento, grandeza, esperanza, desarrollo... y demás.
Lamentablemente, los "versos" no forman parte solamente de la métrica de los jingles, sino que van un poco más allá y se emparejan, viajando a la par, con las promesas. Lo triste es que las promesas muchas veces -demasiadas- se diluyen, pero los versos siguen aceitando la aceitada maquinaria captadora de voluntades.
"Que bonita es mi campaña, que barata me salió, dólares americanos por decir lo que no soy", se despide cantando Teiseira.
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