Una multitud se acercó a la Avenida de Mayo. Caminaron desde la Plaza Lorea hasta la Plaza de Mayo. "Dios ha bendecido a nuestra patria con Francisco, aquel que caminó con su pueblo estas calles", dijo monseñor García.
"Yo vengo todos los años, aunque el año pasado no pude porque estaba de viaje –explica Olga, una enfermera de 68 años que agita emocionada una bandera con los colores del Vaticano que se vendía a quince pesos–. Cuando lo nombraron Papa a Bergoglio lloré como una loca, estaba en la compu y de tantas lágrimas no podía ni escribirlo en el Face", cancherea Olga. Por el contrario, Juan Carlos se avergüenza cuando reconoce que es la primera vez que viene: "Yo no vine nunca, pero no es que no sea católico o no creyente, es que me fui alejando de la Iglesia porque me da un poco de bronca que a veces tenga posturas tan retrógadas."
–¿Y usted cree que desde que el Papa es argentino ya no las tiene?
–Creo que el hecho de haber nombrado a un Papa argentino ya es una apertura.
POR LAS CALLES. El monseñor Eduardo García fue quien condujo la cruz. Antes de comenzar la procesión sostuvo: "Dios ha bendecido a nuestra patria con Francisco, aquel que caminó tantas veces junto a su pueblo estas calles y celebró año tras año el Vía Crucis junto a nosotros."
La manifestación de fe fue presidida por el Cristo de "Buen Amor" y la imagen de la Virgen Dolorosa, realizada en 1870. Como es tradicional, los fieles la llevaron como una forma de mostrar sacrificio. Además, esta vez se sumó otra cruz, que fue transportada por un grupo de jóvenes, en un intento de simbolizar la fe en el futuro.
Los asistentes compartieron el camino de Cristo hacia el entierro, con el acompañamiento de un coro de ochenta voces y diez músicos. Además de autoridades de la diócesis, obispos auxiliares, autoridades del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, así como legisladores, comunidad y fieles presentes.
Una vez en Plaza de Mayo, los participantes fueron testigos de la representación de la crucifixión de Jesús, teatralizada por un grupo de actores en el marco de una escenografía especialmente diseñada. Para terminar, se desarrolló la ceremonia del entierro de Jesús dentro de una gran solemnidad y fue recibido en la escalinata de la Catedral por el cardenal, para quedar expuesto para veneración de los fieles en el altar.
Antes del Vía Crucis, la Catedral metropolitana recibió a fieles y turistas, muchos del interior del país y de países limítrofes, como Brasil, que participaron de las actividades religiosas. "Tenemos una afluencia muy importante que se ha planteado por un escenario exacto: en primer lugar, el refresco que significó la elección del Papa Francisco, luego por los feriados que contribuyen a la presencia de muchos turistas en Buenos Aires, y las celebraciones de Semana Santa, en las que mucha gente se acerca a la iglesia", dijo a la agencia Télam el rector de la Catedral, el sacerdote Alejandro Russo. Un dato: advierten un aumento en la cantidad de personas que se acerca para solicitar turnos para bautismos y recibir el sacramento de la reconciliación –o confesión–. Y organizaron turnos con cinco confesores disponibles por hora para atender la demanda de los fieles. «

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