Realmente, ayer había que tener un estómago muy fuerte para aguantar las declaraciones y el discurso pronunciado por el polémico presidente venezolano Nicolás Maduro, que fue electo hace pocas semanas en elecciones sospechadas de haber sido fraudulentas.
A esta altura de los acontecimientos, no llama para nada la atención que kirchneristas y chavistas compartan un acto público, dado que son prácticamente lo mismo.
Ambos regímenes políticos tienen un fuerte componente autoritario, buscan perpetuarse en el poder, tienen una matriz corrupta que ya da escalofríos, impulsan iniciativas para manipular la Justicia y no se ruborizan a la hora de utilizar el Estado para atacar a todos aquellos que piensen diferente al relato oficial.
A su vez, en materia económica, Argentina y Venezuela lideran el ranking de la inflación de América Latina, las monedas nacionales poseen un ínfimo poder de compra (existe en ambos países los denominados cepos cambiarios y las cotizaciones paralelas de divisas extranjeras) y tienen sumidos a gran parte de la población en la pobreza, para así obtener el voto fácil a partir de los métodos más infames del clientelismo político.
Lo que resulta imperdonable es que esto suceda en países con abundantes recursos naturales: Venezuela tiene algunas de las reservas de petróleo más importantes del mundo, mientras que la Argentina cuenta con la capacidad de poder alimentar a 300 millones de personas, con mares, montañas y un subsuelo repleto de recursos naturales que escasean en el planeta.
Si el kirchnerismo tomó la decisión de convertirse en una versión trucha del chavismo es un problema de CFK y de sus acólitos seguidores, que seguramente recibirán un contundente castigo en las urnas. Ahora bien, lo que resulta intolerable es que en sus discursos busquen deformar la realidad y la historia de una manera tan burda como querer asociar a esos regímenes políticos con quienes fundaron nuestra Patria, como el General Don San Martín.
Tampoco resulta digerible que chavistas y kirchneristas invoquen la figura de Perón. El auténtico peronismo no tiene nada ver con el rumbo que está siguiendo la casta gobernante de Venezuela y la Argentina.
La concepción política del fundador del justicialismo, que marcó un antes y un después en la historia de nuestro país, estaba sustentada en el trabajo y en la producción, en la necesidad de industrializar el país para que haya una burguesía que defienda los intereses nacionales y de esa forma crear las condiciones para que los trabajadores, en función de su propio esfuerzo, puedan progresar socialmente.
No por casualidad, dos de las 20 verdades justicialistas, que forman parte del legado que dejó Perón, rezan: “No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan” y “En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”.
Tanto el chavismo como la administración K han seguido un camino absolutamente opuesto. Sus modelos económicos dependen de commodities, de materias primas sin valor agregado, por lo que la generación de empleo genuino es prácticamente nula. Por eso, solamente crean puestos de trabajo en el Estado, en el sector público, para acomodar a sus partidarios.
Ambos gobiernos convirtieron al Estado en un enorme elefante, con un apetito voraz y cuyo alimento solo lo puede encontrar en los bolsillos de la ciudadanía que afronta durísimas restricciones económicas y una presión fiscal que pulveriza cualquier posibilidad de inversión.
Aumento para La Cámpora
La secretaría de Transporte autorizó un aumento de hasta 9% en las tarifas de vuelos de cabotaje, que regirá a partir de hoy y beneficiará a una de las principales cajas que tiene La Cámpora para hacer política: Aerolíneas Argentinas.
La medida determina precios de referencia y dos tipos de tarifas máximas, entre las cuales las compañías deberán fijar el valor de los pasajes, para los vuelos que partan desde el aeroparque de Buenos Aires y el aeropuerto de Córdoba hacia distintos destinos.
Así se estableció en la resolución 265/2013 publicada ayer en el Boletín Oficial. El costo de los pasajes había aumentado por última vez en noviembre último.
La norma explicó que "la tarifa de referencia será calculada en proporción al kilometraje, comparándola con la tarifa de referencia correspondiente a una ruta de distancia similar que atienda un mercado de la misma región geográfica".
“El mausoleo de Kirchner también es una caja”
El ex vicegobernador santacruceño Eduardo Arnold insistió ayer con la presunta existencia de bóvedas para dinero instaladas en la casa del matrimonio Kirchner en Santa Cruz, planteó que esas cajas de seguridad funcionarían también en el mausoleo del ex presidente que aportó el empresario Lázaro Báez y se mostró dispuesto a dar detalles a la Justicia.
"El famoso mausoleo también es una caja. ¿Por qué tiene ese nivel de seguridad? Si yo fuera un fiscal o juez, iría a mirarlo", advirtió Arnold al diario uruguayo El Observador. Las declaraciones de Arnold, vicegobernador de Néstor Kirchner entre 1991 y 1997, llegan justo cuando un integrante del Consejo de la Magistratura, el abogado Alejandro Fargosi, le pidió al fiscal Guillermo Marijuán que allane la casa de la presidenta Cristina Fernández para verificar si puede haber allí bóvedas que guarden dinero presuntamente ilegal.
La presentación fue hecha ante las versiones sobre la existencia de esas cajas de seguridad que dijo haber visto el propio Arnold cuando estaban siendo construidas, según ratificó en las últimas horas el ex vice de Kirchner.
Tras sostener que "los datos son muy categóricos, son ciertos, simples y verificables", Arnold aseguró que "a principios o mediados de 2001" y siendo "interventor de un yacimiento carbonífero en Río Turbio", fue hasta Calafate, un fin de semana, para tomar un avión, y pasó a visitar a los Kirchner.
"Estaban Kirchner y su señora (Cristina Fernández de Kirchner) en la provincia. El se había ido a Río Gallegos y entonces me atendió ella. Yo sabía que su casa estaba en construcción en un parque muy lindo y ella me llevó a ver el avance de la obra. Se había hecho todo el subsuelo y había un espacio octogonal o hexagonal -no lo recuerdo, pero más bien redondo- sin ninguna clase de ventanas ni nada", reiteró.
Arnold confesó que el lugar le "llamó la atención porque se supone que si alguien hace una casa en ese lugar, va a tener una inmensa vista al lago" y entonces preguntó "por qué tenían eso todo cerrado".
"Le pregunté cómo iba a hacer después, si iba a romper la pared para colocar ventanas o qué. Y me dijo: 'No, esto es para las cajas'. Me llamó la atención, '¿Qué cajas?'. 'Las cajas de seguridad', me dijo, como algo total y absolutamente normal. Y no es algo normal, ¿tanto lugar para guardar cosas de tanto valor?", añadió.





Comentá la nota