El espectáculo que tuvo lugar el miércoles último, en el Congreso de la Nación, cuando oficialistas y opositores celebraron con bombos y platillos la aprobación de la Ley de Fertilización Asistida, constituyó una hipocresía pocas veces vista en la historia reciente de nuestro país.
Pero lo que llama poderosamente la atención es que la oposición, que supuestamente debería constituir una alternativa a este nefasto gobierno, también se sumó al circo ya sea en el rol de aplaudidor o de actor de reparto. Prácticamente todos los opositores levantaron la mano, se felicitaron entre sí, dijeron frases positivas para la ocasión, simularon emocionarse y obviaron olímpicamente referirse al colapso total del sistema sanitario en nuestro país, que hace que sea imposible garantizar la universalidad de los tratamientos de fertilización asistida.
La cuestión de fondo, de la que nadie habló en el congreso, es que la salud pública y privada está en quiebra. Por eso se está haciendo cada vez más cuesta arriba poder cumplir con tratamientos de patologías básicas.
La crisis es profunda y se llegó al extremo, tal como lo venimos informando en nuestro diario, de que el gobierno nacional decidió dejar sin vacunas a los hospitales públicos. En varios distritos del país no se está pudiendo cumplir con el calendario de vacunación, en una época donde las poblaciones en riesgo -bebés, niños y los ancianos- deben ser inoculadas para no ser víctimas de peligrosas enfermedades.
Asimismo, hay nosocomios centrales para el sostenimiento del sistema de salud, que se están cayendo a pedazos. El caso paradigmático es el Hospital de Niños, cuyos profesionales, tuvieron este año que salir a realizar abrazos simbólicos porque no contaban con los insumos básicos para atender a los chicos que son derivados desde distintas localidades de la Provincia. La situación también es muy grave en el Policlínico San Martín, el Hospital Melchor Romero y el Hospital Rossi. El colapso es tal que, por ejemplo, es habitual encontrarse en el Hospital San Juan de Dios, el principal centro asistencial para combatir enfermedades infecciosas en la Provincia, con fuertes olores nauseabundos producto de que ni siquiera existen recursos para garantizar la adecuada higiene del establecimiento.
Las clínicas privadas no escapan al colapso, producto de que las obras sociales y la mayoría de las prepagas están en bancarrota como consecuencia de las políticas económicas que impulsa el gobierno nacional. Los prestadores del IOMA tienen que esperar varios meses para poder cobrar, lo que lleva a que haya servicios básicos que dejan de prestarse a los afiliados. Y lo mismo sucede con el PAMI, la obra social de los jubilados y pensionados que viene siendo saqueada sistemáticamente por el kirchnerismo, al mejor estilo menemista, para derivar recursos al clientelismo político.
Los K manipularon los deseos de miles de parejas que ansían poder recurrir a la ciencia para ser padres para tapar la realidad de un sistema sanitario que se encuentra en el más absoluto colapso. Se les prometió a estas familias acceso libre y gratuito a la fertilización asistida cuando no existen los recursos ni la infraestructura adecuada para cubrir esa demanda.
Nadie puede estar en contra de que se faciliten las condiciones para que cientos de familias puedan cumplir el sueño de traer un hijo al mundo. Pero, lamentablemente, la Argentina no es una nación escandinava donde todos los ciudadanos, sin distinción, tienen acceso a una salud de excelencia.
En nuestro país, que se encuentra bendecido por la naturaleza y le puede dar de comer a 300 millones de personas, hay compatriotas que se mueren de hambre. Además, todos los días también pierden la vida bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos por otras causas evitables. En otras palabras, hay situaciones de emergencia en materia de salud –mucho más urgentes que la fertilización asistida- que no están siendo atendidas por el Estado y que requiere respuestas inmediatas, sin más dilaciones.
Comentá la nota