La víctima tiene 50 años, recibió varios golpes con un caño que utilizó como arma un delincuente y fue encerrada en una habitación. Todo sucedió en una vivienda situada en Pascual Simone al 900 cerca de las vías y calle Sor Josefina.
Francisco Cussino, de 76 años, miraba el partido de River y Rosario Central en su casa junto a su yerno Carlos González, de 50 años, cuando ese domingo, poco antes de las 20, repentinamente apareció en la cocina un sujeto de unos 20 años, de contextura física importante, portando un caño largo, negro y sucio que simulaba ser un arma de fuego.
El desconocido era un delincuente que acababa de ingresar a una vivienda llamada “Ña Chola”, situada en Pascual Simone 908, a pocos metros de las vías del ferrocarril y Sor Josefina, barrio San Cayetano.
“Eran las 18.45, ya estaba oscuro. Estábamos sentados en el comedor mirando el partido, como siempre. La puerta estaba abierta y sentimos torear los perros, pero ese día había un campeonato de futbol (en El Paraíso Futbol 7, que queda a pocos metros) y autos hasta cerca de las vías”, contó el señor Cussino a EL CIVISMO. “Los cusquitos son centinelas”, agregó en referencia a sus perros. Sin embargo, dejaron de prestarle atención pensando que esta vez ladraban desaforadamente por el movimiento que había en la canchita.
Al cabo de unos minutos, Francisco advirtió que el comportamiento de los perros no era el habitual. “Entonces le digo: Carlitos, acá anda alguien”, recordó. Ni bien terminó de pronunciar la frase, un delincuente se apareció en la cocina. “Era un muchacho grandote, como de 20 años, y nos apuntaba con un caño común, medio pintado de negro y todo sucio. No era un arma”, dijo don Francisco sentado en un sillón, como el domingo a la noche, debido a que tiene serias dificultades para movilizarse. “Yo no me puedo mover y mi yerno no está preparado para pelear o defenderse”, aseveró.
El señor Cussino piensa que el ladrón tal vez creía que se iba a encontrar con una sola persona en la casa. Pero al ver al yerno decidió encararlo mientras le ordenaba que se tirara al suelo. “Yo le decía que estaba loco, que cómo se había metido en mi casa y por qué tanta agresión, pero nos insultaba y pedía la plata”, señaló el vecino y una de las víctimas del asalto.
ULTRAVIOLENTO
Lo peor estaba por venir. Cuando el señor González se paró, el delincuente amagó con pegarle al septuagenario indefenso que, pese a encontrarse en una situación de clara desventaja, lo desafió a que se animara hacerlo. El hampón cambió de planes. Con el caño le aplicó al yerno el primero de los muchos golpes que recibió. Uno de esos golpes dio en el brazo, provocándole un corte que demandó siete puntos de sutura. No fue el único: González comenzó a ser atacado con el objeto contundente por parte de un sujeto que parecía, a esa altura, estar fuera de sus cabales.
González le entregó la billetera con unos pocos pesos, los documentos y un viejo teléfono celular que el malviviente desechó de llevarse. Luego fue encerrado en una habitación para huésped. Seguidamente, el ladrón empezó a recorrer la vivienda y a exigir la entrega de un arma mientras continuaba insultando al dueño de casa y amenazaba con “rajarle la cabeza” al señor Cussino, quien en un momento dado hasta pensó en morir. “Me voy con mi mujer, que murió hace poquito, y listo”, expresó. Al asaltante, tal vez esas palabras lo conmovieron o quizás al ver que don Francisco nunca dejó de ser un hombre valiente y con un coraje a prueba de todo. Entonces, decidió emprender la retirada no sin antes saludarlo de manera afectuosa. “El hijo de puta me dijo: ‘viejo, te amo’. Podés creer…”, señaló Cussino, y puntualizó: “A los 76 años es la primera vez que me pasa esto. Así fue la cosa, así estamos viviendo”.
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