Desde la UNRC se realizó una investigación que detectó diversas falencias en las condiciones de vida que afectan la educación de los niños. Pese a ello, los migrantes logran mantener aspectos positivos de su país de origen en sus hogares
La mayor parte de la comunidad boliviana ubicada en el sector oeste de nuestra ciudad debe enfrentar el hacinamiento, la falta de acceso al agua corriente, la luz, el transporte público. A ello se suman las condiciones laborales que hombres y mujeres soportan día a día en las quintas y los hornos de ladrillo de la zona, donde transcurren varias horas a cambio de un ingreso insuficiente para mantener a sus familias.
Un equipo de profesionales de la salud de la UNRC decidió indagar acerca de ese escenario. “Hemos tomado sectores desfavorecidos porque justamente consideramos que la crianza de los hijos no es sencilla en ningún ámbito y en sectores donde hay necesidades básicas insatisfechas la complejidad debe ser mucho mayor. Queríamos ver qué aspectos de esa crianza pasaban a ser fortalezas justamente a pesar de no tener todas las condiciones mínimas”, explicó María Inés Bianco, licenciada en Enfermería y directora del proyecto.
Para ello, a partir del año 2009 un equipo de docentes y estudiantes entrevistaron a 55 familias de origen boliviano, en su mayoría matrimonios jóvenes con hijos pequeños.
“Percibíamos que la crianza de los hijos en sectores provenientes de Bolivia tenían una particularidad. Eso nos motivó a investigar porque luego son personas que asisten al Proxy-Connection: keep-alive Cache-Control: max-age=0 stema de salud a demandar cuidados, entonces debemos conocer sus costumbres, sus valores, sus modos de vida, todo lo que ellos traen de su origen”, añadió la codirectora Stella Felizzia, también licenciada en Enfermería.
La pobreza en el hogar
A lo largo de la investigación, las profesionales se encontraron con diversas carencias materiales que condicionan fuertemente el acompañamiento de los niños por parte de las familias.
“Viven en condiciones de extrema pobreza, con muchas necesidades en general, pero en lo que tiene que ver con la estructura edilicia es muy marcada; el tipo de vivienda que tienen, el hacinamiento de personas dentro de la vivienda, la escasa cantidad de muebles”, enumeró Bianco.
Además mencionó que los hogares del sector oeste no tienen agua corriente y pese a que la luz llega al barrio, no todas las viviendas cuentan con el servicio.
Las familias también tienen serias dificultades para acceder a la ciudad y estar en contacto con la misma. En ese sentido, la profesional destacó que el servicio público de pasajeros no llega al lugar.
Estos y otros factores representan importantes obstáculos para el desarrollo de los niños. Al menos, así lo demuestran los resultados del estudio realizado: el 70% de las familias consultadas afirmó tener dificultades en la crianza de los hijos, mientras que el 12% dijo que a veces tiene este tipo de dificultades y sólo el 20% expresó no tener problemas al respecto.
“Las principales dificultades de la crianza son de origen económico. Ellos reconocen una limitación en esa escasa posesión de dinero y bienes para darles a los hijos lo que corresponde”, afirmó Felizzia. E indicó que los hogares no poseen elementos básicos para un mínimo confort: “No tienen ni ropa y a veces la comida no les alcanza para todos, porque tienen varios niños”.
Ser mujer y extranjera
Las condiciones laborales y los modos de organización familiar tampoco facilitan el acompañamiento de los niños. La falta de tiempo y el agotamiento a causa del trabajo son otras causas que dificultan la crianza, según las familias incluidas en el estudio.
“La mujer trabaja igual que el hombre en el horno o la quinta y cuando llega dice: ‘Todavía me queda toda la casa, toda la comida, todos los deberes de los chicos’. Realmente la mujer está sobrecargada porque el varón no colabora para nada en el hogar, todo lo hace ella”, relató la codirectora del proyecto.
Y precisó: “La mujer es muy trabajadora, y dentro de lo poco que ellos tienen observamos mucha limpieza dentro y fuera de la casa. No tienen microbasurales alrededor de las casas, tienen pocos animales domésticos. Son hábitos y constumbres diferentes a las de nuestros sectores desfavorecidos”.
Según las personas consultadas, en su mayoría mujeres, el hecho de ser extranjero es otro de los factores que influye negativamente en la crianza de sus hijos. “Todavía no nos acostumbramos acá”, “cuando uno es de afuera se le hace todo más difícil”, “hace poco que llegamos y estamos solos acá, no tenemos parientes”, son algunas de las expresiones textuales de los integrantes de la comunidad boliviana al respecto.
El afecto, pese a todo
“En el aspecto afectivo, a pesar de todo esto, son sumamente cálidos con los niños”, dijo Felizzia frente a las diversas limitaciones que se les presentan a estas familias.
“Ellos tienen alguna dificultad de entablar diálogos espontáneamente, son parcos, de hablar poco, pero tienen una cuestión muy positiva que es el contacto corporal: tienen un fuerte apego corporal con los niños hasta que son bastante grandes”, relató.
En este sentido, mencionó la conocida práctica de las mujeres bolivianas de acarrear a los bebés en sus espaldas envueltos en aguayos. Y explicó que esta costumbre se sostiene hasta que el niño aprende a caminar, especialmente debido a que la madre debe continuar trabajando y no puede detener su actividad durante el primer año de vida del niño.
Esta práctica les permite llevar a su hijo a todos lados y amamantarlo fácilmente, más aún teniendo en cuenta que las mujeres le dan gran importancia a la lactancia y suelen mantenerla hasta edades muy avanzadas.
A su vez, las investigadoras destacaron que los padres de la comunidad “no son agresivos ni punitivos hacia sus hijos, como por ahí observamos en otros sectores que inclusive usan el insulto. Ellos no emplean ninguna palabra desajustada para tratar a los niños ni los castigan corporalmente y se ve que son niños tranquilos; no son hiperactivos ni molestos, tienen un modo de vida apacible, más bien silencioso”, detallaron.
Lejos de la escuela
Otro de los ejes abordados por el estudio de la Universidad nacional fue el aspecto educativo. Al respecto, las licenciadas comentaron que en el ámbito de la educación formal las familias les dan importancia a la asistencia a la escuela primaria.
Bianco indicó que existen determinados establecimientos de ese nivel en el sector, pero aclaró: “Hay gente que tiene que caminar una hora para llegar hasta la parada de ómnibus para llevar al hijo a la escuela”, dado que se trata de una zona de quintas.
A pesar de estas dificultades, los padres “priorizan la asistencia de los chicos al nivel primario y ya no ven tan factible la asistencia a un nivel secundario. Justamente, los establecimientos de nivel secundario en nuestra ciudad están ubicados en sectores céntricos o en barrios relativamente cercanos al centro. En ese sector no hay secundarios”, añadió la licenciada.
La necesidad de colaborar en la economía familiar también influye en la formación de los jóvenes. “Los niños se incorporan al trabajo con sus padres justamente cuando terminan el primario”, relataron al respecto.
Igualmente, las investigadoras aclararon que esta problemática aún no se encuentra tan presente en el sector, dado que la mayoría de quienes lo habitan son parejas jóvenes que se establecieron en nuestro país hace poco tiempo. Por lo tanto, “no hay personas adultas mayores ni adolescentes, porque van naciendo los niños en los últimos años”, indicaron.
Al respecto, la directora del estudio informó: “En las 55 familias entrevistadas detectamos 157 niños que oscilan entre los 15 días y los 23 años pero sólo el 8% entra en la categoría de adolescentes y jóvenes”.
Los cambios necesarios
En base al estudio desarrollado en los últimos años, las licenciadas en Enfermería mencionan la necesidad de tomar diversas medidas para revertir el escenario mencionado y facilitar la situación de las familias de origen boliviano en Río Cuarto.
“En realidad, lo más importante es la cuestión de la infraestructura, de las necesidades básicas insatisfechas”, dijo Felizzia y advirtió que se deben establecer políticas que permitan el acceso de la población a una vivienda digna y a bienes y servicios básicos.
“Trabajando en conjunto con la Municipalidad se podrían hacer estrategias de infraestructura, de pequeños emprendimientos que podrían mejorar su calidad de vida en cuanto a poder acceder a bienes y servicios”, añadió.
Por otro lado, los resultados obtenidos también indican la necesidad de fomentar “una educación para la salud en algunos aspectos”.
Sobre este tema, la codirectora del estudio recordó que el barrio relevado está fuera del ejido urbano y, pese a ello, “la Municipalidad tiene un equipo de salud que periódicamente visita el lugar aunque no pertenezca a ninguno de los centros periféricos”.
De cualquier manera, destacó que es necesario brindar educación con relación a los controles que deben hacerse los niños, aspecto al que también les cuesta acceder, dado que no tienen un lugar cercano y deben llevar a sus hijos al Centro de Salud o al Hospital.
Otras cuestiones que las profesionales consideraron que deberían abordarse fueron formas domésticas de potabilizar el agua, crianza de animales domésticos para que consuman más proteínas (dado que generalmente las familias sólo consumen las plantas que cultivan, aunque las profesionales destacaron que los niños no están desnutridos).
En ese marco, la directora del proyecto expresó que en el equipo de investigación también participa personal de enfermería de la Dirección de Salud de la Municipalidad. En base a ello, se están realizando talleres a fin de compartir los resultados obtenidos con el gobierno local para mejorar la prestación de salud que el mismo brinda en la zona oeste.
Pero más allá de los aportes que la Universidad y el Municipio puedan hacer a la calidad de vida de las familias llegadas desde Bolivia, también ellas tienen aportes que realizar a la ciudad.
“En la crianza nosotros también tenemos que aprender muchas cosas de ellos. No sólo ellos deben adaptarse a nuestra cultura, creo que hay aspectos positivos de ellos que debiéramos imitarlos”, concluyó Felizzia.
“Realmente los vínculos familiares y afectivos son muy fuertes e importantes para ellos”, añadió Bianco.
“Los niños son colaboradores de la economía familiar”
Uno de los datos surgidos de la investigación realizada por la Universidad local señala que los hijos de las familias bolivianas comienzan a trabajar junto a sus padres a edades relativamente tempranas.
“Los niños son incorporados a la cultura del trabajo desde relativamente pequeños. Ven que los niños tienen que colaborar en las tareas de los padres”, expresó Bianco.
Y continuó: “Cuando les preguntábamos si había diferencias de enseñanza entre la nena y el varón, ellos marcaban que sí, que al varón le enseñaban cuestiones que tenían que ver con las actividades que hacían sus padres, fundamentalmente en las quintas -ya que ellos manejan gran parte del cinturón verde de nuestra ciudad- y en los hornos de ladrillo. Y a las nenas lo que tiene que ver con las actividades domésticas: el orden en sus viviendas, la limpieza, hacer la comida, las compras”.
Sobre este tema, Felizzia aclaró: “Esto no es trabajo infantil en el sentido de que los ocupen en una empresa o en otro lugar. Son colaboradores de la economía familiar. Nosotros sabemos que hay recomendaciones para el trabajo infantil, pero esta gente jamás ocuparía al niño en otro trabajo: sólo con la familia, van a trabajar con ellos”.
En el mismo sentido, la directora del estudio remarcó que el trabajo junto a los niños “es algo muy natural para ellos”.
-¿Qué pudieron observar acerca de las condiciones laborales de los padres?-, preguntó PUNTAL.
Felizzia: -Nosotros no indagamos este tema pero sabemos que trabajan muchas horas al día y por las condiciones de las viviendas se nota que los ingresos son escasos porque no tienen ropa, no tienen mobiliario, no tienen cama. Veíamos que tenían cosas muy precarias dentro de la casa y muchos cocinan fuera de ella porque no existe un ambiente llamado cocina. Hay una habitación que sirve para dormir pero todo el resto es afuera de la casa.
“Tienen cierto temor a salir de sus comunidades”
Las actividades realizadas en su tiempo libre fue otro de los aspectos consultados por las investigadoras. Y ante ello se encontraron con que prácticamente las familias no eligen realizar actividades por fuera de la comunidad boliviana.
“Hacen muchas actividades en la misma comunidad, les organizan partidos de fútbol a los chicos pero las diversiones son entre la comunidad y no piensan en alejarse para concurrir al centro”, explicó Bianco.
Y continuó: “Una sola familia comentó que iban al Parque Sarmiento algunas veces pero tienen cierto temor a salir de sus comunidades”.
Este temor se evidencia en la afirmación de varias personas consultadas por el equipo de investigación, quienes expresaban que afuera estaba el peligro. “Cuando les preguntábamos en que consistía ese peligro decían que afuera está el alcohol, la violencia, los malos ejemplos”, relataron las licenciadas.
Además, comentaron que las familias preservan sus costumbres y sus ritos y “consideran que los tienen que compartir con los iguales”.
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