Una compañía de un pariente de Nikos Anastasiades habría realizado una transferencia de 21 millones de euros a dos entidades financieras en Londres antes del cierre de los bancos.
El presidente de la República de Chipre, Nikos Anastasiades, pasó del extremo perfil bajo a protagonizar todas las portadas europeas casi sin transición. Es que los países de la Eurozona temen que las consecuencias por el manejo de la crisis financiera cruce de orilla y encalle en sus puertos. Ayer, mientras el titular del Ejecutivo chipriota anunciaba un nuevo plan para salir de la situación que atraviesa su economía protegiendo a los trabajadores nacionales, se conoció una denuncia que implica a algunos de sus familiares en el escándalo bancario sobre la presunta fuga masiva de capitales en la víspera del acuerdo con la troika. Anastasiades rechazó las acusaciones y aseguró que se trata de un intento por "desorientar al pueblo".
De acuerdo con el matutino de Chipre Jaravgui, afín al partido comunista AKEL, una compañía cuyo propietario tiene lazos familiares con Anastasiadis habría realizado una trasferencia de unos 21 millones de euros desde el Banco Popular (Laiki) a dos entidades financieras en Londres, tan sólo tres días antes del primer acuerdo con el Eurogrupo. El periódico se pregunta "quién sería el gerente del banco que autorizó una transferencia de este tipo en el momento en que había claras instrucciones sobre las transferencias".
"El intento de difamar a compañías o personas ligadas a mi familia, y el objetivo de dañar al presidente, es una tentativa de desorientar al pueblo sobre las responsabilidades de quienes han llevado al país a una situación de quiebra", se defendió Anastasiadis. En simultáneo, el banco Laiki también salió a rechazar las acusaciones y se sumó a las declaraciones del presidente al señalar en un comunicado que se trata de un afán "deliberadamente difamatorio" del titular del Ejecutivo.
La salida masiva de capital en los días previos al primer acuerdo con el Eurogrupo, que preveía una tasa a todos los depósitos bancarios, se transformó en uno de los mayores escándalos políticos del país insular, sobre todo después de que los bancos tuvieran que cerrar sus puertas para evitar una corrida y que el Banco Central impusiera un tope a las extracciones y transacciones financieras. En un evidente esfuerzo por recuperar credibilidad, el gobierno creó además esta misma semana una comisión de investigación encargada de depurar responsabilidades políticas y bancarias en torno a la crisis.
Esa comisión, que comenzará sus funciones la próxima semana, deberá esclarecer además si, como aseguran medios en Chipre y Grecia, los principales bancos condonaron total o parcialmente créditos a políticos, empresarios y sindicalistas. De acuerdo con estas informaciones, en el escándalo estarían implicados políticos de todos los partidos, con excepción –por el momento– de los socialdemócrata de EDEK y de los ecologistas.
Mientras tanto, para mostrarse propositivo, el presidente Nikos Anastasiadis anunció un amplio plan de medidas para impulsar la economía, que pasa por iniciativas para potenciar el clima inversor y ayudar a combatir el desempleo juvenil. Según explicó en una entrevista con el diario Filleftheros, la idea es aplicar el programa en un plazo de tres a seis meses. El diseño del plan, sin embargo, debe estar listo para el jueves, de cara a una nueva reunión con la troika, compuesta por el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo.
Algunas de esas propuestas consisten en agilizar la tramitación de proyectos de inversión, bajar la elevadísima factura de la luz, ofrecer exenciones fiscales a las empresas que reinviertan sus beneficios y recurrir a los fondos europeos para combatir el desempleo juvenil. Pero la iniciativa que más polémica ha generado es el impulso a la radicación de casinos, que sólo están permitidos en la República Turca del Norte de Chipre. La economía necesita urgentemente un impulso, alegó, y los casinos atraen turistas nacionales e internacionales.
Finalmente, el presidente buscó llevar tranquilidad a la población y aseguró que su proyecto no pasa por recortes salariales o de eliminación de empleo en el sector público, algo que –aseguró– no está sobre la mesa de negociación con la troika. Esta es, en última instancia, la esperanza del presidente chipriota, ya que es a sus representantes a quienes debe convencer para que destraben el rescate de 10 mil millones de euros con los que espera dinamizar su economía. «
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