A pesar del gran caudal de turistas en el Valle, el centro de salud permanece gran parte del día con candado, no hay médico y tampoco ambulancia. Además, en el lugar se registran fogatas y no hay equipo de bomberos. Se necesita inversión de los prestadores turísticos y del Estado.
Decir que el Valle Grande es uno de los lugares más bellos de nuestro departamento parece una verdad de Perogrullo, pero detrás de toda esa belleza cabe preguntarse si las condiciones de seguridad y prevención son suficientes.
Ya halábamos ayer de la escasa cantidad de Policía Turística con la que cuenta el departamento, pero otra cuestión más que importante es la situación del centro de salud del Valle.
En reiteradas ocasiones se ha puesto el ojo sobre el lugar, por la falta de médicos o de ambulancia, a lo que hay que sumarle que durante las mañanas permanece cerrado con candado y que abre sólo en horas de la tarde, por supuesto sin la movilidad necesaria para un traslado de emergencia.
Hace años que se viene hablando del tema, y la única respuesta es la indiferencia, la del Estado provincial que no realiza los controles e inversiones correspondientes para que el Valle Grande sea un lugar seguro, y también la de los prestadores, que jamás pudieron ponerse de acuerdo para "hacer una vaquita" y pagar un médico permanente en el lugar. Lo único que hay es un "servicio de emergencias" con ambulancias, al que adhieren algunos de los prestadores.
Si bien la muerte de Natacha no se puede atribuir a esta situación, es sabido que "más vale prevenir"; Sin embargo, hasta ahora al parecer no se ha aprendido nada.
En varias ocasiones se habló de problemas en el Valle. En 2011 falleció un turista bonaerense y el tema se puso en el tapete; el año pasado volvió al ruedo tras el vuelco de un catamarán con estudiantes rosarinos.
Muchas veces se han comparado las bellezas del Valle Grande con la de las grandes capitales turísticas del país, como Bariloche, Carlos Paz o la costa bonaerense. Sin embargo, en el Valle nunca se pudo clarificar la propiedad de las tierras; hay poco control de las construcciones y muchos edifican "donde quieren"; hay un solo camino de ingreso y en mal estado; falta señalización, es escasa la cartelería; y hasta se han registrado fogatas en el dique y en sectores donde está prohibido (a veces hasta al lado de la ruta, reduciendo al mínimo la visibilidad); además, en la zona tampoco hay bomberos. En un último incendio de 2012, fueron los propios turistas los que apagaron las llamas en un complejo tipo camping.
Sin dudas la situación se merece un replanteo, porque lo único en que el Valle Grande se parece a los grandes centros turísticos son los precios. Se necesita más compromiso del Estado y de los privados para hacer del lugar un verdadero sitio vacacional y no un espacio donde algunos se dediquen a recaudar sin invertir un solo centavo.
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