Una ley y un programa municipal son las herramientas estatales con las que cuentan las personas con discapacidad a la hora de buscar trabajo. La integración, aun así, sigue siendo un desafío.
Manuel es hipoacúsico y su caso es apenas uno de los innumerables que padecen las personas con alguna discapacidad que esperan, como todos, integrarse al ámbito laboral.
La Ley Nº 22.431 establece que el Estado Nacional está obligado a emplear personas con discapacidad en una proporción no inferior al 4% de la totalidad de su personal y a reservar puestos de trabajo exclusivamente para ellos y ellas. A pesar de estar amparados bajo esta ley y de los beneficios que otorga el Estado a las empresas, la media de edad en la que las personas con discapacidad logran su primer trabajo es (como en el caso de Manuel) de 33 años.
Ruben López, de 44 años, padece distrofia muscular tipo Kugelber Welander. Su discapacidad no fue un obstáculo para seguir sus estudios universitarios y hoy tiene su propio estudio jurídico, pero llegar a consolidar su espacio de trabajo no fue fácil y debió hacer frente a situaciones de discriminación. "Cuando estaba dando las últimas materias de la facultad pedí un analítico y lo repartí en varios estudios jurídicos de Olavarría, cuando miraban el analítico y el CV estaba todo bien, el tema era cuando iba a la entrevista personal. Ahí las cosas ya no estaban tan bien. Me entrevisté con varios estudios... obviamente no quedé en ninguno", recuerda todavía con angustia.
Rubén fue el primer abogado con una discapacidad del Departamento Judicial de Azul y el primero en la ciudad en presidir el Consejo Municipal de Discapacidad. Su primer trabajo como abogado lo obtuvo en 1998 en el estudio de Agustín Marinangeli, quien se acercó a él por un anuncio del diario en el que lo saludaban como nuevo profesional. "Un día estaba en mi kiosco y entra un hombre que no había visto en mi vida y me dice '¿Así que vos sos mi nuevo colega?, lo leí en el diario y te andaba buscando, tengo un estudio y estoy buscando un socio' ". Desde ese día ese desconocido se convirtió en su socio durante cuatro años. Ruben recuerda con mucho cariño a la persona que le dio la primera posibilidad de demostrar de qué era capaz. "Mientras estudiaba siempre repetía que lo único que pedía era una oportunidad de poder mostrarme porque era consciente de que no la iba a desaprovechar. Yo siempre digo que Agustín fue el ángel que me abrió esas puertas". Hoy en día además de asesorar a personas con discapacidad en su propio estudio, Ruben es asesor legal de la Mutual Gestar Anhelos que realiza talleres de distinta índole para personas con alguna discapacidad.
Daniel Brisioli, de 52 años, padece ceguera. Es abogado, martillero público y procurador. Su camino hacia un empleo estable también fue difícil de allanar. "Fue una lucha muy dura, yo estuve prácticamente 10 años golpeando puertas", relata apenado. Su búsqueda inició en los 80 y fue en Coopelectric donde encontró un lugar. "Empecé a buscar laburo y en esa época el contexto cultural no era nada fácil, todavía algunos prejuicios eran muy duros y había una imposibilidad hasta arquitectónica de contener a los discapacitados, las empresas privadas no tenían conciencia de los beneficios que otorga la ley de tener a personas integradas", explica Daniel. Según él, la cooperativa en la que trabaja hace ya 22 años le dio una oportunidad única. "Por suerte yo acá fui muy bien recibido y contenido, se me dio una posibilidad diría hoy todavía escasa. Somos una fracción muy chiquita los que estamos integrados como mano de obra competitiva, en un ambiente competitivo, con crecimiento laboral, con desarrollo".
Además de su trabajo formal en la cooperativa eléctrica, Daniel se desempeñó como docente en la Escuela Nº 505 -para ciegos y disminuidos visuales- y en el plan de alfabetización nacional para ciegos. "Los discapacitados de esa época teníamos en claro que teníamos que abrir caminos, sacrificar de la vida personal para ayudar al resto que venían atrás, tenemos que hacer docencia con la sociedad", asevera Daniel.
Manuel, Ruben y Daniel, como Cecilia y Pablo (ver aparte), buscaron trabajo durante más de 10 años hasta que por fin alguien les dio la oportunidad que hoy gozan. A pesar de la ley y de algunos esfuerzos particulares, las personas con discapacidad siguen padeciendo una fuerte discriminación laboral y se ven tristemente forzados a esperar más de una década para sentir la dignidad que da el trabajo.
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