Largas horas de trabajo, bajos salarios y el estrés de tener que lidiar todos los días con la vida y la muerte son algunas de las razones por las que los médicos egresados no eligen especializarse en terapia intensiva. Esto lleva a una falta de profesionales en esa área que afecta también al servicio público sanrafaelino.
Actualmente, el área de terapia intensiva del Hospital Schestakow cuenta únicamente con 9 médicos y un residente. De esos médicos, sólo 7 tienen la especialidad. Lo grave es que, debido a esto y a la falta de infraestructura, ese sector está colapsado.
Hay que señalar también que el Schestakow es el único hospital público con terapia intensiva polivalente del sur provincial. Malargüe no tiene una unidad de este tipo, y en General Alvear no cuentan con un neurocirujano, por lo que muchos de los pacientes de esos departamentos son derivados hasta el nosocomio sanrafaelino. También hay que sumar algunos pacientes que llegan del sur de San Luis, de La Pampa y de Neuquén.
Además, el hospital muchas veces termina atendiendo personas que tienen obra social (generalmente PAMI u OSEP) y aun así acuden al hospital público con emergencias.
Por esta razón, se ve colapsado el servicio, que sólo posee 8 camas –de las cuales dos acaban de ser agregadas– cuando lo ideal es que tenga 12. El problema de agregar más camas, en el caso de que las consiguieran, es que no habría recursos humanos para atender cuatro pacientes más.
“Doce camas significan dos médicos [de guardia] más por día, y no hay”, expresó el Dr. Víctor Maluenda, jefe del área de terapia intensiva del Schestakow.
Actualmente, cuando no hay camas disponibles en terapia intensiva, se deriva a los pacientes a los hospitales privados y, si estos no los reciben –alegando que no tienen espacio– entonces se trasladan a la capital provincial. “Si no se recibe en privados o en Mendoza, el paciente se muere”, comentó Maluenda.
La falta de personal calificado se extiende también a enfermeras para esta y otras áreas. Además, terapia intensiva de adultos no es la única que presenta esta falta, lo mismo sucede en Neonatología.
Desde esa área explicaron que son muy pocos los que eligen esta especialización, la mayoría elige pediatría clínica. Las razones son nuevamente las largas horas y el estrés de tratar con la muerte todos los días. “Acá hay una residencia de pediatría, pero nadie quiere hacer lo que es muy estresante que es la terapia intensiva neonatal”, señaló la Dra. Fajardo, jefa de área de neonatología del mismo establecimiento.
Volviendo a las causas del problema, Maluenda opinó que la razón por la que no se elige esta especialidad tiene que ver también con un tema “generacional”, es decir con las nuevas camadas de médicos que en general “miran la carrera desde la perspectiva salarial y no científica”.
Además, el estrés de esta tarea lleva a una fatiga mental que necesita ser tratada por psicólogos o psiquiatras para que los profesionales puedan descargar los conflictos internos generados. En el caso de los médicos del Schestakow, este servicio no es suficiente.
“San Rafael es chico y a veces el que muere es un conocido”, lamentó el jefe de área.
Sin embargo, quienes integran el servicio de terapia intensiva se refugian en la camaradería para solventar cualquier crisis.
La falta de insumos es otra de las dificultades que deben enfrentar. Si bien la sala donde trabajan está bien equipada, faltan insumos básicos como antibióticos y jabones bactericidas. En lo estructural, se destaca la falta de una sala de aislamiento.
Por otro lado, es necesario hacer énfasis en que el problema mayor es la escasez de recursos humanos, y tener en cuenta los problemas que esto acarrea para los profesionales y los pacientes.
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