Faifer pidió a sacerdotes llegar con testimonio y predicación a las periferias de la comunidad

Faifer pidió a sacerdotes llegar con testimonio y predicación a las periferias de la comunidad
En la Catedral colmada, anoche, habló sobre las características de los buenos presbíteros, quienes, dijo, deben ser “servidores apasionados”. Dijo que la gente agradece cuando “siente que rezamos con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas”.
En una Catedral colmada de fieles el Obispo de Goya celebró anoche la Misa Crismal, dando así inicio a los momentos culminantes de la Semana Santa católica. Monseñor Ricardo Faifer, junto a todos los presbíteros de la diócesis, realizaron la renovación de sus promesas sacerdotales, para ellos pidió acompañamiento “con el afecto y la oración”.

Llamó a los pastores a ser servidores apasionados y les recordó que la gente “agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana”.

Antes de la eucaristía, los sacerdotes compartieron en intimidad un momento de oración. Se reunieron en el Instituto “Santa Teresa de Jesús”, de la comunidad de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, junto al Obispo, y escucharon una reflexión del decano del Decanato Paraná, padre Alberto Altamirano, párroco del Santuario de Santa Lucía.

Durante la celebración eucarísticas, fueron presentados de los nuevos curas de otras Diócesis que llegaron a la de Goya, entre ellos, el padre Jorge Daniel Danuzo, actual párroco de Fátima, en Villa Córdoba, el padre Juan Carlos López, de San Ramón, en Mercedes; y el padre Renato Pérez, de Nuestra Señora del Carmen, de Sauce. Además, fueron presentadas tres Hermanas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, que se han instalado en la parroquia San Pedro de Perugorría.

Uno de los momentos fuertes de la celebración Crismal, además de la bendición de los santos óleos que luego se utilizan en la administración de los Sacramentos, fue el de la renovación de las promesas sacerdotales. Monseñor Faifer se refirió a la importancia de la unción sagrada que reciben los presbíteros, de compromiso con Dios y la comunidad, y del resguardo espiritual que el Señor les concede. Pero también, pidió a los fieles acompañar a sus pastores, y a los presbíteros ser “servidores apasionados”.

Expresó que la celebración reunía a todos los que creen en Cristo y que mediante la Palabra de Dios y los Sacramentos, “han renacido en Cristo y constituyen el Pueblo Santo de Dios”, y agregó, “la condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios”.

Sobre el sacramento del Orden Sagrado en sus tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado, el Obispo mencionó que “se trata de un servicio como el de Cristo, con un amor fiel y apasionado por la Iglesia”.

Hizo mención a que “la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. Esta unción surge de un amor que elige, de un amor que ungiéndolos los consagra, de un amor que envía, de tal modo que el ser del ungido es ‘ser para’”.

Dijo Faifer que “este ‘ser para’ del ungido es expresado bellamente en una imagen del Salmo 133: ‘Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento (v. 2)’. La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras”, hasta los últimos rincones, hasta “las periferias geográficas y existenciales”.

Aseguró el Obispo que “nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, ‘las periferias’ donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas”.

A los fieles, Faifer pidió “acompañen a sus sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios, como el cura Brochero”. Y a los sacerdotes, pedir a Dios que “el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las periferias, allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora”.

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