Hay que extirpar el síndrome de la autodestrucción

Pasaron muchas cosas que no deberían pasar. No porque en este terreno de la vida pública no sea normal que ocurran encontronazos, porque nos alarmen los chisporroteos parlamentarios....
Pasaron muchas cosas que no deberían pasar. No porque en este terreno de la vida pública no sea normal que ocurran encontronazos, porque nos alarmen los chisporroteos parlamentarios, o nos sorprendan expresiones violentas a la vuelta de la esquina. Es porque ya hay cosas que no se pueden disfrazar detrás de la frase "son los ruidos de la democracia", o "son cosas que pasan en todos lados". Aquí y ahora comienza a preocupar seriamente a los jujeños que no están urgidos por la inmediatez obnubilante, que por indolencia, indiferencia o impotencia, estamos perdiendo la calidad y la fuerza de las instituciones de manera alarmante y lo que es peor, nos acostumbramos a ello. Se advierten en el cuerpo social tumores que llevan en su interior el síndrome de la autodestrucción, que lenta pero sostenidamente, carcomen las bases de la autoridad, la seguridad, y la sensatez.

Elecciones, para qué?

La maldita costumbre de los cortes de ruta -en este caso la nacional 9- alcanzó su máxima expresión en Humahuaca. Un puñado -un puñado!- de manifestantes pretendió alzarse con la cabeza del Intendente y de todo el Concejo Deliberante. La inacción de los Fiscales Federales dejó al descubierto el "no te metás" en su máxima expresión. Por un pelo, no ocurrió lo de otras veces: que quienes pierden en las urnas sepultados por el peso de los votos, logran con una pueblada destruir un sistema y una estructura democrática mofándose de la voluntad popular. Los errores de una gestión se corrigen en nuevos comicios, ("con mas democracia", dicen) excepto en la mentalidad retorcida de los aprendices de líderes cuya máxima estatura intelectual es el prepo y la violencia. Pero el tumor de la autodestrucción en Humahuaca, sigue intacto. Esta semana, una fuerte presencia de la Administración Barrionuevo, autoridades provinciales y legisladores, planea aterrizar en la ciudad histórica para tratar de extirparlo, aunque más no sea de encapsularlo hasta que en las próximas elecciones muestre legalmente y uno a uno los votos de su poderío. Los cuerpos legislativos no se salvan de las metástasis. El Concejo Deliberante de la Capital no lograr zafar de la presión que las agrupaciones sociales. No pueden decidir absolutamente nada importante que no tenga la venia de quienes se sienten dueños de los destinos de la ciudad. "¿A quién le han consultado ustedes para hacer tal o cual cosa?" se escucha preguntar en las turbulentas reuniones a dirigentes populares que se saltean el examen de las urnas y gobiernan desde el apriete. Cuadros tarifarios, boleto electrónico, decisiones de la vida cotidiana, etc. deben pasar por el cedazo de grupos que, ignorando la autoridad del que ganó elecciones, tuercen las plataformas electorales, las promesas de campaña y hasta lo que queda de las ideologías partidarias.

Comisiones, para qué?

No es menor el problema en la Legislatura, aunque aquí aparecen otros ingredientes: a veces son los mismos legisladores los que alimentan los tumores que destruyen esa calidad institucional. El diputado Miguel Morales se hizo notar en la última sesión, al plantear airadas dudas acerca de a quién beneficia un proyecto de Ley de apoyo a la ganadería bovina. El tema es lo de menos. Lo de más, fue que invocando su derecho a saber de qué se trata, menoscabó los trabajos de comisión, y las decisiones de la comisión de labor parlamentaria, y salteó su posibilidad de haber planteado sus quejas en el seno del bloque. Aprovechó para manifestarse soldado incondicional de Eduardo Fellner, lo que no estaría nada mal sino fuera que agregó que al ex gobernador es al único que le reconoce calidades morales y políticas en la Provincia. El episodio en sí no pasaría de ser carne de tribuna, pero gritado en el recinto de las leyes, significó un golpe al pleno mismo que prefirió el silencio antes que enfrascarse en estériles diatribas. Siguiendo el temperamento del diputado, bien se podría suprimir el trabajo de comisiones internas, la existencia misma de Labor Parlamentaria y así, todo pasaría al recinto a suerte y verdad, en una torpe pulseada de lealtades. No fueron ruidos de una interna los que se escucharon: eran crujidos de los cimientos de un Poder, precisamente al que más le cuesta ingresar en la consideración de la gente.

¿Juez vs. juez?

No fueron en zaga los cruces en el Poder Judicial. Un juez de Instrucción -Raúl Gutiérrez- dispuso la detención de dos delincuentes sorprendidos in fraganti robando ruedas de auxilio. Otro juez -Juan Carlos Nieves- los liberó en menos de cinco horas respondiendo a un pedido de Habeas Corpus presentado por el reconocido abogado Alberto Bellido. Desatado el escándalo, desde el Superior Tribunal de Justicia se instruyó al Fiscal General que labre actuaciones que permitan aclararlo. Y se removió y cambió de funciones a personal subalterno, pretendiendo con ello "descomprimir, para que las investigaciones sigan". Si personal subalterno de un Juzgado puede tomar decisiones sin que las autorice el Juez, es malo. Si el Juez ordenó las liberaciones sin conocer a fondo las actuaciones de su colega, es peor. Y si ese personal subalterno es sólo el hilo más delgado de toda la trama, ya todo adquiere contornos de película de terror. La poca seriedad de lo ocurrido, por llamarlo con elegancia, deja en todos los justiciables de la Provincia la amarga sensación de estar mirando una radiografía de otro Poder del Estado, donde los tumores aparecen enquistados y en lugares donde la cirugía es casi impracticable. El juez José Manuel del Campo comprometió la voluntad de todo el Superior Tribunal: "no importa cuánto duren las diligencias, pero estamos dispuestos a llegar hasta el final" dijo. En realidad el tiempo importa, porque la velocidad de la actualidad puede sepultar en el olvido rápidamente lo ocurrido. Y sólo un final transparente que no admita discusiones, podrá desempañar la imagen del principal poder del Estado, que felizmente tiene su sede en un edificio vetusto, pero antisísmico.

Golpe a la Justicia

Como la mancha venenosa, las malas noticias siguieron sobrevolando Jujuy. Esta vez, otro juez de Instrucción Penal, Francisco Javier Aróstegui, fue golpeado y cortado con un bisturí por tres elegantes sicarios aparentemente llegados desde Santiago del Estero. Dejaron un mensaje mafioso en la humanidad y el ánimo del juez, y una herida abierta en la sociedad toda. Aróstegui se caracterizó desde su llegada a la magistratura, por ser frontal y directo. Para alegría de la prensa -y por extensión de la gente- instaló el hábito de hablar con la prensa con agenda abierta y jamás le hizo asco a ninguna tema. Convencido de que la buena información es un blindaje para la ciudadanía, denunció, alertó, y hasta anduvo un paso adelante en muchos temas serios de la sociedad. Y nunca requirió de custodios para moverse en la ciudad. Rápidamente se vinculó el atentado en su contra con alguna de las causas "pesadas" que radican en su juzgado: aquella que se sustancia con una explosión que voló un estudio de abogados en barrio Gorriti, o con otra por robos de autos de alta gama. Las fuerzas de seguridad se movilizaron pero si como se sospecha, los agresores no son de Jujuy, será muy difícil seguirles el rastro. Hirieron a un juez, pero le dijeron al Poder Judicial todo que lo tienen en la mira. Llovieron adhesiones, solidaridades y compromisos desde todos los costados de la sociedad, nuestra sociedad que sabe que el largo brazo del cáncer de la violencia que azota al país y al mundo, tiene aquí sus garras hundidas hasta los huesos y sólo la reacción del conjunto de todos los sectores podrá hilvanar una defensa seria. Quizá es tiempo que los jefes de los tres poderes constitucionales y sus colaboradores más lúcidos, piensen en conformar un "think tank" que revise el modelo de Provincia, y diseñe conjunto de ideas imaginando un futuro lejos de los peligros de la violencia y la mediocridad que hoy nos acechan. Hubo muchas buenas noticias en estos días. Pero, para tratar de salir del lugar común de que "avión que llega no es noticia, sino el que se cae", estas líneas conllevan el ánimo de una humilde exhortación a la grandeza. A deponer actitudes de segundo orden en procura de mejorar la calidad institucional de la Provincia y encontrarle un destino con un lugar para todos. No es fácil, pero no es imposible. Dijo José Ingenieros: "El hombre mediocre que se aventura en el campo de batalla social tiene apetitos urgentes: el éxito. No sospecha que existe otra cosa: la gloria (ambicionada solamente por los caracteres superiores). Aquel es un triunfo efímero, al contado. Ésta es definitiva, inmarcesible en los siglos. Aquella se mendiga. Ésta se conquista". Hay madera de sobra en Jujuy para alcanzar esta meta. Y ahora es cuando tenemos que encontrar la voluntad de conquistarla.

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