Explosivas revelaciones derivadas de la causa judicial contra Saladino

Ayer en la mañana el abogado del juez Saladino hizo su presentación ante la Secretaría de Enjuiciamiento. Y ubica la apertura de la causa en su contra por presunto cohecho como una cortina de humo para tapar otra realidad. En ese sentido plantea la presunta existencia de una organización criminal ligada al narcotráfico y a la venta de autopartes. Y que el abogado asesinado Marcos Alonso habría roto códigos.
La presentación hecha ayer ante la Secretaría de Enjuiciamiento de la Comisión Bicameral por el abogado César Sivo, defensor del juez de Garantías, Antonio Saladino, tiene todos los condimentos necesarios como para terminar transformándose en un escándalo de dimensiones. Si bien su claro objetivo es el de lograr la "inadmisibilidad de la acusación" contra el magistrado y que "no se proceda a la suspensión", aparecen a lo largo de 146 carillas infinitos elementos que conducen una y otra vez al crimen de Marcos Alonso. Y fundamentalmente, a un mundo oscuro, invisibilizado muchas veces, en el que jugaría un rol preponderante una organización criminal ligada a la venta de drogas e incluso de autopartes. ¿Por qué? Simple: por considerar que la causa del magistrado fue una mera "bomba de humo".

Es más que claro que la meta de Sivo es la de deslindar todo tipo de responsabilidades y transparentar la figura de Saladino salpicada por sospechas y acusaciones de enorme gravedad. Pero de ese vasto trabajo defensivo -sea cual fuere el perfil real del funcionario- se desprenden realidades insoslayables. Vínculos poco claros, declaraciones testimoniales encontradas y también la transcripción de entrecruces telefónicos.

Pero también hay pasajes reproducidos que simplemente se desprenden de la causa por el asesinato que -en palabras del juez de Garantías Carlos Villamarín- apuntan a motivaciones de ese tenor. "Bien puedo entender que los motivos pudieron ser dinero no devuelto y/o promesas incumplidas y/o traiciones en negocios comerciales relativos a la comercialización de estupefacientes", advierte.

El túnel del tiempo

Hay que meterse de lleno en el túnel de la historia de los últimos meses para recordar cómo arrancó todo. Qué es lo que ocurrió en noviembre de 2009 en la puerta de un pub del microcentro y qué pasó dos meses más tarde. Hay mucho por reconstruir y por recordar, aunque no siempre el camino de la memoria sea el elegido y el más utilizado. Después de todo, no a todos conviene.

Lisa y llanamente, el punto que terminaría desencadenando una causa por presunto cohecho contra Saladino tiene su raíz en el 14 de noviembre de un año atrás cuando un conocido hombre de la noche olavarriense, Fabricio Armendano, recibió once disparos en su cuerpo. Por ese ataque fue condenado recientemente -en un fallo por cierto polémico- Walter "Narigón" Gallastegui.

Cuando en la edición del 31 de enero de EL POPULAR apareció la primera mención a un supuesto pago hecho por Marcos Alonso a Saladino (para favorecer a Gallastegui en la causa), se abrió una variable para el asesinato hasta entonces impensada. Custodia para el juez, para la pareja del penalista y una nueva causa que quemaba las manos a quien la rozase. El gesto horrorizado de la sociedad tuvo un origen más que obvio: qué puede generar mayor desprotección a la ciudadanía que la denuncia contra un juez.

"Códigos"

El rol de Sivo es el de ir echando por tierra cada una de las variables sostenidas durante estos meses que terminaron forjando sospechas en torno a su defendido. Y vuelca una hipótesis que reiterará a lo largo de todo el escrito. Habla directamente de cortinas de humo levantadas con la presunta intención de desviar los ojos de la sociedad y de la Justicia hacia otro lado. Esa es la tesitura del abogado contratado por el juez. En modo textual se puede leer en la presentación que "si hay algo doloso que surge de todas las actuaciones glosadas a esta causa" sería la conducta que habrían asumido personas que habrían lanzado bombas de humo tendientes a desviar.

Y aún más. Sivo afirma en el escrito que Alonso habría sido ultimado "por haber contravenido `códigos` de los que nunca se deben romper en determinados ambientes".

Se analiza entonces que habría existido la decisión de hacer "una presentación lo suficientemente ruidosa como para que la atención se centre en una situación completamente alejada de la real y con un protagonista, con el suficiente peso y la suficiente autoridad como para ganarse todas las miradas. Es así que aparece en escena el Juez Antonio Saladino", caracteriza su abogado.

Negocios

Si como desarrolla Sivo el problema se habría suscitado por esos códigos presuntamente rotos la pregunta sería ¿quién / quiénes están detrás de ese universo? E inclusive -advierte la contestación de la defensa- se refuerza la tesitura de que (dice el escrito) "uno de los principales `desviadores` de la verdad aparentemente seguiría en el negocio ilegal", según surge de conversaciones telefónicas desgrabadas.

Uno de los aspectos resaltados a lo largo de los últimos meses tiene que ver con la caracterización de "preocupado y asustado en días previos al suceso que termina con su vida" para luego descartarla de plano. Según la presentación habría notorias evidencias "de lo contrario": "Es dable resaltar qué tan poco preocupado estaba, qué tan inconsciente era de la existencia de algún peligro, que la cita con sus homicidas la celebró mediante una broma con las últimas personas (fuera de los asesinos) que lo vieran con vida. Si se quiere, hasta se puede sumar la comunicación carente de angustia que mantuviera con su compañera en la que ella nada raro advirtió más allá del silencio de fondo; estando él en manos de sus captores y, probablemente, ya herido".

"Histeria judicial"

Ahora la pelota está del lado de los acusadores. Porque tras la presentación hecha por Sivo los conjueces encargados de definir la situación de Antonio Saladino deberán sentarse a leer cada una de las presentaciones en una convocatoria que seguramente tendrá lugar en febrero. Y que demandará de valentías que se deberán demostrar en profundidad.

Páginas y más páginas que no sólo apuntan dardos contra personajes de mundos oscuros. También aparecen interrogantes que tienen relación con el testimonio de actores "de la vida judicial". A las claras, Sivo afirma que funcionarios del fuero local "son los que deponen marcando sólo una importante cantidad de subjetividades llenas de inconsistencias" y define que "son verdaderos dechados de una suerte de `histeria judicial` en la que analizan todo partiendo del falso dato de que lo sostenido respecto a ese presunto acuerdo venal es un hecho real, probado e indiscutible". Y Sivo pregunta: si conocían la existencia de presuntas irregularidades que habría cometido el juez de Garantías ¿por qué no las denunciaron?

Para el defensor de Saladino, unos y otros pusieron "preocupantemente" el acento en tratar de "mostrar algo aunque las pruebas digan lo contrario". Y acusa sin miramientos que se predefinió de entrada "el objeto a probar, se lo ha dado caprichosa y simplistamente por cierto para luego procurar encajar las piezas procesales, aunque no combinen ni coadyuven al sostenimiento de ese pretendido resultado".

La guerra legal estaría desatada. Hay que sentarse a esperar.

Correos

A lo largo de las 146 carillas de la presentación, la defensa de Antonio Saladino advierte en modo constante que el basamento más contundente que dio lugar a la causa en su contra es el testimonio de la pareja de Marcos Alonso que -a ojos de Sivo- carecería de solidez. Y que -avanza- se contradeciría notoriamente con otros testimonios ligados al entorno.

Uno de los argumentos de peso contra el magistrado -de licencia obligatoria desde la apertura de la causa- nace del intercambio de mails que versan sobre la causa contra Walter Gallastegui.

En la presentación, Sivo plantea que "de los mails obtenidos, sólo se puede colegir un trato cordial y ameno entre Saladino y Alonso. No surge, ni preocupación, ni miedo, ni enojo. No aparecen reclamos por supuestos incumplimientos de pactos ilegales, ni referencias a problemas suscitados por el sentido de tal o cual resolución".

Y advierte que "es muy relevante con el fin de terminar de desmitificar el contenido de esta causa, ver los correos electrónicos que fueron ignorados por la Procuración de la Suprema Corte y utilizados como prueba cargosa por la Comisión Bicameral, ya que de los mismos, lejos de poder extraerse prueba cargosa, se desprenden serios y graves contraindicios que consolidan la posición de esta parte".

En ese mismo sentido -exaltando la transparencia de su defendido- Sivo remarca una y otra vez que los correos partieron de la máquina del juzgado y no de la suya personal.

"Trabajen mulos"

Marcos Alonso fue hallado dentro de su Peugeot 307 en la madrugada del 26 de enero de 2010. Estaba estacionado sobre Chiclana, casi Del Valle. Había sido asesinado horas antes. Acababa de ser padre.

Por su crimen hay dos imputados: Juan Ramón Ibáñez y Roberto Eliseo Castilla Rocha. Esta semana habrá una audiencia preliminar en la que, entre otras cuestiones, se definirían posibles fechas para las audiencias de un juicio que se hará en 2011 en el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Azul.

Ibáñez está detenido en la Unidad Penal 38 de Sierra Chica y tiene como defensor a Samuel Bendersky. Castilla, en tanto, alojado en la Unidad 30 de General Alvear, es asistido por Marcelo Sobrino y Adriana Hernández.

Los últimos -por fuera de sus asesinos- en ver a Alonso con vida fueron policías de la Subdelegación Departamental de Investigaciones de Olavarría (DDI) entre las 11 y 11.30 del 25 de enero de 2010. De allí se fue -según consta en la causa- despidiéndose con un "trabajen mulos, yo me voy a una quinta".

El primer disparo recibido por Alonso fue en el antebrazo derecho y por el hematoma "circunsferencial" habría habido un plazo prudencial de sobrevida de la víctima. Ese disparo le fue hecho dentro del auto. Creen que de la quinta aludida, habría salido junto a Ibáñez y Castilla. Que no estaba amordazado pero sí reducido.

Hubo una serie de comunicaciones telefónicas. Unos últimos pasos. Un dinero recogido del estudio que había sido llevado hasta allí por el suegro de Alonso y a pedido de la víctima del crimen.

De allí hasta su muerte hubo muy poco. Los proyectiles que le dispararon habrían sido seis y todos en zonas vitales.

La que acaba de ser elevada a juicio recientemente por la fiscal Susana Alonso no es la única causa nacida de ese homicidio. Hay otras. Entre ellas, la causa contra el juez de Garantías Antonio Saladino.

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