Expectivas de inflación

Por: Emilio J. Cárdenas.

En los últimos días, la inflación parece haberse instalado como preocupación central en los mercados financieros. La semana pasada, las cifras confirmaron que ese es ya un problema generalizado que pareciera afectar también a los principales mercados emergentes.

Las cifras de China confirman que -en una economía que, a la manera de un tren bala, crece al 9,7% anual- los precios al consumidor están creciendo al 5,4% anual, esto es a la tasa más alta desde 2008. Las de la India, a su vez, sugieren una inflación preocupante, del 9% anual. En ambos casos, las autoridades nacionales parecen decididas a enfrentar decididamente la situación con una panoplia de medidas monetarias y fiscales, lo que puede tener impacto sobre la demanda global, desacelerando el crecimiento.

Por lo pronto, desde octubre pasado las autoridades monetarias chinas aumentaron cuatro veces las tasas de interés y acaban de aumentar -una vez más- los llamados encajes, esto es los requisitos de reserva bancarios que ahora son del 20,5% del efectivo depositado. Todo para moderar el recalentamiento. Lo que sucede ha llevado además a las autoridades económicas chinas, por boca del premier Wen Jiabao, a admitir públicamente -por primera vez- que están prontas para permitir que el renminbi finalmente se aprecie, porque ello ayudaría a combatir la inflación. En China, los precios de los alimentos aumentaron, en un año, el 11,7%, lo que viene siendo una tendencia persistente, que no parece estar cerca de revertirse compensada con aumentos salariales significativos.

En nuestra región hay en esto, en rigor, un poco de todo. Desde el altísimo 28,5% de inflación anual venezolana, que no es demasiado distinto al caso argentino si se usan cifras no-oficiales, al ponderable 2,7% anual de la economía chilena o el 2,08% anual peruano. También están el 6,5% anual brasileño, el 7,5% anual oriental y el 4,5% anual mexicano. No obstante, vemos a una región que, en general, parece haber dejado atrás los fantasmas del desorden monetario propios de su pasado, lo que es para celebrar.

A su vez, en Europa, el Banco Central Europeo acaba de anunciar también una suba de tasas de interés como respuesta a una tasa de inflación europea que ya es del 2,7% anual, la más alta desde marzo de 2008.

En Irlanda, sin embargo, ella es del 1,2% anual, pero en la atribulada Grecia es del 4,3% anual y en Portugal del 3,9% anual. Bien por encima, entonces, del techo del 2% anual, transpuesto el cual el Banco Central Europeo entra en zona de preocupación. Alemania, por su parte, está en 2,3% anual y Francia en un 2,2% anual.

Como ocurre casi en todas partes, las presiones inflacionarias europeas también tienen las dos grandes causas apuntadas: la suba de los precios de los combustibles y la de los precios de los alimentos. Pero en Europa se advierte una suerte de derrame de esa presión inflacionaria hacia otros bienes; por ejemplo, los precios de la indumentaria han crecido un 15% desde febrero pasado. A ello hay que agregar que el aumento de las tasas del IVA, necesario para reducir los pasivos fiscales en algunas de las economías del sur del Viejo Continente también presiona a los precios en dirección al alza. El temor es que, como suele suceder, ante la presión de esas tasas de inflación sobre los bolsillos de la gente, aparezcan las naturales presiones para aumentar los salarios, lo que impulsaría la espiral de la inflación hacia niveles de mayor preocupación aún.

En los Estados Unidos, por su parte, los precios al consumidor acaban de subir un escalón. Quizás no demasiado visible. Pero significativo. En marzo pasado aumentaron un 0,5%. En los últimos doce meses, esos precios aumentaron un 2,7%. Si excluimos de la medición a los precios de los combustibles y de los alimentos, la tasa anual de inflación norteamericana (la de la denominada "core inflation") sería de sólo el 1,2% anual. Ocurre que en marzo pasado, los precios de los combustibles aumentaron en los Estados Unidos un 5,6%, que se adiciona al 4,7% que ya habían aumentado en febrero.

Por todo esto, la sensación es que, al menos por el momento, no habrá suba de tasas de interés en los Estados Unidos; pero que, en cambio, la política monetaria puede, de pronto, dejar de ser todo lo complaciente que es hoy, luego de que sean utilizados los 600 billones de dólares destinados a comprar papeles de la deuda pública.

Muchos apuestan a que, en los Estados Unidos, los precios de los combustibles caerán en el segundo semestre; pero si eso no ocurriera, la demorada suba de las tasas de interés norteamericanas podría acercarse. Mientras tanto, algunas señales, como la medición de expectativas que hace la Universidad de Michigan, confirman que los operadores creen que la tasa de inflación se ubicará en el 3,2% anual, evidenciando que las expectativas comienzan a cambiar. También allí un primer perfil de inflación parecería estarse asomando.

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