• Londres - ¿Usará Kate Middleton tiara?, ¿quién habrá diseñado el vestido?, ¿Guillermo vestirá uniforme?, ¿se darán un beso al salir del templo?... Éstas y miles de preguntas sobrevuelan, increíblemente, a los curiosos que han invadido Londres para la boda de hoy, la más mediática de la última década.
La multitud en el Mall, una amplia avenida bordeada de árboles que une la Plaza de Trafalgar con el Palacio de Buckingham, pareció enloquecer cuando anoche llegó inesperadamente el príncipe Guillermo, que repartió apretones de mano, sonrisas y saludos.
En las cercanías del lujoso hotel Goring, donde Kate pasará las últimas horas como soltera con su familia, se agolpaban ayer también decenas de reporteros, muchos de ellos dispuestos a quedarse allí hasta la salida de la futura prince-sa, hoy poco antes de las 11 hora local (7 en la Argentina). Pese a que se ha levantado un muro, los reporteros esperan vislumbrar el vestido de novia, el secreto mejor guardado de esta boda, que según las apuestas ha sido diseñado por Sarah Burton, la sucesora del fallecido Alexander Mc-Queen.
Según la oficina de turismo británica, unas 600.000 personas llegaron a la capital para la boda real, que será cubierta por unos 8.000 periodistas y seguida por unos 2.000 millones de personas en el ciberespacio.
El ambiente en los alrededores del hermoso templo construido hace diez siglos tiene aires de carnaval, con banderas británicas y globos rojos y blancos que ponen un toque festivo y reporteros del mundo entero. La colorida y bulliciosa muchedumbre lanzó aplausos y gritos cuando vio llegar a la Abadía un convoy de vehículos negros en los que viajaban Kate y el príncipe Enrique, el hermano menor de Guillermo de Inglaterra. La novia, acompañada de su hermana Pippa, madrina de la boda, los pajes y las damitas de honor, entraron a la Abadía para el último ensayo antes de la ceremonia. Además, el ambiente se alegró con música y las trompetas de la banda de la Royal Air Force, que va a tocar en la boda, y que llegó también a la Abadía para un último ensayo.
Hay también decenas de personas del mundo entero, desde México hasta Australia, cerca del Palacio de Buckingham, que se preparan para dormir en los alrededores. «Desde que se anunció el compromiso, en noviembre, soñé con venir...», dijo Lorena Sánchez Aguirre, una joven venezolana que se «identifica» con la decisión de Kate Middleton de no prometer «obediencia» a su esposo. «Es una novia moderna y eso me gusta», recalcó.
En Londres se escuchan todos los idiomas, con presentadores de canales de televisión del mundo entero que transmitían ayer desde los alrededores de la Abadía de Westminster, el hotel Goring y el palacio real, para cubrir la boda que se estima será vista por unos 2.000 millones de personas en 180 países.
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