La mujer más rica del país contrajo matrimonio con un plebeyo 25 años más joven que ella
MADRID.- Apenas dejó la capilla de su palacio andaluz de Dueñas, Cayetana Fitz-James Stuart bailó descalza con todas las fuerzas que le permitieron sus ilustres 85 años. A la duquesa que nunca en su vida le importó lo que dijeran los demás tampoco le molestó que en ese momento se le vieran los apósitos en los pies... o que los dedos de sus manos ya no le respondieran del todo al emular en su danza el sonido de las castañuelas.
Mientras muy cerca de ella se sacudían las guitarras del conjunto de música sevillana, la mujer con más títulos nobiliarios del mundo entero sólo tenía tiempo y atención para mostrarles a millones de televidentes de su país que acababa de darse su último gran gusto.
Así, entre arabescos y con el telón de fondo de una multitud frenética, la duquesa de Alba estrenó ayer su matrimonio con el empleado público Alfonso Díez Carabantes, un plebeyo de 60 años cuyo único título conocido es el de ser "el hombre más afortunado de España" por poder casarse con ella. Pero la emoción que la novia, de pomposo vestido salmón, no quiso ocultar era, también, una alegría contenida. A pesar de que siempre se caracterizó por manejar su universo a su antojo, en esta ocasión la duquesa debió pelear "dos largos años" con la corona española y con su propia familia para poder casarse por tercera vez.
Los reyes Juan Carlos I y Sofía se reunieron con ella en más de una oportunidad para pedirle que lo pensara bien, en especial por la imagen que podría dar una dama de su linaje al casarse a esa edad, en lo que podría parecer un capricho. Y su familia, celosa guardiana de la fortuna de 3000 millones de euros que repartirá en herencia entre sus seis hijos, porque temía que su futuro esposo reclamara alguna de sus decenas de suntuosas propiedades diseminadas en todo el territorio español. Sin embargo, la conocida persistencia de Cayetana en conseguir hacer siempre, como ella misma dijo, "lo que me viene en gana", terminó por sortear todos -o casi todos- los obstáculos.
Con el rey bastaron algunas llamadas para acercar posiciones, hasta que el martes pasado el propio monarca le dio todo su respaldo con un fuerte abrazo. "Ese fue el regalo más lindo que recibí para mi boda", confesó la duquesa a la prensa, ante la que también ensayó una explicación para quienes aquí ven como escándalo que una mujer de su edad y contexto social haya decidido casarse. "Yo fui al altar porque soy católica y ejerzo. Si no creyera en el matrimonio, no hubiese decidido hacerlo", afirmó.
En el frente familiar de su lucha, la situación no resultó tan sencilla. Más allá de que sus seis hijos acordaron, ante un escribano público, que el flamante marido de Cayetana perdiera el derecho a heredar cualquiera de las casas, campos y palacios de su esposa, los cortocircuitos continuaron.
Y estas diferencias se deben, en parte, a que Díez Carabantes podría acceder aún a una millonaria suma de dinero de la duquesa, que no formó parte de aquel acuerdo. Pero, también, a la incontinencia verbal que siempre caracterizó a la duquesa, hoy por hoy uno de los personajes que mayor rating conceden a cualquiera de los programas de chismes.
Ocurrencia
La última ocurrencia de la duquesa, de tildar a una de sus nueras de "mala y envidiosa" por no estar conforme con la herencia recibida, derivó en la ausencia de Jacobo, esposo de la acusada y tercer hijo de Cayetana, en la boda.
Además, Eugenia Martínez de Irujo, la hija menor de la duquesa, tampoco acudió al palacio de Dueñas, aunque por motivos muy diferentes. A último momento, debió ser internada en Madrid por padecer varicela.
No obstante, los medios españoles prefirieron, en su intensa e ininterrumpida cobertura, restar importancia a la ausencia de Jacobo y al hecho de que la lista de invitados fue de sólo 30 personas, y que no fueron incluidos ni siquiera los propios nietos de Cayetana.
La colorida transmisión, a la que no pudo resistirse ningún canal de televisión, incluyó numerosos móviles en vivo en todos los puntos de Sevilla por los que pasó la duquesa tras "dar el tercer sí" de su vida.
En cambio, todos se desvivieron por obtener imágenes o declaraciones de Carlos, hijo de Cayetana, duque de Huéscar y heredero de la Casa de Alba, que llevó a su madre por segunda vez al altar, luego de que lo hizo en 1978 con Jesús Aguirre, que murió en 2001. Pero la misión no fue sencilla: al igual que a sus hermanos Alfonso, Fernando y Cayetano, a Carlos no le gusta la exposición mediática y tampoco la idea de que su madre haya vuelto a casarse.
"No estamos de acuerdo, pero estaremos con ella", dijo, días antes de la boda que hizo bailar de felicidad a su madre, pero, al mismo tiempo, también temblar de miedo a una de las familias más ricas de Europa..
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