A tal deducción permitieron llegar las diferentes muestras recopiladas a principios de este año en el pelotero donde fue hallada la víctima, que tenía 43 años y trabajaba desde hacía varios meses en ese comercio.
A tal deducción permitieron llegar las diferentes muestras de ADN recopiladas a principios de este año en el pelotero donde fue hallada la víctima, que tenía 43 años y trabajaba desde hacía varios meses en ese comercio.
El dato surgió desde las entrañas mismas de la investigación y no significa una conclusión menor en el contexto de la carencia de elementos probatorios sólidos que signó al caso en los casi ocho meses de averiguaciones.
No obstante, tanto el entorno del fiscal que lleva adelante la causa, Ángel Quidiello, como en el de la familia Colo, sugirieron ser cautelosos y no embanderarse con grandes expectativas hasta que no se reúnan elementos más contundentes.
¿Cuáles? Huellas cuyo perfil genético sea compatible con los restos que permitieron descubrir que el día del homicidio, Sandra estuvo y tomó contacto con dos personas de sexo masculino. Es decir, habrá que localizar a los individuos que poseen la misma configuración genética que la del análisis que trajo la buena nueva.
¿Dos verdugos?
Para eliminar de antemano presunciones aceleradas, fuentes de la pesquisa afirmaron que el material que los hizo arribar a la teoría de “los dos verdugos” no corresponde ni a Juan Colo ni a los cinco sujetos (entre ellos, tres hombres) que fueron sometidos a pericias de sangre y saliva.
“Sabido es que todos contamos con un patrón genético que, del mismo modo que despeja todo tipo de dudas en cuanto a la paternidad, constituye una marca que es característica de cada ser y que en este tipo de hechos policiales son clave. Incluso, a los fines probatorios tienen una fuerza mayor que la de las huellas digitales”, le dijo a este diario un hombre con acceso directo al expediente.
Los rastros que habrían puesto en evidencia el paso de los hasta ahora dos misteriosos desconocidos por el interior de la casa de entretenimientos fueron recogidos en una mancha de sangre y, aparentemente, debajo de una de las uñas de la mujer asesinada.
“De ahí sacaron el ADN completo de quienes serían los autores”, confió otra fuente tribunalicia. “O sea, podría presumirse que intervinieron dos personas y que eran hombres”, agregó.
Esperan más resultados
Mientras tanto, los estudios enviados a un laboratorio del partido de San Martín, en el Gran Buenos Aires, aún no fueron remitidos a Junín con sus respectivos estudios.
Lo enviado a ese centro de análisis es el contenido de las huellas obtenidas en los allanamientos concretados a fines de enero de este año, como complemento de las que se habían recogido en las primeras horas posteriores al crimen.
En su última declaración ante Democracia, el fiscal Ángel Quidiello dijo precisamente que aún está esperando el resultado de pericias genéticas mitocondriales que pueden aportar luz a una causa que por ahora se mantiene sin ningún avance considerable.
Es que en un primer momento, las huellas levantadas en la escena del crimen no fueron tomadas correctamente o, al menos, el muestreo no resultó satisfactorio, por lo que el funcionario del Ministerio Público ordenó llevar a cabo las diligencias nuevamente y enviarlas a un instituto forense en el partido bonaerense de San Martín. Si bien es cierto que la escena del crimen fue contaminada por la presencia del padre, Juan Colo, en el lugar del hecho –fue él quien encontró a su hija asesinada, y quien intentó reanimarla-, lo cual torna aún más dificultoso el panorama, no es menos cierto que hasta el momento los investigadores no han llegado siquiera a una imputación que permita orientar la pesquisa.
Así, ni el cruce de llamadas telefónicas, ni la vía tecnológica, ni las declaraciones testimoniales, lograron aportar, hasta el momento, algo de luz a la causa.
Por eso, la familia Colo y la sociedad juninense en su conjunto, reclaman justicia.
El padre de Sandra, en una entrevista exclusiva concedida a este diario hace un mes, expresó que “en este tiempo no ha pasado un día en que no nos preguntemos quién lo hizo, por qué lo hizo, y mientras tanto no tenemos otra que seguir adelante por los hijos. No creo en este momento poder encontrar las palabras para describirte las cosas que se me cruzan por la cabeza para entender por qué lo hicieron, y por qué a nosotros otra vez, después de trece años. Eso nos da fuerzas para seguir adelante y saber lo que pasó, pero tampoco entendemos la razón que nos ha hecho llegar hasta aquí. La gente me para y me pregunta: ‘¿Juan, cómo hacés?’. Y a veces yo también me pongo a pensar cómo hacemos. Nuestra pregunta más grande es por qué a nosotros, por qué a ella, el porqué, el porqué y diez mil porqués por día”.
“No tenemos nada que nos lleve a una conclusión. Ella se fue a trabajar risueña y después pasó lo que pasó. Después nos propusimos saber las causas, yo creo que eso nos da la energía para seguir de pie. Después no sabemos lo que va a pasar”, agregó.
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