La batalla campa l de anteayer, con muertos incluidos, quizá quede en los anales de la historia revolucionaria bajo el nombre de 12-F (por 12 de febrero), como les gusta denominar a los chavistas las efemérides partidarias.
Iba a ser un triunfo estudiantil. Transcurridas cuatro horas de marcha pacífica desde la Plaza de Venezuela hasta la Fiscalía General, situada en las cercanías del Palacio de Miraflores, la sede del gobierno, la protesta de los estudiantes era un gran triunfo en la calle. Siete años después de batir al mismísimo Hugo Chávez en un referéndum constitucional con el que el comandante supremo buscaba reelegirse sin límite de tiempo e imponer un giro socialista, los universitarios volvían a ganarle una puja al chavismo.
Las concentraciones oficialistas, pese a la presencia de empleados públicos, lucieron más pequeñas y con poco entusiasmo. La irrupción de brigadas de choque chavistas, a plomo limpio, consiguió romper el efecto positivo alcanzado por el antichavismo durante la concentración.
Los ultras de Chávez. ¿Qué hacían los radicales de Chávez en la marcha opositora? Los paramilitares chavistas ("colectivos revolucionarios", según el diccionario de eufemismos bolivarianos) llevan 15 años maniobrando con absoluta impunidad en Venezuela, convertidos en uno de los brazos armados del gobierno.
Tanta es la impunidad que Juan Montoya, el dirigente muerto tras la marcha, fue acusado de participar en el atentado con bomba de 2008 contra Fedecámaras, la patronal empresarial, cuando se desempeñaba como agente de la policía de Caracas. Un currículum que no impidió que fuera elegido líder del Secretariado Revolucionario de Venezuela, que reúne a 107 grupos. En el mentidero político de Caracas se desconoce hasta qué punto el gobierno controla a sus radicales: por una parte, los necesita por su fidelidad a la revolución; por la otra, no son bien vistos por el sector militar.
Apagón informativo. "Medios públicos y privados silenciaron manifestaciones del 12-F", denunció el Sindicato Nacional de Trabajadores de Periódicos. Venezuela sufrió un blackout informativo que a muchos recordó al forzado durante el golpe de 2002. "Me siento profundamente avergonzado de la televisión de este país", se quejó Luis Chataing, el showman más popular.
Lo mismo piensan los cuatro periodistas de Globovisión que ayer decidieron tirar la toalla ante la censura de su canal, una ventana independiente hasta que debió ser vendido a allegados al gobierno. Y es que la tarde informativa de anteayer, entre recetas de cocina y micros deportivos, ya figura en el archivo audiovisual de lo que nunca debió ser. El diario más popular, Últimas Noticias, también provocó la bronca de sus periodistas con el titular de tapa: "Enfrentamos un golpe de Estado". "Los periodistas arriesgamos nuestra vida ayer para informarlos y le pusieron el titular de primera página a Maduro", escribió uno de ellos en la red social UNsinCensura.
Una oposición, dos estrategias. El 12-F no modificó las dos estrategias que dividen al sector radical y moderado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).
Mientras los más radicales, Leopoldo López, María Corina Machado y el alcalde Antonio Ledezma, insisten en luchar en la calle, Henrique Capriles también se mantiene inamovible en su estrategia de resistencia de largo aliento: "¿Vamos a atornillar otra vez a un gobierno débil como éste? ¿Cuál es la salida, la no salida? Para doblegar al poder tienes que ser más grande y esto no crecerá si planteamos salidas que no lleguen a nada", sostiene el ex candidato presidencial.
La MUD decretó tres días de luto por la muerte de los estudiantes e insistió en sus críticas a la violencia. "La oposición está dividida entre razón y corazón. Honestamente, en este punto no sé a cuál debemos seguir. Tristeza y desesperación", escribió la editora Andrea Felce en Twitter.


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