Desde pequeña debió enfrentar adversidades aún cuando el frío se apoderaba de sus pies. La fe en “Sanluisito” la fortaleció y realizando tareas domésticas para terceros logró criar a sus cinco hijos. Pero la vida le dio revancha y encontró a quien la acompañó por al menos 50 años: Antonio “Cambá” Acosta. Ahora, con una destacable lucidez y en guaraní, repasa algunos instantes.
“Tenga felicidad, tu vida, tu trabajo, tu familia”. Con estas palabras Estanislaa despide a quienes la visitan porque sabe que ser feliz es una bendición que no depende de lo que mucho o poco que se pueda poseer. Eso lo aprendió en el camino que comenzó a transitar hace cien años. Los obstáculos fueron muchos, más de una vez las lagrimas recorrieron sus mejillas pero estas no oscurecieron su vida sino que terminaron fortaleciendola.
Y ahora puede sacar del baúl de sus recuerdos aquellos momentos difíciles sin que la tristeza la invada. En guaraní rememoró su niñez -que tras la repentina partida de su madre- la vivió junto a su abuela Casimira Rodrí-guez y sus tíos, Tomás y Guillerma Blanco. Todos trabajaban en el campo para lo-grar el sustento diario y ella no era la excepción. Eran va-rias las tareas que debía efectuar y entre ellas estaba la de cuidar que los pájaros no se comieran nada de la plantación de maíz. El frío en sus pies descalzos quedó impregnada en su memoria.
Sus actividades en aquellos años estaban siempre vinculados a tareas hogareñas, no así sentarse en la es-cuela para aprender a leer y escribir. Es que el aula estaba alejada del lugar que vi-vía y no había nadie que contara con el tiempo necesario para trasladarla. Por seguridad, tampoco podía ir sola.
“Lo que sabe pronunciar en castellano es gracias al abuelo Antonio”, contó Mar-cela Aranda, quien es una de las 20 nietas de Estanislaa, la mujer que es mamá de Jua-na, Angel, Pabla, Máxima (Machi) y Vicente. “También ya tiene 10 tataranietos y uno está en camino”, aseguran en su hogar, donde desde el pasado lunes comenzaron las celebraciones. Cuando el reloj marcó el primer minuto del martes, día en el que se cumplieron 100 años del nacimiento de la abuela, una gran parte de su familia le cantó feliz cumpleaños y uno a uno fueron a darle un abrazo. Luego, a pedido de Esta-nislaa, varios bailaron para que la fiesta sea completa.
Horas después, hijos, nietos, tataranietos y demás parientes volvieron a reunirse para compartir el almuerzo en la galería de su casa en la que vive junto a una de sus hijas, Machi, y a Ramona que hace más de cinco años se ocupa de que la abuela es-té lo más cómoda posible.
Pero las celebraciones no terminaron, continuaron ayer cuando casi todos sus descendientes no tenían obli-gaciones que cumplir y podían estar junto a Estanislaa. Primero hubo una misa en la iglesia de San Luis, luego un almuerzo en en su hogar, ese que supo construir.
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