La relación de 8,5 alumnos por cada docente, medida en el año 2008, posiciona a Jujuy en el máximo nivel mundial, en este indicador de la calidad educativa. Los datos surgen de las estadísticas de la UNESCO y la información publicada por el Gobierno de la Provincia, a través del portal Info Jujuy, Sistema de Indicadores Sociales y Económicos sobre Niñez, Adolescencia y Familia de la Dirección Provincial de Planeamiento Estadísticas y Censo (DIPPEC).
En Jujuy, según el informe de la DIPPEC, durante en el año 2008 hubo 209.882 alumnos matriculados y una plantilla docente de 24.668, ambas cifras relacionadas a los establecimientos educativos estatales y subvencionados.
Estos números podrían indicar que la educación que reciben los niños y jóvenes jujeños debería ser de excelencia, pero los indicadores de calidad educativa, medidos por el rendimiento de los alumnos, son datos guardados bajo siete llaves por el Ministerio de Educación provincial, lo que impide realizar comparaciones en ese sentido.
Los datos obtenidos a través del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés) posicionan el nivel de conocimiento de los chicos argentinos en los últimos lugares, no sólo del mundo, sino también de Latinoamérica, lo que hace difícil pensar que Jujuy pueda escapar al resultado de esa evaluación.
Podemos “adivinar” que en Jujuy, el nivel de la enseñanza del nivel primario deja mucho que desear, si examinamos los bochazos generalizados que se producen en los exámenes de ingresos a primer año del nivel secundario en establecimientos educativos como el Colegio Nacional Teodoro Sánchez de Bustamante o la Escuela de Educación Técnica N°1, Escolástico Zegada.
El nivel medio no escapa a esta tendencia. Basta mirar los magros porcentajes de ingresos, obtenidos por los alumnos jujeños en la Universidad de Córdoba, para tomar conciencia de que algo no funciona, o funciona para atrás, en el sistema educativo provincial.
Las estadísticas también parecen confirmar la opinión generalizada de que existe una cantidad más que considerable de docentes fuera de las aulas, cumpliendo funciones administrativas en el área de Educación o directamente fuera de ella. A esto se suma el ausentismo prolongado de muchos educadores, debido a enfermedades características de la profesión.
La nómina del sector educativo representa, lejos, el grueso del dinero que el Estado destina al pago de salarios. Hubo algunos intentos de echar luz sobre este tema a través de pedidos de informes, pero fue la Comisión de Educación de la Legislatura, la que se encargó de frenar toda iniciativa al respecto.
Si bien la relación entre la cantidad de alumnos por cada docente, no es el único parámetro a tener en cuenta al realizar un análisis de la educación, su componente económico representa una base fundamental, que condiciona a todo el resto del sistema a la hora de planificar políticas educativas.
Echando mano al cotidiano mundo de los negocios, si la educación jujeña pudiera ser medida y cotizada en un mercado de valores, la relación costo beneficio de su compra, desalentaría a cualquier inversionista serio que estudie quedarse con ella
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