En 2013, el sistema expendedor de combustibles sumó 80 nuevos puntos de venta en todo el país, quebrando así la racha negativa de los últimos 8 años, un lapso en el cual cerraron más de 2.200 estaciones de servicio, algunas de ellas en la provincia de Formosa.
Sin embargo, el repunte del negocio (sobre todo por la mejor rentabilidad debido al fuerte aumento de los precios de los combustibles) aún resulta insuficiente para atender a los 11,8 millones de autos que están en uso, un déficit comprobable en las largas filas que se forman en cada surtidor.
El cambio de tendencia es una buena noticia, pero aún falta mucho para compensar casi una “década perdida”. En ese lapso se cerraron entre 150 y 200 estaciones por año.
El negocio de vender combustibles, según los expertos en el tema, depende de dos variables: volumen y precio. En el primer caso, las petroleras y refinadoras asignan un cupo determinado a cada estación, que no varía aunque suba la demanda. Y los precios estuvieron muy por debajo de la inflación, por lo menos hasta la estatización de YPF, en 2012. Los costos fijos, en cambio, subieron mucho, por eso se cerraron varias estaciones de servicio.
Nuevas estaciones
Al igual que en todo el país, en Formosa la tendencia desde 2004 a 2012, se pasó de 1.633 vehículos por estación a 3.056. Y esto sin computar el incremento del parque automotor registrado el año pasado, en el que se patentaron casi un millón de autos 0 km en todo el país, un récord.
La mayor demanda de combustible no implica necesariamente mayores ganancias para los dueños de los surtidores. Ya se dijo, las estaciones tienen cupos asignados. ¿Quiénes se beneficiaron? Las megaestaciones que están en las autopistas y los grandes operadores, aseguran los expertos.
En Formosa también se refleja este nuevo cuadro de situación alentador. Hace poco más de un mes, quedó inaugurada una estación de servicio de YPF en la intersección de las avenidas Gutnisky y Pantaleón Gómez, mientras que otra -sin identificación aún- está próxima a inaugurarse en la Avenida Néstor Kirchner muy cerca del Bº Nueva Formosa.
Un empresario con estaciones de servicio en la ciudad y el interior aseguró a este medio que “pese al aumento de los precios, el combustible no puede dejar de consumirse porque se paralizaría el sistema de transporte individual y general. Por eso es un buen año desde las ventas, aunque no tanto en los márgenes de ganancias”.
YPF, primera
en el mercado
De las 4.348 estaciones de servicio que hoy están en actividad en todo el país, 1.456 pertenecen o trabajan con YPF. Es decir que un tercio de las bocas (el 33,5%) son distribuidoras de la petrolera estatal. Las que son operadas por terceros perciben un porcentaje fijo de la facturación.
Por tal motivo, el precio de los combustibles define en gran medida la rentabilidad de la operación. Las otras fuentes de ingreso (autoservicio, engrase o gomería), no tienen tanta incidencia.
En cantidad de estaciones, detrás de YPF aparecen las de bandera blanca (23%), es decir, que no tienen contrato con ninguna petrolera. Detrás aparecen Shell (15,3%), Petrobras (11%), Esso (7%), y Oil (6,1%). En el sector dicen que operar con las petroleras o refinadoras les garantiza la provisión y cierta previsibilidad en el costo del combustible.
Hasta la estatización de YPF, el precio de la nafta súper, de acuerdo con un informe de la consultora abeceb, aumentaba muy por debajo de la inflación. En 2012, el litro pasó de $5,85 a los casi 12 pesos actuales. Es decir que, en los últimos dos años, se incrementó en un 60%. Lo que castiga a los consumidores es un alivio para los dueños de las estaciones de servicio.

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