Hace una semana panaderías locales compraron la bolsa de 50 kilogramos de harina a $250. Ahora pagan $320.
“Por las últimas bolsas que compramos llegamos a pagar $250. Ahora nos informan que subió a $320 y que incluso en la frontera se vende a $500. Las panaderías tenemos costos fijos altos, y eso es lo que nos está preocupando mucho”, contó Germán, propietario de la panadería Julito en el barrio El Periodista.
Los distintos propietarios de panaderías que hablaron con El Tribuno coincidieron en que les preocupa pensar en el posible despido de personal, ya que consideran que habrá una disminución en la demanda con la actualización de precios. Por cada dos bolsa de pan que por día producen, se requiere entre una y dos personas.
Otro propietario explicó que las subas de la harina son directamente proporcionales a las bajas que registran ante los incrementos. “Es automático. Sube el precio y la gente compra mucho menos, más cuando las subas son fuertes”, dijo Carlos.
Tendencia que se acentúa
No es la primera suba del pan en lo que va del año. A principio de 2013 la bolsa de 50 kilogramos de harina costaba $168. A mediados de año, subió hasta alcanzar los $210 y hasta hace poco días se ubicaba en los $250. Ahora, entre $320 y $330.
“No hay trigo y no es novedad”
El problema con el trigo no es nuevo. Arrancó siete años atrás cuando comenzaron los principales obstáculos a los productores.
La campaña pasada (2011-2012) marcó un nuevo deterioro en el área de producción de trigo. El verano pasado se registró la peor cosecha en 100 años, según los datos que brinda la Asociación Argentina Pro Trigo (AAPT). Y no solo los condicionamientos y restricciones que el Gobierno nacional puso a los productores sino que el clima también les jugó otra mala pasada, sobre todo en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Raúl Mestre, corredor de cereales y miembros AAPT, dijo, en diálogo con El Tribuno, que “desde que arrancó la política de salvar la mesa de los argentinos, la producción declinó. Las trabas para exportar son cada vez mayores, y el exceso de trigo que se producía pero no se podía sacar afuera, tiraba el precio muy para abajo, perjudicando a los productores”. Al no vender trigo, el problema era que no se podían pagar las cuentas. “No hay trigo y no es novedad”, recordó Mestre.
El convenio que el Gobierno nacional firmó con las empresas exportadoras establece que cuando haya escasez de trigo, éstas están obligadas a importar nuevamente para abastecer el mercado interno, pero es un convenio que no se cumple en la actualidad.
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