Esos hombres que luchan por sus fuentes de trabajo

En la ex Sudamtex, en pleno conflicto por la continuidad de sus fuentes laborales, los obreros textiles de HM, TRC y Celanova siguen en pie. Y la dignidad de esa lucha que protagonizan es conmovedora. La sociedad azuleña, la misma de la que ellos también forman parte, no puede mirar para otro lado e ignorar esto que está sucediendo.

El afuera de la tarde del sábado regala un cielo a pleno, celeste, radiante y en perfecta conjugación con los rayos de un sol que parecen pincharlo.

Ese panorama contrasta de manera intensa con el interior de una fábrica que décadas atrás, bajo otro nombre, fue sinónimo de esplendor y pujanza en esta ciudad con nombre de color.

En cada uno de los lugares de esa mole de color ladrillo externo, todavía se resisten al olvido las máquinas que allí se encuentran ancladas para siempre, con restos de producción entre sus entramados y dispuestas a seguir siendo útiles.

Entre esas máquinas también están ellos: los hombres, sus ejecutantes, los trabajadores.

Los empleados textiles de HM, TRC y Celanova, protagonistas durante la semana que pasó de la peor de las represiones que se pudiera imaginar en Azul en tiempos democráticos, siguen ahí.

Están de pie, con la dignidad a flor de piel y dispuestos a darlo todo para evitar que ese lugar que para ellos es como su casa baje sus persianas para siempre.

No se resignan a perder sus fuentes laborales. Y desde esa postura que conmueve, los obreros textiles ponen el cuerpo y el alma en un conflicto donde tienen como sagrado objetivo poder llegar a decir el día de mañana que esa lucha que ellos empezaron dio sus frutos y valió la pena.

Detrás de cada uno de esos hombres están sus historias de vida. Todas tienen algo en común en este momento, ya que los unió para resistir al cierre de una fuente laboral.

Junto con cada uno de los trabajadores están también sus familias, apoyándolos, viviendo un día a día cargado de incertidumbres que apuntan, entre otras cosas, a cómo satisfacer las necesidades más básicas en condiciones así.

Resistir es uno de los verbos que están conjugando con mayor cotidianeidad actualmente estos azuleños, protagonistas excluyentes de una trama que no puede serle ajena o resultarle indiferente a todos los que habitan esta ciudad.

Es por eso que esa lucha tiene que ser la de todos. Y el apoyo que se les brinde a estos trabajadores, la fuerza para que todo esto tenga -de una vez por todas- el tan ansiado final feliz. Esa conclusión que implique saber que las mismas máquinas que hoy están quietas mañana estarán funcionando a pleno, en perfecta conjugación con quienes las manipulan: los hombres que ahora están ahí, resistiendo el embate de una realidad que los golpea, pero que de ninguna manera los hace arrodillarse.

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