Las escenas de clientelismo vuelven a decir presente

El acto de Alicia Kirchner realizado el miércoles por la noche en el club Atenas de La Plata fue "vendido" por los sectores más ortodoxos del kirchnerismo como una fiel demostración de la movilización que genera el partido gobernante.
La cruda realidad mostró otra cara completamente distinta: el clientelismo político sigue triunfando en los actos K.

En la puerta del estadio había colectivos en pésimo estado que habían traído a la mayor parte de los que asistieron al relanzamiento de Colina, la línea interna del kirchnerismo fundada por la ministra de Desarrollo Social. Incluso, algunos pudieron verse en la autopista y no precisamente porque el estadio estaba colmado: eran micros que, por sus paupérrimas condiciones, ni siquiera pudieron llegar a La Plata. En ellos, como suele verse, la gente es traída como ganado, apenas por un sándiwch, una gaseosa y la promesa de algún dinero ínfimo.

No extraña que uno de los organizadores de la jornada haya sido el viceministro de Desarrollo Social, Carlos Castagneto, quien está acostumbrado a lidiar con el clientelismo. El exarquero fue procesado por repartir electrodomésticos en barrios humildes para intentar “comprar” votos. Se trató de una maniobra burda que le costó una causa penal.

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