Panorama político de Olavarría: La política de desendeudamiento que puso en marcha la presidente, Cristina Kirchner, por casi 10 mil millones de pesos fue calificada no como un favor a las provincias sino una manera de canjear necesidades con ellas, aplacar la conflictividad social en el interior y de paso ganarse la voluntad política de los gobernadores.
El kirchnerismo cuida con mucho celo la caja centralizada, pero también es cierto que se maneja muy bien dentro de ese código y que si tiene una herramienta, la usa hasta la saturación.
Es obvio que esta mecánica distribucionista tiene que ver con un sistema que si bien ayuda a cubrir baches de carencia y de injusticia, también es cierto que se maneja frecuentemente al filo de la navaja.
La Argentina es hoy una patria subsidiada.
Después de la crisis de 2001, a los gobiernos que le sucedieron no les quedó otra alternativa que tomar recursos de las pocas actividades rentables para destinarlos en otros rubros y necesitados de fondos para ponerse nuevamente en marcha.
El país había pagado muy caro el cambio constante de sistema político y económico, y a partir de esa inestabilidad, comenzó a arraigar culturalmente la idea de la inversión efímera de hacerse rico de un día para otro o el pragmatismo más atroz que terminó minando todo proyecto de un proyecto a largo plazo. Mucho tuvo que ver la bicicleta financiera de Martínez de Hoz, que continuó durante el gobierno de Alfonsín o el capitalismo prebendario de Menem y Duhalde. Por lo tanto, después de la crisis, el subsidio fue necesario e inevitable, pero la Argentina puede pagar muy caro si no se va preparando para ir saliendo progresivamente de ese sistema.
Hoy por hoy, la economía sigue tan o más concentrada como antes, los gobiernos, en todos sus niveles, hace muy poco o nada en desconcentrarla porque también es cierto que esta concentración les insume menos costo y esfuerzo recaudar casi lo mismo de dos o tres empresas que de muchas pymes.
Por ejemplo, en Olavarría, casi el 90 por ciento del Impuesto a la Piedra lo aportan las tres grandes empresas mineras.
El problema es que los grandes monopolios (cementeros, alimenticios, energéticos, etc.) son también los grandes formadores de precios y, por ello, los únicos que ganan con la inflación.
Monopolios e inflación
Los gobiernos favorecen esas concentraciones económicas porque les hacen caja a bajo costo, pero no reparan en que a la larga éste es un esquema que no es sustentable en el tiempo. ¿Por qué? Es simple. Forman precios, ganan por ello, y además generan inflación. Se sabe que ésta va minando el poder adquisitivo de los salarios, y si esto pasa, a la corta o la larga, se van a retraer las ventas que son las que generan la caja de los gobiernos.
Por lo tanto, las concentraciones económicas, si bien son cómodas para recaudar, terminan generando menos caja por la caída de las ventas, reducción de subsidios y un progresivo deterioro de las prestaciones que debe dar cualquier Estado, desde la salud a la educación.
Un economista de la posguerra, el padre del milagro alemán, Ludwing Erhard, creó lo que se llamó "economía social de mercado", mediante el cual, como un buen liberal, potenció la oferta con la creación de muchas pymes que, al competir entre ellas, generaron calidad y precio, además de fuentes de trabajo, claro, y terminó produciendo la base que arrancó a Alemania de la catástrofe provocada por el nazismo y la guerra.
También Juan Domingo Perón predicó siempre sobre esto de aumentar la oferta y no concentrarla y bregar por un equilibrio y una "sana armonía" entre lo público y lo privado.
El Estado de Bienestar nació como una nueva forma de capitalismo, humanizado y social, con un rol muy fuerte del Estado, pero que no puede prescindir de esa "sana armonía". Precisamente, la crisis actual de la periferia europea puede leérsela a partir de estas premisas.
Pan para hoy..
El Gobierno pretendió salir el año pasado del sistema subsidiado con el gas, pero lo hizo de golpe porque no había hecho nada durante los cuatro años anteriores, y cayó en una medida insensible e irracional. Este año volvería a insistir con lo mismo, y con algunas leves correcciones que no alcanzan.
Es decir, vuelve a querer castigar a los que menos culpa tienen de este desequilibrio, esto es, los usuarios.
Se podría hablar mucho de este tema, pero a modo de síntesis, si el país no corrige lo esencial, que es desconcentrar la economía y multiplicar la oferta a través de las pymes, los que ganen van a hacer esos pocos que forman los precios, el resto tendrá cada vez menos rentabilidad, los asalariados comprarán cada vez menos cosas con lo que ganen, los Estados recaudarán menos por la caída de las ventas y obviamente podrán prestar menos servicios a la gente porque no tendrán los recursos necesarios para hacerlo.
Entonces, hay que ir saliendo de la patria subsidiada porque no es sustentable, primero, porque es pan para hoy y hambre para mañana, segundo, porque es social y económicamente injusto y en consecuencia, políticamente inviable.
Pero la ecuación de salida puede ser a la inversa: que con respaldo popular se puede ir cambiando la estructura económica hacia un sistema más justo, sin monopolios, que garantice una distribución más equitativa de la riqueza
Con la copia basta
Más allá del color y la intencionalidad política de quien triunfe en las elecciones, los Estados pueden también contribuir a esto a partir de la política tributaria, gravando a las grandes empresas de un modo diferencial con las más chicas, y destinar esa recaudación en servicios para el pueblo.
Y mucho tuvo que ver con esto el homenaje que le hizo el Concejo Deliberante al fallecido senador peronista, Oscar Lara, al colocarle su nombre al Parque del Bicentenario.
El legislador fue el autor del denominado impuesto a la piedra con cuya recaudación nació un "plan integral" que hizo de Olavarría una ciudad distinta en toda la región.
Por lo general, este tipo de medidas no sólo modifican los presupuestos sino también la mentalidad de la gente.
Les hace ver que es posible la justicia social y además les insufla de una mística transformadora que no se da de otra manera.
Es decir, a la vez que produce cambios materiales, genera profundas modificaciones en el espíritu de los pueblos. Y eso hace mucha falta para este país sacudido por los violentos cambios institucionales, los golpes militares, las fuertes oscilaciones económicas y la casi consuetudinaria corrupción.
Pero el jueves, cada bloque quiso dejar establecido su pensamiento afín con aquel senador que les cambió la vida a los olavarrienses.
Quienes hablaron, dijeron cosas que el día de mañana, cuando se trate el aumento en el Impuesto a la Piedra que propone el proyecto de Unión Celeste y Blanco, sólo habría que tomar las copias taquigráficas de la última sesión para que el proyecto sea votado por unanimidad.
No haría falta otra cosa que los encendidos discursos del jueves.
La carpa y el tigre
José Eseverri tiene otros dos problemas : la carpa de los empleados municipales y los fondos que no llegan.
Desde el Ejecutivo se presupone que "son sólo unos pocos los que acompañan al delegado gremial José Stuppia, porque la mayoría no está conforme con su metodología".
Así comentó una fuente, que reveló parte de la supuesta estrategia oficial sobre el conflicto : " No pensamos que llegaría tan rápido a este extremo y al Tano Stuppia le va a ser muy difícil volver de esta situación", dijo.
Todo hace presuponer que el Intendente ya no lo concibe a Stuppia como un interlocutor válido y apuesta a desgastarlo.
Habría que ver quién sale mejor de esta pulseada.
Algo para tener en cuenta: Kafka decía que si un tigre entra a una misa se transforma en un hecho portentoso, pero si entra todos los días ya forma parte del ritual.
Esto mismo pasó con la carpa blanca, que por su reiteración terminó formando parte del paisaje.
Por lo tanto, la conducción gremial de los municipales deberá ir pensando en una salida o una inflexión para sostener la lucha y el impacto de la modalidad elegida.
Relleno y multa
El Intendente Eseverri está interesado en el proyecto que busca reformular varios tributos, como el del Impuesto a la Piedra, pero lo está estudiando para ver hasta dónde lo acompañaría. J
El intendente se ha caracterizado por tomar lo que le hace falta, aun cuando lo generen otros.
Lo hizo con la modificación de la tasa de Seguridad e Higiene que había planteado el larrechismo, tomó la estructura ideada por Gustavo Alvarez para cobrar la de Servicios Urbanos, y ahora estaría dispuesto a darle un crédito a la propuesta de Milesi - Urlézaga sobre el Impuesto a la Piedra, un aumento de Seguridad e Higiene para los grandes contribuyentes y el programa "Más pyme, más empleo", entre otros puntos.
Hoy por hoy, el Intendente está preocupado por el servicio de recolección de residuos.
El Municipio habría mandado fotografiar el relleno sanitario después de la denuncia hecha por EL POPULAR Medios, y ese mismo día, Eseverri anticipó que iba a aplicarle una nueva multa al concesionario que sería de unos 70.000 pesos, y ya se está cansando de la situación.
A todo esto, la firma estadounidense que tiene ganas de comprar la empresa riocuartense se habría referido a ella ante los medios de esa localidad cordobesa como "un cáncer", por el déficit de unos 500.000 pesos mensuales que arrastra.
Además, a la empresa norteamericana, de acuerdo con comentarios hechos a este columnista por una fuente riocuartense, no le importaría la filial olavarriense, pues su objetivo, si es que se concreta la operación, es afianzarse en Córdoba y luego avanzar hacia Capital Federal.


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