Escasean médicos de terapia intensiva

Escasean médicos de terapia intensiva
La Sociedad Argentina de la especialidad dice que la situación es crítica: los profesionales jóvenes no se inclinan por esta rama debido a las altas exigencias y los bajos salarios. Por eso, los cargos se cubren con médicos no especialistas. La situación en Mendoza.

No hace falta explicar que un paciente internado en terapia intensiva requiere atención especializada, idónea, que pueda tomar decisiones certeras sobre una persona que probablemente en esa cama tenga en juego su vida.

Es por eso que los profesionales que eligen esta rama de la medicina cargan sobre sus hombros una gran responsabilidad. Implica tanta demanda profesional que suelen tener estrés permanente, agravado por el hecho de que la especialidad no se caracteriza por un salario adecuado ni reconocimiento de otros beneficios. Estas son las principales causas por las cuales en los hospitales faltan terapistas y los servicios terminan funcionando con médicos de otras especialidades, lo que evidencia una crítica situación.

Así lo alerta la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), que considera que este escenario va a ir complicándose cada vez más en tanto no se tomen medidas que involucren a toda la comunidad. “La disponibilidad y la aptitud de los servicios de terapia intensiva para pacientes adultos, pediátricos y neonatales está en crisis”, sentencian en un documento rubricado por los principales referentes.

Atribuyen esto a la carencia de profesionales calificados y a las inadecuadas condiciones de trabajo, a lo que suman una pobre remuneración, las mayores responsabilidades y un futuro laboral incierto. Consideran que esto es una amenaza concreta que, debido a que se ha llegado a una situación sin precedentes, pone en riesgo las prestaciones básicas de los cuidados en terapia intensiva.

El presidente de la SAT, Cayetano Galletti, explicó que esta es una problemática mundial pero que en muchos países se está tratando de darle respuesta, lo que no ocurre en Argentina. Desde esta entidad se ha alertado a las sucesivas gestiones de salud y a los círculos de profesionales, pero -aseguran- el tema ha sido ignorado.

Galletti estima que las perspectivas a futuro irán desmejorando debido a la creciente demanda de la medicina crítica, en tanto hay cada vez más pacientes de más edad, con grandes cirugías y mayor complejidad (pacientes oncológicos, inmunodeprimidos y trasplantados).

Falta de interés

En el país hay 1.200 terapistas para 900 unidades y 10 mil camas; sin embargo, para un adecuado funcionamiento se requeriría el triple. Es que se estima que debería existir un terapista cada siete camas, aunque según una encuesta realizada por la SATI, 30% de las terapias no cumple con este requisito. Sin embargo, funcionan gracias a que médicos de otros servicios con conocimientos en terapia intensiva cubren el bache.

Así lo reconoció Alejandro Aznar, subsecretario de Planificación del Ministerio de Salud de Mendoza: “Es una de las especialidades que consideramos especialmente críticas, junto con neonatología o medicina de familia. Se va cubriendo con especialistas compatibles, por ejemplo alguien que hizo clínica médica”.

Para especializarse en medicina crítica es necesario hacer una residencia de cuatro años o un curso de dos de la SATI, que igualmente involucrará la práctica.

Pero “las nuevas generaciones no tienen apego por la medicina crítica -dijo Galletti-. Entre 40 y 70% de las residencias quedan vacantes”, es decir que no se presentan interesados. Por eso hay un progresivo envejecimiento del recurso humano, que no se renueva: más del 60% de los terapistas actuales tiene 40 años o más.

En la mayor unidad de terapia intensiva de la provincia, la del hospital Central, la situación se presenta igualmente crítica. Así lo aseguró su jefe, Jorge Arroyo, quien manifestó que tanto en este nosocomio como en el Lagomaggiore y en el Notti las vacantes no suelen cubrirse y que si se eligen es “por descarte”; es decir, porque los médicos no quedaron en otras especialidades.

“Es una especialidad muy interesante para los jóvenes porque es un desafío, pero tiene un alto nivel de estrés porque uno está entre la vida y la muerte permanentemente, y eso genera mucho desgaste físico y psicológico”, explicó.

Por eso, se estima que no debería ser ejercida por más de 20 años, aunque en la práctica se hace hasta el momento de la jubilación (en total, alrededor de 40 años). Además, la terapia intensiva tiene un alto impacto en la vida personal y familiar, ya que demanda mucho tiempo y necesidad de capacitación permanente por la incorporación de nuevas tecnologías cada vez más complejas.

Pero frente a esto, los profesionales perciben salarios bajos, tienen descanso inadecuado y no está contemplada una jubilación que tenga en cuenta el esfuerzo, dicen los terapistas.

El panorama es peor en los hospitales privados, donde el 90% de los médicos no tienen relación de dependencia y todos deben buscarse su reemplazo en vacaciones.

En el ámbito público, desde el ministerio de Salud aseguran que están tratando de revertir la tendencia negativa. “Lo que se hace es tratar de incentivar en esta dirección a los que están por recibirse y lo que estamos usando es redireccionar por orden de mérito desde especialidades relacionadas”, explicó Aznar, quien agregó que este mecanismos de motivación es un trabajo conjunto entre los ministerios local y nacional, las universidades y las sociedades médicas.

Una noción de la disconformidad de los médicos intensivistas quedó plasmada en la misma encuesta, en la cual 100% opinó que la especialidad debería ser considerada recurso humano crítico y especialidad de riesgo 8, como infectología y radiología, lo cual redundaría en mejores remuneraciones, vacaciones y esquema jubilatorio.

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