Los islamistas moderados del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, revalidaron hoy una cómoda mayoría absoluta, con 326 escaños, en las elecciones generales de Turquía, que transcurrieron con normalidad.
Salvo en los sectores más suspicaces del laicismo turco, ha quedado prácticamente olvidada la supuesta “agenda secreta” de Erdogan para islamizar a Turquía, cuyo temor era amplio en las elecciones de 2007. Otros logros que supieron reconocer hoy en las urnas los electores a este carismático dirigente, aparte de salvar de la ruina económica al país, es la neutralización del otrora muy influyente estamento militar. Como recordaba hoy un votante crítico a Erdogan, el 20% de la cúpula castrense está entre rejas por casos relacionados con intentos fracasados de golpismo. Sin embargo, su retórica nacionalista ha dañado su popularidad entre los votantes kurdos, que lo castigaron claramente en las urnas. Su principal rival, Kemal Kilicderoglu, que dirige desde 2010 el centroizquierdista Partido Republicano del Pueblo (CHP), ha logrado modernizar esta formación, librándola de la carga del militarismo golpista del pasado y aceptando los valores democráticos occidentales.
Con el 95,1% de las papeletas escrutadas, el AKP obtuvo un 50,4%, seguido del CHP con un 25,8%, del Partido de Acción Nacionalista (MHP) con un 13,1% y los independientes agrupados en el Partido de la Paz y la Democracia (BDP) de los kurdos con un 6,2%.

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