Las asambleas de los petroleros huelguistas de Caleta Olivia y Pico Truncado dispusieron ayer suspender el paro que iniciaran el 26 de agosto reclamando urgente elecciones para que se les restituya el gremio que fuera intervenido por la Federación en el mes de abril, en consonancia con lo que habían aceptado el viernes sus compañeros de Río Gallegos. Los equipos de torre volverán a operar en los yacimientos a partir de las 20 de hoy, en tanto que el lunes se restablecerá el resto de los servicios.
Caleta Olivia (agencia)
Cabe señalar que la decisión de retomar las actividades se gestó en la antevíspera, cuando delegados de las seccionales antes mencionadas se reunieron en Río Gallegos con el secretario de Trabajo de Santa Cruz, Raúl Santibáñez, quien en representación del Gobierno provincial asumió el compromiso de potenciar una mesa de diálogo en la que intervengan representantes de los trabajadores de la Federación Argentina de Petróleo y Gas Privado, del Ministerio de Trabajo de la Nación, de las operadoras de yacimiento y del propio Gobierno provincial.
En buen romance, los petroleros que llevaron adelante la medida de fuerza lograron el “gesto” que requerían de la gestión de Daniel Peralta, en razón que no se sentían escuchados por los interventores que designó la Federación a raíz del conflicto interno que derivó en la separación de la comisión directiva que encabezaba Héctor “Chaco” Segovia.
ACATAMIENTO PARCIAL
Cabe recordar también que si bien el paro por la “recuperación” del sindicato fue sostenida en la zona norte por unos tres mil trabajadores de Caleta Olivia y Pico Truncado en una asamblea que se realizara el lunes en Cañadón Seco, en rigor no estuvieron representados todos los petroleros ya que más de la mitad de los que trabajan en estos yacimientos no estaban de acuerdo o bien estaban inmersos en un período de desunión.
A modo de ejemplo, más de una veintena de delegados de Caleta dijeron que sus representados no aceptaban la huelga y además varios miles que se desempeñan en la zona de Las Heras no se plegaron a la medida por las supuestas presiones de empresas, pero también porque aún percibían el síndrome del proceso judicial que se les iniciara a dos líderes, Victor Oñate y José Acosta, aún detenidos en la comisaría de Puerto Deseado.
Pese a todo, el hecho de que se instalaran piquetes en las rutas 12 y 43, motivó que muchos operarios no adheridos no concurrieran a los yacimientos por más de una semana en tanto que otros pudieron trasponer esas barreras acompañados por una fuerte custodia policial.
Pero además, la medida de fuerza que tuvo algunos matices violentos, como casos de operarios en los campos petroleros, una camioneta quemada y serios incidentes con fuerzas policiales en la planta deshidratadora de Cañadón Seco y una balacera en la ruta 12, comenzó a ser impopular luego de que un reducido grupo de huelguistas golpeara salvajemente al intendente Fernando Cotillo.
MUCHOS NO ESTABAN
Una prueba fehaciente de estas apreciaciones quedó evidenciada en la asamblea que ayer se realizó en el campamento que se había levantado en Cañadón Seco para decidir orgánicamente la suspensión del paro.
Ello ocurrió a media tarde y apenas concurrieron unos trescientos operarios, por lo cual no fueron pocos los huelguistas que fustigaron a muchos otros compañeros por haberse hecho los distraídos, no asumiendo el compromiso que se había pactado el lunes, cuando se alcanzó o superó levemente el número de 3 mil manifestantes.
Como fuera, los asistentes levantaron la mano para aceptar la moción de suspender la huelga y acordaron que a partir de las 20 de hoy se pondrán nuevamente en marcha los equipos de perforación y pulling, en tanto que desde las primeras horas del lunes se restablecerá el resto de los servicios.
En ese entorno se dijo también que en los nueve días que duró la medida de fuerza, la producción prácticamente no se vio interrumpida y se dejó en claro que la suspensión es solo por diez días, lapso en el cual deberá estar conformada la mesa de diálogo.


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