Equilibrar deberes y demandas, un desafío reservado sólo para quienes obran con responsabilidad

Equilibrar deberes y demandas, un desafío reservado sólo para quienes obran con responsabilidad
Las tensiones entre problemáticas estructurales versus demandas coyunturales, debidamente condimentadas por el componente político-electoral, volvieron a escena.

Las tensiones entre problemáticas estructurales versus demandas coyunturales, debidamente condimentadas por el componente político-electoral, volvieron a escena. Entre demandas salariales, desaciertos gremiales, internas sindicales, precandidaturas lanzadas al ruedo y compromisos de gobierno, desde diferentes tribunas se alzaron voces sobre la necesidad de reencauzar la discusión respecto a la construcción de un modelo superador de provincia, capaz de generar condiciones apropiadas para el desarrollo integral.

Estas iniciativas son bienvenidas, de hecho quién puede oponerse al debate de ideas, por mas inocultable que sea su tinte electoralista y oportunista. Es necesario hacer un alto, repensar y discutir, partiendo desde la historia reciente de la provincia, para entender la situación actual y, desde allí, trazar panoramas futuros. Es una verdadera falacia aquel enunciado que sostiene que para seguir adelante es urgente superar y olvidar el pasado, pues el desacertado origen de este razonamiento abre las puertas a la posibilidad de volver a tropezar con la misma piedra. Si se repasa lo sucedido en la década del ‘90, se podrá ver cómo fueron las distintas disputas partidarias, la exasperación social, la impericia de algunos dirigentes llegados fortuitamente al poder o a espacios de representación, el sectarismo y la imposición de una mirada acotada sobre la complejidad cultural y social de la provincia, la que motivó años de desazón a la deriva. La idea de alcanzar un estado de crecimiento está ligada, necesariamente, a la capacidad de dejar atrás viejas mañas que afectan cualquier deseo de superación.

La discusión salarial se instaló con fuerza en el espacio político. Resulta difícil para cualquier administrador de recursos públicos, sea del color político que sea, escapar de la encrucijada tejida por los gremios. En primer lugar, porque nadie, salvo aquellos de formación neoliberal intransigente, pueden oponerse a un incremento de los salarios. En segundo lugar, porque está en juego el futuro de corto y mediano la estabilidad financiera. En tercer lugar, porque la historia de las negociaciones salariales en Jujuy hace que sea, siempre, un tema de especial sensibilidad y atención social, mucho más en la antesala de una cita con las urnas.

Ahora bien, tampoco resulta una tarea cómoda para el sector gremial. Más de un dirigente empezó a especular, por lo bajo, por las consecuencias que podría tener este año la discusión salarial con los gremios de la administración pública y más aún lo desproporcionado de sus pretensiones. Se sabe que, en esta instancia de tensión, no son pocos lo que aprovechan para posicionarse y sacar algún rédito político, pues está a las claras que hay quienes deberían dar explicaciones a sus bases sobre sus proyectos políticos individuales. Lo cierto, y tal como lo marca la experiencia, se sabe que si en este juego de amagues y fintas se tensa en extremo la cuerda, todos terminan perdiendo, sea por la complejidad de los acuerdos, las tensiones sociales, el disconformismo de las bases, presiones legislativas o limitaciones financieras.

Los compromisos internos, producto de la necesidad de sostener hacia afuera planteos sin asidero, hoy terminan ejerciendo un efecto cerrojo en una dirigencia sindical, castigada por su propias decisiones inconducentes. Transcurrió una semana de conflicto que dejó más desencuentros que progresos, severamente condicionada por requerimientos que difícilmente puedan ser canalizados favorablemente, por más buena voluntad que las partes expongan.

No sin grandes sacrificios la provincia alcanzó objetivos de desarrollo humano e integral, con estabilidad institucional y social, con orden político y administrativo, con previsibilidad económica, con vínculos saludables entre el sector público y el privado y con infraestructura y logística estratégica en el escenario regional; lo que le permite hoy a Jujuy estar mejor preparada para afrontar el severo impacto que representa la crisis económica instalada a nivel global y que, naturalmente, deriva en una desaceleración de la economía nacional, que termina haciendo mella en las administraciones provinciales.

Gestos de grandeza, madurez y plena responsabilidad, tienen que prevalecer en las negociaciones salariales, de modo de echar luz, previsibilidad y sustentabilidad a los compromisos con los trabajadores estatales.

Habrá que revisar estrategias, reordenar promesas internas y asumir responsabilidades por más alto que sea el precio a pagar. Es el aporte que la dirigencia gremial tendrá que hacer para respetar una forma de gestión y administración con niveles de aceptación varias veces ratificados en las urnas. Se necesita de una visión plural e integradora, capaz de superar intereses parciales, conscientes de que el Estado no es un espacio que le pertenece a determinados grupos, sino al conjunto de los actores sociales. No hay mucho para descubrir en este mundo actual, sólo saber, decidir, elegir y gestionar.

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