Más allá de los debates vinculados a la inseguridad provincial y sus distintas fuentes, mucha agua corrió, en forma silenciosa, bajo el puente. Tiene que ver con la construcción del proyecto para 2011 que día a día dibuja Daniel Scioli. Por estos momentos en que transcurre una ansiedad permanente, se licua su ambición presidencialista y por momentos se revitaliza.
Más allá de las anécdotas. Bueno es saber que Scioli mantiene su lealtad hacia Cristina y esto no es lo novedoso. Sí lo es su estilo de relación con el Gobierno Nacional y con el armado político que lo tiene con un protagonismo mayor. Sin sumisión, dispuesto a poner en agenda iniciativas como nunca había ocurrido. Por caso, la edad para resolver la imputabilidad en menores.
Pero no es la inseguridad aquello que tanto parece preocuparle a Scioli, como sí su futuro y un presente en el cual trata de evitar filtraciones en su armado que podrían complicarle su reelección.
Con respecto a la inseguridad, ha encontrado un discurso específico que intenta evaporar responsabilidades. Ante una problemática que sólo apuntaba a poner en jaque al Ejecutivo ante un caso policial de agenda, Scioli -con el apoyo de un universo mediático que se le ha vuelto muy comprensivo- quiere demostrar que tan sólo le corresponde un porcentaje de la responsabilidad total y que, desde su rol, cumple sus deberes dando mayor imagen a su trabajo.
Por ejemplo, la idea de asignar a un policía por escuela -que implicaría acercar a muchos de los que ya caminan los barrios a los establecimientos en horas pico- fue una inyección en dosis agigantadas para un debate que se encontraba anestesiado por los tiempos estivales.
Pero el armado para el futuro se debe ir resolviendo cuanto antes. Tomar importantes definiciones es el imperativo categórico para dar cumplimiento. En primer lugar tratar de hacer "justicia del reconocimiento" para cada corriente interna y dar, tal cual Ulpiano "a cada uno lo suyo".
Algunos funcionarios del sciolismo se jactan de que su referente tiene una gran facilidad para hacer confluir bajo su figura a la totalidad de los sectores. Peronistas históricos, posduhaldistas, moyanistas y aquellos que son considerados los "transversales" que quieren mutar a la condición de "cristinistas", es decir más presidencialistas que la Presidenta.
Estos últimos fueron noticia con el armado de un plenario en el Hotel Provincial de Mar del Plata, que contó con el gesto político nada mezquino de la presencia de Scioli. Allí la presencia entre otros de Emilio Pérsico y el reasumido diputado Edgardo Depetri fue interpretado por algunos como un apoyo y, por otros como un intento de rodear la manzana ante la posibilidad de que aflore cierto aire menemista que el mandatario provincial absorbió en sus primeros tiempos. Pero también tuvieron su gesto hacia Scioli. Empezando por la presencia en el acto del intendente de Quilmes, de Francisco Barba Gutiérrez, quien nunca culminó su propio lanzamiento a la carrera por el sillón de Dardo Rocha.
El tema pasa por saber si la presencia de Scioli fue sólo un gesto u obedeció a un fuerte condicionamiento de un sector que cobró mayor energía en el Gobierno Nacional. Al día de hoy, Scioli pareciera no necesitar tanto un apoyo variopinto que solía resguardar muy bien el kirchnerismo. Pero, a la vez y como si fuera paradójico, necesita en forma urgente evitar fugas de dirigentes hacia otras aventuras políticas.
Ese fantasma empezó a agigantarse en las últimas semanas cuando desde alguna usina nuevamente afloró la idea de la candidatura paralela del diputado nacional Martín Sabattela, apodado por los sciolistas como "el converso", por su recorrido desde la arena opositora, pasando por carriles "independientes" hasta llegar a un meridiano muy cercano al oficialismo.
El ex intendente no tendría problemas en encabezar una lista colectora y hacer subir al tren a muchos de los transversales y devotos "cristinistas". Desde aquellos consecuentes e inscriptos desde la primera hora hasta gente que había quedado olvidada en el baúl de los recuerdos.
Ante este panorama, la Presidenta, con su silencio establece un apoyo tácito a esa posibilidad de una lista colectora porque por mejor buena imagen que tenga, necesita ganar en primera vuelta y garantizar su reelección.
La vía alternativa "sabatelista" alimentaría una suerte de esquema de ley de lemas encubierta. Ambos candidatos tienen profundas diferencias. Sabattela suele decir que Scioli se apoya en "estructuras ancladas en la vieja política". Pero, además, mantiene un divorcio en la mirada respecto de la seguridad. El ex jefe comunal suscribió, junto a León Arslanián y otras personalidades, el documento del Acuerdo por una Seguridad Democrática que subrayó serias deficiencias en la administración Scioli. Difícilmente haya un retorno para la reconciliación, en ese sentido.
Ante este esquema de virtual competencia, una cosecha electoral de dos dígitos de Sabatella podría dejar a Scioli de su preciada reelección. De Narváez debería tan sólo repetir su marca electoral del 2009 para acceder al sitial tan codiciado. Y el esquema del original "Acuerdo Cívico" que agrupa a la oposición no peronista también pelearía para no quedar diezmada en su potencia electoral. La disputa, - con revoluciones multiplicadas en cuanto a su funcionamiento- en una eventual alianza entre la UCR, el GEN y el socialismo tiene para varios capítulos más.
Pero Scioli apuesta a su fortaleza propia, según sus portavoces. Ellos dicen que la lectura debería hacerse al revés. En ese sentido, se acercan a Scioli porque es quien les puede garantizar un futuro político inmediato, accediendo o perpetuándose en las bancas. Incluso, señalan que su inserción en el denominado "voto independiente" se ha incrementado, aunque levemente en los últimos meses. Ese es un terreno, dicen, que suele tener como referente a Elisa Carrió.
Lo cierto es que el reloj electoral marca mucho tiempo aún para el verdadero tiempo de largada en la carrera. Pero obliga día a día a dedicar más tiempo para obtener respaldos clave y aceitar una estructura partidaria donde hay que preservar a cada uno de sus integrantes. Tarea nada sencilla pero fundamental para quienes codician el poder.





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