Constituye el mayor contingente ingresado desde Macedonia desde que se agudizó la llegada de migrantes de Afganistán, Siria e Irak. El ACNUR estima que desde el 1 de enero llegaron a ese país unas 180 mil personas, como paso para Alemania y Suecia, donde tienen familiares y amigos.
Una oleada de alrededor de 8000 refugiados irrumpió en las últimas horas en la localidad serbia de Presevo, a ocho kilómetros de la frontera con Macedonia, en lo que según la Cruz Roja local constituye el mayor contingente en un solo día desde que se agudizó la llegada de migrantes asiáticos. No muy lejos de allí, en Miratovac, Serbia tuvo que improvisar un centro de acogida para los más de 5000 refugiados llegados am ese humilde poblado en los tres últimos días.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que desde el 1º de enero pasado entraron a Serbia unos 180 mil refugiados y, de ellos, menos de la mitad lo hizo legalmente, registrándose ante la policía. "La gran mayoría sólo tiene la intención de utilizar a Serbia como país de tránsito, para seguir hacia Alemania y Suecia, sobre todo, según afirman, donde ya tienen sus comunidades, familiares y amigos", dijo la vocera del ACNUR, Mirjana Milenkovski.
Prueba de ello es que del total de 66.428 personas que hasta el 31 de julio entraron a Serbia oficialmente, todas declararon que tienen la intención de pedir asilo pero en realidad hasta ayer sólo lo habían hecho 484, bastante menos del 1 por ciento, agregó Milenkovski.
En realidad, la mayoría de los refugiados de Siria, Afganistán e Irak que llegan al país por el Mediterráneo y cruzan por Grecia y Turquía, o a través de Macedonia, busca seguir hacia el norte, atravesar Hungría, Austria o Eslovaquia y finalmente instalarse en países con economías ricas, como Alemania.
Pese a esa incontrastable realidad, son esos países intermedios de la ruta de la Unión Europea (UE) los más reacios a aceptar, aunque sea, el paso de los refugiados. El primer ministro húngaro, Víctor Orban, dijo la semana pasada que esperaba que antes del lunes próximo estuviera terminada la valla de cuatro metros de altura que se extenderá a lo largo de los 175 kilómetros de la frontera con Serbia, por donde Budapest cree que entran a diario unos 1500 refugiados. La posición de Serbia, en cambio, es la de no limitar ni interrumpir el tránsito de refugiados hacia la UE.
"Serbia no impedirá la entrada de los refugiados al país, así como tampoco su salida", reiteró ayer el ministro de Defensa, Bratislav Gasic, al visitar el nuevo centro de acogida próximo a la frontera con Macedonia. El ACNUR y la Cruz Roja se encargan en ese país de suministrar comida, agua y medicamentos a los refugiados que hace meses viajan apenas con lo puesto. Según los registros de la agencia de las Naciones Unidas, más de la mitad de las personas que llegan a Serbia viene escapando de la guerra civil en Siria.
Alrededor de un 25% de los refugiados escapan del conflicto interno que dejó en Afganistán la ocupación de Estados Unidos y sus socios europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y menos del 10% huye de la violencia sectaria en Irak, otra consecuencia del intervencionismo de Washington y las potencias occidentales en la región. Pero la ola de refugiados recién llegados a Serbia es apenas un capítulo de una crisis humanitaria que no para de crecer y a la que la UE no le da una respuesta.
Las situaciones más dramáticas se dan en Italia y Grecia, los dos países que han sido los puertos de ingreso para más de 260 mil refugiados que cruzaron el Mediterráneo en lo que va del año. Diariamente llegan al puerto ateniense del Pireo miles de migrantes, con la intención de seguir su viaje hasta la frontera con Macedonia, donde esta semana cientos de refugiados sufrieron la más cruenta represión del ejército del país, amparado en la declaración del estado de emergencia. Tan sólo ayer llegaron más de 2000 personas procedentes de las islas del Egeo, donde otros miles esperan embarcarse para llegar a la península helena.
Macedonia y Grecia estrecharon la cooperación bilateral para enfrentar la llegada de refugiados de Medio Oriente y África, pero ambos gobierno coinciden en que el problema no puede gestionarse localmente y apelaron a la ayuda de la UE.
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