"La enseñanza oculta tras la obra de teatro puesta en escena, con un palacio y una carpa de fondo"

Estamos viendo lo que los mayas definieron como "el salón de los espejos", un momento evolutivo clave en donde el hombre entenderá que lo que está fuera es un fiel reflejo de cómo somos por dentro. Esto nos lleva a comprender que aquello a lo que resistimos persiste, pues está ahí portando una enseñanza oculta para que la develemos y podamos seguir creciendo.
Sin ánimo de ridiculizar, ni minimizar lo que está sucediendo en el conflicto que mantiene el municipio con el sindicato de trabajadores municipales, como ciudadano quiero expresar de manera pública mi sentir, como una manera de llamar a la reflexión, de modo que afloren alternativas de solución que sean creativas y no basadas en la violencia.

De manera directa o indirecta, cada uno de los olavarrienses asiste diariamente a lo que podríamos definir como una gran "obra de teatro" que está montada para enseñarnos si estamos dispuestos a ver la vida con los ojos del alma. El escenario no es nada más ni nada menos que la vereda de la Municipalidad, en donde comparten tablas la carpa y el palacio.

¿Qué es lo que esta obra nos enseña? Que en la ley del "ojo por ojo" todos pierden, y que haciendo más de lo mismo lo único que hacemos es consolidar una forman densa de vibrar, que desvirtúa la esencia de lo que en verdad se está buscando: que el hombre viva dignamente y de manera más humana.

Si lo que está fuera no nos gusta, en vez de criticarlo y maldecir, tenemos que cambiar, pues en "el salón de los espejos" se muestra que de nada sirve que le grites al reflejo de tu imagen. Sólo cambiando uno, eso que está reflejado ahí afuera -en ese gran espejo llamado "realidad"- se modificará. Si critico al violento siendo violento al hacer que otros escuchen música fuerte todo el día con canciones de protesta, y hago que los chicos que van a la escuela respiren un aire viciado por gomas quemadas, me convierto en lo mismo que digo que quiero cambiar. Me convierto en otro violento que privilegia su derecho a protestar por sobre el derecho de los otros a descansar y respirar.

Qué distinto sería si en esta gran obra las gomas fuesen usadas para crear una especie de muro que muestre cómo la falta de diálogo impide que físicamente nos podamos abrazar, y si los pasacalles expresaran mensajes de unidad en vez de críticas. Qué distinto sería si la carpa estuviese adornada con trabajos hechos en los colegios, en donde los chicos manifestaran la importancia de ser más sensibles, y la música fuese esperanzadora y no tan taladrante.

Qué distinto sería también si en esta gran obra viésemos que el rey -en vez de realizar anuncios desde su trono- sale de su palacio para sentarse a dialogar en la carpa, sin por ello creer que eso sería un rasgo de debilidad, cuando en realidad sería el más bello gesto humanitario, que denotaría gran sabiduría. Qué distinto sería si en esta gran obra apareciesen aquellos a los que les han dado el papel de concejales alentando a la unidad, sin andar especulando o evitando tomar parte por miedo a perder futuros puestos o votos.

Qué distinto sería si los del palacio y la carpa salieran juntos al escenario, trascendiendo todo ego, para expresarle al público que no quieren la violencia, pero reconocen que hoy no encuentran alternativas viables de solución que satisfagan a ambas partes, y convocan abiertamente a entidades, agrupaciones civiles o vecinos para que acerquen alternativas superadoras del conflicto.

Sé que por expresarme así, algunos supondrán que soy idealista. Los mayas dirían que soy humano. Sé que esta obra que presencio también está frente a mis ojos para que en este juego de enseñanzas me anime a plasmar mi sentir y lo comparta, como una manera de ayudar a que este obstáculo se transforme en un escalón que nos ayude a elevar.

Para evitar especulaciones, dejo en claro que no milito en partido alguno, ni tampoco me embandero bajo ninguna ideología en particular. Soy un vecino que a través de esta reflexión quiere alentar a que hagamos de esta obra una enseñanza para todos, ya que somos partícipes por el simple hecho de vivir en esta ciudad.

Sea por el lado de la carpa, del palacio o en los dos lugares al mismo tiempo, lo animo a que se acerque al escenario y haga su contribución, pues su parte en esta trama de la obra es muy valiosa, y seguramente tiene una propuesta integradora para acercar, en donde prevalezca el respeto, la unidad y la sensibilidad, por sobre todas las cosas, de modo que nuestros hijos comprendan que el camino de la violencia conduce, inevitablemente, a más violencia; y que la verdadera alternativa para el cambio consiste en vibrar en el amor.

Como vivo frente a la plaza central y tengo una butaca privilegiada en esta obra, mientras escribo estas líneas escucho de fondo la canción que dice "el pueblo unido jamás será vencido". Esa frase está en lo cierto. El pueblo unido jamás será vencido, pues si toda la humanidad se une como si fuese un gran pueblo, una gran familia, ya no habrá con quién luchar; y si no hay con quién luchar, palabra como vencer y dominar se desvanecerán, pues no habrá fronteras, banderas ni ideologías que defender. Ese será el momento en donde el hombre habrá despertado a una nueva realidad, en donde sabrá que todo lo vivido estuvo dispuesto para ayudarlo a seguir evolucionando.

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