El magnate Andreas Vienopulos es mencionado como una figura en ascenso, un "Berlusconi griego"
El descrédito hacia la política y los políticos suele ser patente en las manifestaciones en contra del durísimo plan de austeridad cuando la gente, al llegar al Parlamento, empieza a corear el grito "¡ kleftes - kleftes !" ("¡ladrones, ladrones!").
Tal es el hartazgo hacia la clase política, culpable de haber llevado a Grecia al borde de la bancarrota gracias a su gigantesco déficit, que nadie descarta que en el horizonte pueda aparecer aquí un "Berlusconi griego".
La persona más mencionada en este caso es el magnate Andreas Vienopulos, un hombre de negocios de 57 años, con intereses ligados al mundo árabe, que no esconde sus ambiciones políticas. Vienopulos es dueño de la Marfin Bank Egnatia, cuya filial de la calle Stadiou fue incendiada el miércoles pasado por encapuchados que provocaron la muerte de tres personas y dejaron al país en estado de shock. Es también presidente de la aerolínea Olympic, la mayor del país, y del Panathinaikos, uno de los dos equipos de fútbol más populares de Grecia.
"Los griegos estamos hartos de la clase política tradicional, de la oligarquía que siempre ha gobernado este país. Veríamos con buenos ojos a alguien que no pertenece al sistema y que ya tiene dinero, por lo que no irá necesariamente a robar la plata de los trabajadores", dice a LA NACION Sardous Sinadinos, de 36 años, empleado de una compañía electrónica, que cuenta que perderá el 10% de su salario y que tiene una mujer y un hijo que mantener.
"Estas medidas de austeridad son correctas, pero estoy indignado con los dos partidos políticos, socialistas y conservadores, que siempre toleraron esta situación y que durante los Juegos Olímpicos de 2004 gastaron muchísimo dinero", agrega, mientras toma un helado en la plaza Syntagma junto a su familia.
Sinadinos alude al sistema dinástico-familiar que rige en Grecia, en el que se alternan en el poder dos familias: los Karamanlis y los Papandreu. Un sistema que nadie descarta que pueda comenzar a resquebrajarse con la catástrofe actual, de consecuencias impredecibles no sólo para Grecia sino también para toda Europa.
En este clima de exasperación popular por las durísimas medidas de ajuste (a nadie se le había ocurrido nunca quitarles a los empleados públicos ese beneficio de los 14 sueldos, que cobraban en Pascua y en las vacaciones, también sagradas) es que aparece en Grecia la figura de Vienopulos. Muchos lo conocen aquí como "el Berlusconi griego" o el "rey de la antipolítica", tal como destacan los comentaristas locales.
Vienopulos es considerado una figura emergente en el desgastado panorama político de Grecia. Este empresario se hizo muy popular después de haber participado recientemente en un conocido programa televisivo nocturno en el cual propuso solucionar la crisis financiera sin involucrar ni al odiado FMI ni a la Unión Europea, sino apuntando a privilegiar a los inversores árabes, que son desde siempre sus aliados.
Se trató de una propuesta que cosechó muchísimo consenso en la opinión pública, no sólo porque fue expuesta en forma muy clara, a través de una dialéctica brillante, con el lenguaje de la calle, sino sobre todo porque proponía una solución que no incluía sacrificios para las familias ni cortes de salarios.
Es por esto que muchos creen que Vienopulos está pensando saltar a la arena política, algo que él hasta ahora ha desmentido. De todas formas, el empresario, que tiene una fortuna estimada en 800 millones de euros, hizo en los últimos tiempos varias propuestas con claro tono populista.
Propuso que se les pida a los políticos que presenten una declaración de sus ingresos cuando sean elegidos y cuando terminen el mandato, para controlar si se enriquecieron. Y su pregunta favorita es: "El ex premier Karamanlis llegó al poder con 180.000 millones de euros de deuda en 2004 y entregó el mando en 2009 con 300.000 millones. ¿Adónde fueron a parar los 120.000 millones que faltan?".
El miércoles pasado, Vienopulos apareció, con anteojos oscuros y rostro sombrío, en la sucursal incendiada. Cuando llegó, fue silbado por haber obligado a sus empleados a trabajar pese a la huelga, porque la sucursal no tenía vidrios blindados y porque mantener abierta una filial en una jornada de alta tensión era considerado de lo más imprudente.
Pero muchos analistas recuerdan siempre: "Los griegos no tienen memoria". Y en una situación tan volátil como la actual, en la que la gente muestra gran exasperación con la clase política, Vienopulos, un outsider, sigue teniendo chances de convertirse en el futuro "Berlusconi griego".
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