Es, sin duda, una de las vergüenzas tucumanas. Está desparramada en todo el territorio provincial y denota la falta de educación y de respeto por el prójimo. La basura forma parte del paisaje y hasta ahora han sido infructuosos los intentos del gobierno por erradicar este problema cultural de nuestra sociedad. La limpieza de muchos baldíos dura pocas horas. Pero también es negligencia de los responsables de que la recolección se efectúe correctamente.
Pocas veces ha ocurrido que la basura pueda despertar la violencia, por ahora y afortunadamente, no consumada, de un vecino que harto de que arrojen desechos en un terreno, ha colocado un cartel amenazante. Ello sucede en un baldío ubicado en las calles Santo Domingo y Panamá, de Yerba Buena. Un letrero que anuncia la prohibición de arrojar basura dice: “lo bajo a tiros”. La esquina se ha convertido desde hace tiempo un conocido vaciadero a cielo abierto. En alguna oportunidad, la Municipalidad de esa ciudad anunció que iba a erradicar los vaciaderos clandestinos. Los vecinos aseguran que no sólo los carreros tiran todo tipo de desperdicios, también alimentan el basural inadaptados que llegan en camionetas. Se quejan porque el servicio de recolección domiciliaria es deficiente. “Pagamos nuestros impuestos para que el basurero pase todos los días. Pero eso no se cumple”, dijo una señora. La Municipalidad también anunció en varias oportunidades que sancionaría con multas a quienes tiraran desechos en lugares prohibidos, luego de que se descubriera que numerosos comerciantes y pobladores dejan su basura incluso en las platabandas.
Es, por cierto, una amenaza extrema la formulada por ese vecino, por más que esté harto de la indiferencia y la ineficacia municipal. Es comprensible su malestar, pero de allí intimidar con matar, debe preocupar sobremanera. Por otro lado, las autoridades municipales deben hacer realidad sus anuncios y darle una solución concreta a los ciudadanos que pagan sus impuestos y con razón, exigen buenos servicios.
Meses atrás, la Legislatura modificó la ley N° 7.883, sancionada en 2007, que prohibía el traslado de residuos en vehículos no habilitados y la conformación de los basurales clandestinos. Las autoridades de aplicación pasaron a ser la nueva Secretaría de Saneamiento y la Policía. El secretario de Saneamiento dijo en julio pasado que estaba trabajando con todos los municipios de la provincia y habilitarían una línea gratuita para que el vecino denunciara la existencia de los vaciaderos. ¿Qué sucedió entonces? ¿Se sancionó a alguien? ¿Se diseñó alguna estrategia para erradicar esta mala costumbre?
En otras ocasiones, hemos señalado que la educación es el punto de partida para contrarrestar este problema cultural, realizando campañas en escuelas y colegios para concientizar a los chicos de la importancia de la higiene urbana. Esta debería estar acompañada por la sanción al ciudadano infractor y desaprensivo. Podría pensarse en una legislación que contemplara multas onerosas a quienes arrojaran desperdicios en la vía pública o que el transgresor tuviese que pasar 24 horas arrestado en una comisaría o apelar al recurso de la probation, de manera que deba limpiar solo un basural. Podrían crearse patrullas ecológicas. “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, afirmaba Albert Einstein. Sería interesante que alguna vez se siguiera su consejo.
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