La enfermera española infectada con el virus admitió descuidos

La enfermera española infectada con el virus admitió descuidos

Habla con la voz pastosa y le cuesta terminar las frases. Aislada en la habitación de hospital donde lucha contra el Ébola, la enfermera Teresa Romero Ramos admitió que pudo habersecontagiado al tocarse la cara con los guantes después de atender a un sacerdote español infectado con el virus.

"Creo que el fallo está en quitarse el traje. Lo veo como el momento más crítico, en el que pudo pasar, pero no lo sé con seguridad", dijo al sitio web de El País, en una de las varias notas que dio a través del celular en su tercer día de internación.

Germán Ramírez, jefe de medicina interna del hospital Carlos III, informó en una conferencia de prensa: "Ella está algo confundida con tantas llamadas. Pero me autorizó a comunicar que cree que hubo un contacto con el rostro al retirarse los guantes, mientras se quitaba el traje de protección. Fue un accidente, no un error."

La enfermera es la primera persona que se contagia el Ébola fuera de África. La noticia causó conmoción, pánico e indignación en España, al revelarse la cadena de errores de seguridad durante el traslado desde Sierra Leona y Liberia de dos sacerdotes que tenían la enfermedad y que murieron en Madrid.

El relato de sus últimos días reflejó descuidos alarmantes. Ella, después de atender al último sacerdote repatriado, empezó a tener fiebre el martes 28 de septiembre. Fue a su centro de salud, en la localidad de Alcorcón, pero no le contó a su médica de cabecera que había estado cuidando a un enfermo de Ébola.

Después siguió en contacto con el Servicio Madrileño de Salud, que debía monitorear a todos los médicos y auxiliares que estuvieron con los afectados por el virus. El lunes pasado, ya con fiebre alta, llamó a emergencias y decidieron trasladarla al hospital universitario de Alcorcón, cerca de su casa.

"Los dos médicos o enfermeros que me visitaron iban vestidos de forma habitual", contó. Tampoco hubo medidas de seguridad especiales en la ambulancia en que la llevaron, que siguió en uso 12 horas más.

Ella se quedó en una habitación sin aislamiento hermético a la espera de los resultados, pero se enteró de que tenía Ébola por el celular. "Intuía algo porque al principio los enfermeros y médicos de Alcorcón entraban cada hora y, luego, ya dejaron de entrar mucho rato. La última vez entraron con buzo blanco, pregunté al médico por mi resultado y no me lo quiso decir muy claro. Tomé el celular y vi que El País ponía que había dado dos positivos con Ébola, pero a mí no me lo dijo nadie. Nadie te dice: «Teresa, tienes Ébola»."

En un intento por prevenir la propagación del virus, ya son 84 las personas que se encuentran en observación por haber estado en contacto con la enfermera en los últimos diez días. Su marido sigue internado en cuarentena en el sexto piso del hospital Carlos III. Como no tiene síntomas, todavía no le hicieron las pruebas de laboratorio.

El gobierno decidió acondicionar también el quinto piso del hospital para atender casos sospechosos que presumiblemente pueden acumularse en los próximos días. Y mientras su actitud se convirtió en centro del debate político, Romero sólo confía en curarse: "Espero salir de ésta. Tengo que salir".

Quien no se salvó fue su adorado perro Excálibur. Las autoridades sanitarias lo sacrificaron ayer, a pesar de las protestas de asociaciones defensoras de animales..

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