El gobierno ordenó ayer una nueva evacuación por temor a que la radiactividad se expanda. Cómo es la vida cerca de Fukushima.
“Mi mandre y yo estamos quedándonos en nuestra casa, donde nos refugiamos tras el accidente”, declaró Saito. “La nafta fue destinada a las actividades de rescate. No había combustible a disposición de la población civil. Las colas en los supermercados fueron horribles durante los dos días siguientes al terremoto. Yo sólo quería un poco de comida de un local de comestibles, pero me di por vencido después de ver las largas filas que se habían formado”, completó el joven. A pesar de la dramática situación, el ingeniero y su madre lograron sobrevivir porque habían comprado alimentos un día antes del terremoto y del tsunami. Muchos japoneses que viven en la zona de exclusión se abarrotaron de alimentos en los primeros días luego de la tragedia y, siguiendo las directivas del gobierno, se encerraron en sus domicilios, evitando las actividades al aire libre.
Los habitanes de la región contaminada no sólo se enfrentaron a la odisea de no disponer de alimentos, sino que también debieron someterse a pruebas para verificar el grado de exposición a la radiación que tuvieron, y sólo luego de aprobar esos exámenes, el gobierno japonés les expide un certificado que los habilita a abandonar Fukushima. “Los últimos días dormí dentro de mi auto”, afirmó Martin Mc Keown, un ciudadano británico que vive en la ciudad de Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi. Como él, muchos vecinos continúan en sus ciudades, atrapados entre el impulso de huir y el deseo de no dejar atrás sus vidas. “La razón por la que no nos vamos es la falta de gasolina, pero en realidad a mi madre no le gustaría irse incluso si pudiéramos. Por supuesto que yo no me quiero ir, pero tampoco quiero morir”, explicó Saito, en una síntesis perfecta del drama que sufren los japoneses que viven a tan sólo treinta kilómetros de Fukushima.
La grave crisis obligó ayer al gobierno japonés a proponer la “evacuación voluntaria” de todos los vecinos que viven en ese radio de la planta nuclear. Aumentando aún más el dramatismo que se vive en las inmediaciones de la central, el primer ministro Naoto Kan aseguró que la situación es “altamente imprevisible” y que las autoridades evalúan elevar la calificación del accidente a seis, un nivel menos que el alcanzado en Chernobyl.
Según el canal de televisión japonés NHK, los niveles de radiación ya superan los límites permitidos en cinco prefecturas: Fukushima, Ibaraki, Chiba, Saitama y Tochigi. Con base en esos preocupantes datos, el vocero del Ejecutivo nipón, Yukio Edano, alentó a los habitantes que viven en la zona ubicada entre veinte y treinta kilómetros de la planta a abandonar sus casas y dirigirse a los refugios habilitados por las autoridades, que albergan a 400 mil evacuados. “La situación es altamente imprevisible, trabajamos para evitar que empeore esta tragedia”, aseveró Kan, cuando se cumplían dos semanas del sismo y el tsunami que dañó el complejo nuclear y dejó 10 mil muertos y 18 mil desaparecidos
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