La empresa sostiene que usarán tecnología de avanzada

El debate por la megausina de carbón que se construye en la localidad santacruceña de Río Turbio se prolongó hasta Tierra del Fuego debido al temor de una grave contaminación ambiental. A pesar de las críticas de asociaciones civiles, la empresa responsable de la obra destaca el uso de tecnología de última generación, cita recientes estudios, y niega la posibilidad de que los gases lleguen a los glaciares de la provincia patagónica donde se desarrolla el proyecto.
Días atrás, el miembro de la Asamblea Ambiental Ciudadana de Río Gallegos, ingeniero Luis Delía, había desatado una controversia en la capital fueguina. El especialista dijo que el impacto ecológico será negativo para toda la Patagonia, y particularmente para Punta Arenas en Chile, Río Grande y Ushuaia; luego, desde el Gobierno local, advirtieron que todavía no se presentó ningún indicio que haga suponer que la contaminación pueda llegar hasta nuestro extremo sur.

Los principales cuestionamientos surgen de la organización ecologista Greenpeace, que impulsa una fuerte campaña publicitaria contra la central termoeléctrica. No obstante, el representante de la firma Isolux Corsan, Juan Carlos Goicochea consideró que “evidentemente, es un problema de absoluta naturaleza política, de absoluto desconocimiento técnico de lo que ocurre en la obra y de los trabajos realizados”; teniendo en cuenta, a su vez, que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner avaló la usina en razón de la producción de energía que se distribuirá después al resto del país.

“Río Turbio inició con un estudio de impacto ambiental en el año 2008, con la presentación de un informe muy concreto, que fue sujeto a un exhaustivo análisis por la Secretaría de Medio Ambiente de Santa Cruz; se hizo una serie de sugerencias y de observaciones, se corrigió, se aprobó, y se otorgó el certificado medioambiental”, sostuvo el empresario.

Además, hizo especial hincapié en el equipamiento y aseguró que se trata de “altísima tecnología”; mencionó que existen ocho centrales en el mundo que trabajan con los mismos equipos, y a excepción de la instalada en Argentina, el resto se encuentran en Estados Unidos y Europa.

Según expresó Goicochea, la mitigación de gases en atmósfera “está por debajo de las normas medio ambientales de la comunidad europea, que son las más exigentes, incluso más que las normas de la salud de la ONU mundial”. “La chimenea de Turbio disipa los gases –continuó–, bajo esas normas de estricto control que he señalado, a 90 metros de altura que tiene la chimenea, con un promedio de vientos a esa altura de 70 km por hora en dirección a Ushuaia, con lo cual es muy difícil que llegue ni una partícula de emisión para el lado de los glaciares, porque tenemos 300 kilómetros de distancia y con el viento que sopla exactamente al revés; hasta una simple inspección ocular denota lo que estoy diciendo, es decir que ni siquiera es una cosa que haya que comprobarla”.

“Esta central refrigera aire, que también es otro costo muy alto, para ni siquiera utilizar el agua del río, que es otra de las tantas cosas que se dijo, que se iba a contaminar el agua del río, cuando se refrigera aire y no se refrigera agua”, subrayó el presidente de Isolux Corsan.

Goicochea agregó que, este año, una consultora internacional efectuó estudios de los peces del Río Turbio a 200 metros de la planta, “para ver los depósitos de metales pesados”; investigaciones sobre el estado del suelo hasta un metro de profundidad; un monitoreo del aire delante y detrás de la central; y una evaluación de las condiciones de salud de la población. “Hemos quedado sorprendidos, porque la base que dio el estudio es mejor que la que teníamos en 2008, cuando empezamos”, aseguró el empresario.

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