La emergencia sanitaria y un colatazo inesperado por las inundaciones

La emergencia sanitaria y un colatazo inesperado por las inundaciones

Las conversaciones retomadas entre la Municipalidad de Santa Rosa y Aguas del Colorado para que la Provincia aporte recursos económicos y de otro tipo para la recuperación de la capital provincial terminaron siendo una buena noticia 

Después de los inconcebibles cortocircuitos que marcaron la relación y que llevaron en algún momento a que la empresa en la que el Estado tiene fundamental participación “retirara” la propuesta de apoyar en las soluciones necesarias.

Pocas horas duró lo que en realidad había sido una puesta en escena, o en todo caso el resultado de un capricho, cuando Juan Mecca decidió plantar a los concejales y enviar una nota formal anunciando algo así como el fin de las relaciones, como parte de un proceso que el concejal justicialista Araldo Eleno acertó a describir como una suerte de “telenovela”.

Sería saludable, fundamentalmente para los ciudadanos, que estos chisporroteos hayan sido los últimos que se generan por asuntos de tan poca monta como las declaraciones que un dirigente puede o no hacer a un medio de comunicación.

Si frente a un problema de la magnitud que tiene la emergencia sanitaria en Santa Rosa los funcionarios, sean de la jurisdicción y del color político que sean, no pueden ponerse los pantalones largos, mal puede esperarse una solución en tiempo y en forma, partiendo de la base de que se corre desde atrás luego de años de desidias, negligencias y desinversiones.

Mecca argumentó que no le habían gustado los dichos de “mala fe” de algunos ediles, pero esa no es una situación por la que pueda apartarse de sus obligaciones: la caótica situación de la capital pampeana debe ser abordada con seriedad, como política de Estado, porque además fue uno de los compromisos principales que tomó -en campaña electoral e incluso después de ella- el gobernador Carlos Verna.

Sí debe señalarse que los funcionarios municipales también harían bien en unificar sus criterios frente a la problemática, porque a veces da la sensación de que mientras el intendente plantea públicamente algunas palabras que suenan bonitas también a oídos del funcionariaje provincial, algunos de sus concejales hacen observaciones en otro tono, no se sabe si por propia decisión o como parte de una estrategia previamente diseñada que incluye la participación de “buenos” y “malos”.

El asunto central es que la ciudad merece y ahora ya no solo eso, sino que más bien necesita de modo imprescindible, la concentración de esfuerzos, energías y recursos en mejorar un estado de cosas que la vuelven una ciudad en serios problemas.

Durante la semana que se fue, Santa Rosa -la de las calles rotas en todos los barrios, la del transporte público en crisis, la de la planta de empleados inflada y la de los despidos como “idea enriquecedora” para solucionarlo- sufrió además los anegamientos como consecuencia de una tormenta y la falta de agua en los domicilios por las fallas en el acueducto del río Colorado y en el acuífero Anguil-Santa Rosa, además del olor que se vuelve característico en numerosos barrios y que no es precisamente delicioso.

Frente a ese panorama, el planteo oportunista de la Administración Provincial del Agua, acusando al intendente por intereses políticos-partidarios, es un capítulo penoso: Julio Rojo firmó una nota para decir que Altolaguirre no hace nada, que es “indiferente” a los problemas y que ostenta una suerte de “impericia” para abordarlos.

Muchas cosas podrán cuestionársele al jefe comunal, y desde este espacio se marcaron y marcarán errores, carencias y limitaciones, pero parece hasta un mal chiste hacerlo responsable de una situación de crisis que él no generó, y con la que se topó formalmente hace apenas dos meses, después de larguísimos años -y décadas- en que otros funcionarios, generalmente del justicialismo, de veras fueron indiferentes y de veras mostraron impericia, o en todo caso evidenciaron mucha pericia para meter la pata o para meter la basura bajo la alfombra.

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