Dos elecciones, José y las panzas llenas

Hoy Alperovich debe quedar bien con Cristina. Los peronistas descontentos pueden usar estos comicios para hacer saber su disconformidad. Salvo para los radicales, se irá a votar con todo dicho. En 15 días, por el contrario, se elegirán 500 personas domingo 28: Un negocio en juego.
Domingo 14: el juego de los mensajes

Por primera vez, los argentinos darán este PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias). Fueron creadas para elegir candidatos, pero en todos los partidos se utilizó un sistema antidemocrático, como es el dedo, para no tener que PASar por este escollo. Por lo tanto los electores -confundidos debido a la cercanía de los comicios tucumanos del 28 del corriente, en el que elegirán todo- sólo deben ratificar vocación cívica. Salvo en el caso de los radicales, en el que seis listas se pelearán hoy por decidir quiénes serán los candidatos a diputado nacional el 23 de octubre. Por lo tanto, el interés se ha diluido.

Hoy el voto no delegará poder. En Tucumán será una cadena de mensajes del oficialismo y de algunos simpatizantes de las fuerzas de la oposición (excepto la UCR). Los independientes podrán disfrutar, porque no tendrán ni votos cuotas, ni empleos engrillados, ni inversiones emplazadas: podrán expresar su afecto, aún cuando el 23 de octubre se sientan condicionados a decir lo contrario.

Los comicios de hoy son un problema de José Alperovich. Cualquier dirigente oficialista (alperovichista de la primera hora o peronista de vieja data) coincide en esa definición. Trabajar para estas elecciones significa malgastar dinero que vendría muy bien para los comicios del 28 en los que, además, cada dirigente se juega la vida o, para no exagerar, por lo menos cuatro años más de panza llena. Por eso hoy no habrá fiebre movilizadora. Apenas se sentirá un calorcito para que Cristina no se haga los rulos. Alperovich, que sueña con más de 500.000 votos para el 28, sospecha -aseguran los "sijosesistas"- que 250.000 sufragios alcanzarán para irse a dormir tranquilos y dejar a la Presidenta contenta.

Los peronistas que no nacieron del embrión ni de la plata alperovichista -aunque sí se alimentaron de ella- tienen la posibilidad de decir algunas verdades (si las gritaran, recibirían reprimendas, cheques devaluados y hasta verían desaparecer algunos cargos, cooperativas o subsidios). Son esos peronistas los que intentarán decir que la lista de diputados nacionales no los representa, que no tienen peronistas de pura cepa, salvo el primo Benjamín; aunque sus antecedentes de Guardia de Hierro ya están un poco herrumbrados. Alfredo Dato, Beatriz Mirkin y el citado primo que se apellida Bromberg llevan el ADN de José, no del PJ. Se completa la lista con Marcelo Santillán que no es ni lo uno ni lo otro; lleva sangre de La Cámpora. Esa composición ha desilusionado a más de uno de los dirigentes; por eso va a estar para alquilar balcones el escrutinio, si es que se deciden a pasar mensajes.

Si todo esto no es la especulación trasnochada, se verá un corte de boletas entre los candidatos a presidente y a diputado oficialistas. Habrá que poner atención para ver si otro tipo de descontento se expresa en el engorde de otros postulantes peronistas y anti kirchneristas. Un caso raro es el de Stella Maris Córdoba -más K que cualquiera de los hiperkichneristas de hoy- y, sin embargo, se siente una extraterrestre y hoy seguramente se cruzará de brazos, porque las primarias son un problema de Alperovich.

La fiesta de la democracia se ha convertido en un excelente negocio a inmediato, corto, mediano y largo plazo según se trate de un taxista, puntero, dirigente o político de primera línea, respectivamente. Por eso estos comicios son el PASO previo para recaudar fondos para el 28. Con esas intenciones, más de un dirigente ha puesto en alquiler su estructura. Los principales interesados son los radicales.

Ayudados por los amigos, los pesos (pesados y volátiles, blancos y negros) y por las apetencias hoy en la Unión Cívica Radical habrá dos listas que festejarán y cuatro que se quedarán en la banquina de la política. Los primeros armarán la lista de candidatos para el 23 de octubre y, sin quererlo, le habrán dado un sentido a este PASO electoral innecesario después de que los propios inventores le arrebataron su sentido.

Domingo 28: un negocio en juego

Por primera vez los argentinos darán este PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias). En Tucumán poco preocupa, en realidad confunden. Las PASO no deciden nada (salvo que sean radicales) y las de dentro de 15 días ponen en juego medio millar de cargos. El 28 se elegirá un gobernador, 19 intendentes, 49 legisladores (25 suplentes), 93 comisionados rurales (93 suplentes) y 184 concejales (91 suplentes). Se trata de 556 personas que tendrán el poder los próximos cuatro años.

No hay apatía y la inversión de plata es infernal e incalculable. Se habla de millones y el que cuenta el dinero por miles tiene más certezas de no llegar al cargo que aspira que seguridad en sus convicciones. En los últimos tiempos la democracia a la que solía ensanchársele el pecho con la llegada de cada elección hoy se muestra desnutrida con los procesos electorales.

La confianza ha desaparecido. Tanto es así que los políticos apuestan a sus esposas, primos, hijos, cuñados y a cuanto pariente encuentren a mano para armar las listas. Ocurre que la actividad proselitista hace mucho que ha dejado de ser la unión de ideales y de proyecto. Se convirtió en un negocio en el que cada cuatro años se compran votos y operativos para ponerlos dentro de las urnas y luego "si te he visto, no me acuerdo". Por su parte el ciudadano también ha entendido esto y va comprometiendo su trabajo en cuotas que se pagan con obras, pero también con planes y subsidios de todo tipo y colores y con un bonus que se abona el día de los comicios.

En esta elección ha aparecido un trabajo nuevo que no existía en anteriores elecciones: el movilizador. Este flamante trabajo antes era cumplido por el puntero, pero la profesionalización del voto ha incorporado esta nueva figura. El escalafón determina que un movilizador puede cobrar el domingo un básico de $ 1.500, siempre y cuando asegure un auto que lleve como mínimo 40 personas entre las 8 y las 18. No debe confundirse con el puntero cuya tarea es lograr que los fiscales estén en cada mesa y los apoderados, en cada escuela. Su paga va por otro lado y son a la vez tesoreros de esos fiscales a los que pueden llegar a abonarles más de 300 pesos y hasta 1.000 según la fidelidad, desconfianza o candidato.

Dentro de dos semanas no sólo se disputarán ese medio millar de cargos, se juega mucho más. Si Alperovich consigue imponer a "los hombres de José" en la Legislatura y logra que 33 (dos tercios) de las 49 bancas estén ocupadas por "sijosesistas" podrá acceder a una nueva reforma constitucional y avanzar hacia su soñada reelección indefinida. Si nada de eso se cumple empezará el final de la gran guerra de sucesión. Beatriz Rojkés, Osvaldo Jaldo, Sergio Mansilla, Domingo Amaya y Edmundo Jiménez no pueden ocultar que ya están pertrechados.

Los electores tienen en sus manos la elección de aquellos que se asomarán al umbral del 9 de Julio de 2016. Se trata de los que definirán las obras, los homenajes o desaires a los próceres que abrieron paso a la Independencia argentina. Tucumán estará en la mira del mundo, como ocurre en estas ocasiones donde se celebra la libertad.

Cuatro años es tal vez tiempo suficiente para reformular la relación que hoy tiene el político con el elector. El independiente lo mira con resquemor y el que tiene alguna identificación sólo como un benefactor o dador de trabajo. El dirigente y el puntero -como lo recuerda Martín Caparrós citando a Tomás Abraham en "Argentinismos"- ya no se funden en un abrazo, ya no son dos hombres que luchan codo a codo por un fin, se han convertido o un empleador y un contratado que cumple funciones según la paga y al mejor postor. La escena del abrazo ya no figura en la vida del político, tal vez por eso los concejales son capaces de hacer propuestas propias de intendentes o de legisladores y viceversa.

El 28 se asoma como el final de un gran negocio y no como la elección de las personas en las que se confía para delegar el poder.

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