Quedó en claro ayer que ser Payamédico va mucho más allá de disfrazarse para hacer reír. Evidentemente conlleva responsabilidades dentro y fuera de una habitación hospitalaria.
“La idea principal es ser conocidos, para que golpear la puerta de los hospitales sea más fácil”, contaba Bascuñán cuando anunció la idea en este medio. Fue completo el mensaje en esa oportunidad, que no se trata de ser nada más que payasos que entretienen a los chicos; sino que la idea es contribuir a la salud emocional de ellos. El curso para aprender a ser payamédico dura varios meses y puede ser realizado por cualquier mayor de 18 años que haya terminado el secundario. Lo dictan formadores -un médico y dos actores- y está dividido en tres etapas. Los tres primeros meses se realiza una capacitación teatral para aprender la técnica del clown, que es algo así como enfrentar a la vida desde el humor.
Luego se pone en marcha el segundo módulo, consistente en ejercer la ‘payamedicina’. La última parte es la que se denomina ‘payantías’ (siempre utilizando este lenguaje especial), que consiste en que tres o cuatro aspirantes hagan sus prácticas en el hospital junto a un payamédico ya recibido. Una vez adentro de la institución donde van a trabajar, pasan por tres instancias. En primer lugar realizan ejercicios de relajación, aflojando el cuerpo para estar en condiciones en la intervención, que no demora más de 15 minutos y no se hacen más de dos o tres por jornada.
Luego, revisan la historia clínica del paciente, para que nada quede librado al azar y para planificar el modo de trabajar. “Pero una vez que estás con el paciente puede pasar cualquier cosa”, explicaron. A continuación, tras haberse disfrazado, llega el momento de la intervención propiamente dicha. “Te olvidás del yo y trabajamos sólo con la imaginación. No llevamos nada, ni caramelos, ni ropa para donar. Nada. Además respetamos mucho al paciente. No es que les imponemos qué deben hacer, sino qué creamos junto a ellos”, explicaba ayer uno de los recibidos.
La tercera instancia es la que denominan cartografía. Aquí hay una vuelta al yo, donde se cuenta en tercera persona lo vivido en la habitación del paciente. Los cartógrafos (sic) -psicólogos, psicopedagogos y psiquiatras- hacen la devolución de la situación, interpretando cada una de las experiencias del payamédico. “Intentamos cambiar la energía para que todo el hospital tenga un ánimo optimista. Porque a veces es duro lo que se ve”, advierte uno de los hombres del grupo. “Luego de las intervenciones la evolución de pacientes deprimidos, por ejemplo, es notable”, agrega.
La ‘payaética’
Quizás no muchos imaginen el trasfondo y los valores que estos profesionales del arte de hacer reír (y curar) manejan. Por ejemplo, el vestuario, aunque puede parecer descuidado, es riguroso en cuanto a los colores y ciertos aspectos que tienen que ver con no generar imágenes equivocadas. “No usamos colores oscuros sino claros y armónicos. Las chicas, además, van cubiertas apropiadamente. Porque no sirve que vayan con un escote que genere erotismo”, explicaban ayer, agregando que lo importante es alentar a la fantasía.
El lenguaje, como se ha visto, es otro elemento cuidadosamente tratado. Así, cuentan que tratan de no utilizar palabras que pueden sensibilizar al paciente o bien, agravar su situación: “No usamos palabras como fuego, término, fin o cielo, entre otras, que hagan referencia a la muerte. Tratamos de que el lenguaje sea neutro y con un tono de voz apropiado”.
Por último, y también en relación con el lenguaje, el payamédico explica que uno de los objetivos esenciales es desdramatizar. Por ejemplo, en vez de maletines dicen ‘buenetines’ (para destacar la palabra ‘bueno’ y no usar ‘mal’); ‘jeringatraca’, uniendo jeringa y matraca; ‘estetoflorio’, que es un estetoscopio que transmite buenos pensamientos; o ‘suerófono’, entre otros neologismos. “La payaética incluye ideas sobre la higiene, la seguridad y la forma de acercarse al paciente. Por eso hacemos hincapié en la necesidad de los cursos”, finalizaron explicando.
Presencia
“Este es un acontecimiento importante para nosotros en lo personal, Payamédicos es un sueño hoy hecho realidad. Terminamos una etapa de capacitación lo cual nos promoverá a una nueva etapa que es la de poder intervenir, en este caso, en un medio hospitalario, me quedo con una enseñanza de esta experiencia: cuando uno tiene sueños debe luchar y creer por ellos”, dijo Bascuñán en la primera oratoria de la tarde en el escenario de MEDANO. Por su parte, Cristian Velázquez, identificado como ‘profesor itinerante’, también dijo lo suyo en General Pico, ciudad que lo cobijó durante 15 días para concretar el primer tramo de la instrucción.
“Payamédicos nos motiva desde el deseo, de encontrarnos con otras personas que están en un hospital y que por supuesto necesitan este tipo de acompañamiento. Nosotros hacemos una terapia complementaria, trabajamos junto al médico dentro del sistema” explicó. Por su parte el mentor de Payamédicos a nivel país, doctor José Peluqui, también fué partícipe de la colación. Peluqui destacó el gesto del grupo local de predisponerse a la propuesta solidaria, “este es un camino de calor y color para brindar amor a los demás, hay muchos en el mundo que lo hacen, y formamos parte de ellos. No estamos conformes con la sociedad en la que estamos, queremos contribuir una comunidad mejor siendo buenas personas todos los días, esa es la política de los Payamédicos”.
“Estar y encontrarse con el lado más sano de la persona hospitalizada es nuestro propósito, por más que esté enferma anatomo y fisiológicamente puede estar muy sana espiritualmente expandiendo la parte saludable, combatiendo la enfermedad de esa manera” explicó el profesional que dijo ser especialista en terapia intensiva, diagnóstico por imagen y psiquiatra. “Amo la medicina, pero es verdad que falta completarse con amor y humor, eso es lo que venimos a cubrir”, agregó. Instruyó que Payamédicos no sólo trabaja en el ámbito hospitalario, sino que tiene dispositivos que llegan a la problemática de la donación de órganos, “no queremos el payaso sólo en el hospital sino que salga y ayude al comerciante, al policía, con ‘el borracho del barrio’, en definitiva, ‘con todos los actores urbanos’”.
El encuentro de colación en MEDANO concluyó bulliciosamente y esa alegría, tras la entrega de certificaciones, se trasladó a las calles donde se realizó la ‘Payamarcha’.
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