Diez puntos sobre 12, varios resultados consumados en la parte final de los partidos, un libreto más “especulativo”, mejoramientos y una imagen que ha cambiado los ánimos.
¿Qué hizo Morant? En primera instancia, mejorar lo anímico, levantar espiritualmente al equipo y hacerlo fuerte de la cabeza. Éste es el primer síntoma de cambio que acontece con un plantel, cuando se va un entrenador con el discurso agotado y llega otro con nuevas ideas. O por lo menos con una “voz distinta” para llegarle a los jugadores.
Morant no terminó de solucionar los problemas defensivos de Colón, pero está muy claro que hoy el equipo tiene una solidez que con Sensini no tenía. Hubo mejoramientos individuales. Pozo y Urribarri son un ejemplo; el pibe Castillo aprovechó con creces la posibilidad y hoy le ha quitado el puesto a Caire, en tanto que Pellegrino y Raldes, más allá de cierta lentitud natural, son jugadores ordenados y que intentan aportar sobriedad en la zaga.
Pero para conseguir ese mejoramiento defensivo, la realidad es que Colón ya no juega a atacar sino que prefiere esperar. El año pasado, Sensini hablaba de una propuesta ofensiva y de una actitud frontal con el espectáculo. El equipo venía de sacar 31 puntos con Sciacqua sin brillar, es cierto, pero con una dosis de eficacia importante. Esos 31 puntos de Sciacqua más los 29 de Sensini permitieron que Colón sumara 60 puntos en la temporada, clasificando para la Sudamericana y logrando un colchón de puntos interesante para la tabla de promedios. Pero se hablaba de un equipo mejorado en el juego con Sensini, aunque los números no hayan sido tan buenos como los de Sciacqua.
Ahora, con Morant, Colón ha vuelto a ser más eficaz que lúcido. Regala la posesión de la pelota al rival, se repliega en la cancha —al menos de visitante—, defiende en campo chico e intenta atacar en terreno grande. El Flaco —con quien no comparto que diga que es “interino”, porque la dirigencia lo ha confirmado hasta el final del torneo y su continuidad o no dependerá, como la de todos los técnicos, de los resultados que consiga— eligió una receta para mejorar la parte defensiva y es la de regalarse lo menos posible. Si bien por los costados tiene dos volantes con vocación ofensiva como Graciani y Luque, éstos han comprendido la necesidad de plantarse en el terreno propio y desde allí arrancar en velocidad por la banda. Luque tiene más alma de delantero que de volante y, de hecho, Sensini lo había preparado para aquella función y no para la que hoy desempeña. Pero comprendió que es el momento de sacrificarse y así lo intenta, a veces bien y otras no tanto.
Los jugadores y el propio Morant reconocen que al equipo le falta volumen de juego, que hay que tener más la pelota, que se debe jugar un poco más arriba y no tan atrás. Gigliotti, por ejemplo, es el que más reclama el adelantamiento de las líneas, pero más allá de ser el goledor y una de las grandes figuras que tiene Colón, debe entender que es el libreto elegido.
En el fútbol argentino de hoy, buena parte de los partidos los terminan ganando los equipos que menos tienen la pelota. La tenencia y el resultado no son directamente proporcionales. No sorprende, entonces, que Newell’s haya tenido casi un 70 por ciento de posesión contra Colón, pero que los tres puntos hayan viajado de vuelta a Santa Fe.
Lo mejor que ha logrado Morant son los resultados. Esto le otorga tranquilidad y alivio para trabajar, más allá de que muchas voces de alerta se hayan disparado con indebida elocuencia cuando los resultados no llegaban. Hoy ya nadie se asusta de la situación, hay un objetivo interesante a alcanzar (la Sudamericana) y, como siempre, sobrevuela la necesidad de pelear más arriba. Por lo pronto, esta levantada hace que la campaña tenga ya otro color.
Facundo Curuchet y Emanuel Gigliotti,
la dupla ofensiva intocable de Morant. Foto: Matías Nápoli
El estado de Bella
El jugador de Vélez Iván Bella, quien anteanoche sufrió convulsiones al término del partido con Newell’s y debió ser internado, escribió vía Facebook “la verdad no la pasé nada bien. Tuve mucha suerte de que no fue algo más grave”.
Bella dio “gracias a todos los que se preocuparon por mi salud” y agregó que “si Dios quiere en unas horas ya me dan el alta y voy a estar en casa”.
El volante resaltó que “voy a dar lo mejor de mí para que Vélez brille como lo hacemos siempre. Gracias a mis compañeros, a mis viejos, mis hermanos y toda la gente que estuvo ahí dándome fuerzas”.
Y finalizó: “Ahora a cuidarme y a recuperarme, así vuelvo a jugar que es lo que más amo. De esto no me olvido más, fue una muy mala experiencia, pero hoy es un recuerdo”.
Bella cayó desmayado, con convulsiones, justo en el final del partido y fue trasladado de inmediato al hospital San Juan de Dios, de Ramos Mejía, en donde se le realizaron los estudios pertinentes.
El jugador evolucionó favorablemente y por eso pasó de la sala de terapia intensiva a una habitación normal, y ahora aguarda el alta.
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