Por: Hernán de GoñiDespués de que el sindicato de Camioneros anunciara la convocatoria a un paro nacional, como forma de responder a lo que consideran una escalada de agresiones contra Hugo Moyano, la pregunta que quedó flotando fue quién era el destinatario final de la movida.
¿Es una protesta contra la justicia suiza, que puso a rodar una investigación por lavado de dinero centrada en el jefe de la CGT y su familia? ¿El mensaje es contra los jueces locales que llevan adelante investigaciones sobre irregularidades en la gestión de su obra social? ¿O el enojo está motivado por la suma de gestos poco amigables que ven en las entrañas del kirchnerismo?
Es probable que la reacción obedezca un poco a todo. Y aunque en esa lista no está el Gobierno, el dato clave es que la movilización se hará en la Plaza de Mayo, para que resuene lo más fuerte posible en la Casa Rosada. Si hoy adhiere la CGT, será el primer paro general de toda la era K. Con él Moyano pone en juego buena parte de su capital político, con la expectativa de que la frialdad oficial -que hoy lo desvela- mute en algún tipo de aval contra los golpes que recibe. Pero al tomar de rehén a todos los que el lunes sufrirán la falta de transporte, pone al Ejecutivo en una encrucijada difícil y le da argumentos a aquellos sectores del kirchnerismo que consideran que romper con Moyano puede traer más votos que depender de él.

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