Ni por historia, ni por gestión, ni mucho menos por definiciones políticas. Daniel Scioli cree que será presidente en 2015 por la ayuda de Dios. Fue Él –el creador- quien lo preparó para suceder a Cristina Kirchner, el mismo que le puso piedras en el camino antes de que alcanzara la recompensa fina: el sillón de Rivadavia. Y el séptimo día, descansó.
Así lo dejó entrever el lunes en el lanzamiento de la Ola Naranja, una suerte de Cámpora sciolista sin militancia y con abundancia de gorditos portadores de apellidos. El conductor del flamante espacio no es un militante de fuste, con amplios conocimientos y experiencia en política. No es un joven que merezca ser recompensando con el bastón de mariscal. No es alguien que sabe hablar y expresar sus ideas. Es su ahijado Domingo "Mingo" Angelini.
En su sorprendente discurso en La Trastienda, Scioli dijo que “por todo lo que me ha ocurrido en la vida, siento que Dios me preparó para ser Presidente”. Esa es su definición. Nada de arreglar el país ni solucionarle problemas a la gente. Su camino a la Rosada está elaborado a partir de las cosas que le pasaron. Su famosa “recuperación de las adversidades”.
"Yo sé lo que he sufrido y lo que es perder un brazo, pero tener un corazón más grande y tener la cabeza muy clara poder seguir luchando y seguir adelante", desafió. Así que, queridos bonaerenses, ya saben: nuestro próximo presidente será Scioli. Con alguna ayudita del que mira de arriba. Y del papa Francisco.



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