La bochornosa situación que se vio ayer en nuestra ciudad, en el medio de un conflicto que impidió que se iniciara el ciclo lectivo y que ya ocasionó la pérdida de 12 días de clases, es una clara muestra de la grave crisis que está atravesando el país, luego de una década de gobierno K.
Fuera de toda discusión está el hecho de que los docentes se merecen un salario digno, que les garantice poder llegar a fin de mes. Y tener condiciones laborales acordes para desempeñar la titánica tarea que significa instruir a los niños en edad escolar. Ahora bien, el planteo salarial, en este contexto de degradación que estamos viviendo, es apenas una arista de la crisis, que es mucho más profunda y que tiene responsables, con nombre y apellido.
La principal culpable es la presidenta Cristina Kirchner. Desde que los K llegaron al poder, la calidad educativa en la Argentina viene en caída libre. La proletarización del trabajo de los maestros, la ausencia de decisiones políticas que garanticen la excelencia, la exigencia y la disciplina que necesariamente de-ben existir en los procesos de formación, trajo aparejado que la Argentina bajara numerosos escalones en las pruebas internacionales que miden los conocimientos de los estudiantes en áreas como matemática, física y la comprensión de textos.
Los alumnos argentinos de la escuela pública actualmente saben menos que sus pares de Chile, Uruguay y Brasil, y están a punto de ser superados por los colombianos.
Durante todos estos años, el kirchnerismo intentó imponer un proyecto político y económico que profundice la entrega que en los años ´90 había realizado el menemismo. Para poder imponerlo, necesariamente, necesitó atentar contra la cultura y la educación; es decir, destruir los cimientos del sistema vanguardista que se implantó de la mano de Sarmiento en el Siglo XIX y que llevó a la Argentina a ser, hasta hace sólo unas décadas, un país que formaba en sus escuelas y universidades públicas personalidades destacas en el campo de la tecnología, la ciencia y el arte. Los K tuvieron éxito: la matrícula de la escuela pública cayó de forma estrepitosa durante la mal llamada “década ganada”.
Obviamente, hubo dirigentes sindicales que fueron cómplices de todo este proceso, que se callaron la boca, que miraron para otro lado y que ahora se rasgan las vestiduras. Estos dirigentes nada dijeron cuando, en la provincia, se implantó una reforma educativa que destruyó la excelencia educativa. También callaron cuando la Dirección de Escuelas pasó a ser una bolsa de trabajo, repleta de contratos políticos, con miles de empleados ñoquis.
Estos mismos dirigentes sindicales, no por casualidad, hasta hace pocos semanas, aplaudían fervorosamente, sentados en primera fila, en los actos de Cristina Kirchner, quien en los últimos días prefirió irse a Paris, para arreglar el pago que recibirán los acreedores buitres de la deuda externa, en lugar de dedicarse a intentar solucionar el conflicto educativo.
La responsabilidad también le cabe al gobernador Daniel Scioli que, una vez más, ayer decidió encolumnarse con el kirchnerismo, sin mencionar el flagelo de la inflación que lleva a que se estén discutiendo aumentos salariales por encima del 30%. Tampoco reclamó lo que le corresponde a una provincia que aporta el 40% del PBI y que a cambio recibe migajas en conceptos de coparticipación. Si realmente se cumpliera con lo que establece la ley en el marco de la distribución de los recursos federales, y la Provincia dejará de aportar varios cientos de millones para sostener cajas nacionales como la Anses (un requisito que se estableció cuando fue privatizado el sistema previsional, y nunca fue modificado), existirían los recursos más que suficientes para cumplir con los reclamos de los maestros.
Al seguir sin dictar clases en las escuelas, los gobiernos y los sindicatos están condenando a las futuras generaciones a vivir en el atraso, en la oscuridad de la ignorancia, como ocurría en los feudos de la Edad Media.
De cualquier forma, no todo está perdido. Existe una importante matriz en muchos educadores de nuestro país, que siempre han demostrado una gran capacidad para superar escollos y enseñar en las situaciones más adversas.


Comentá la nota