Editorial: Teoría sobre seguridad

Posicionar al partido de Luján como un foco particular de inseguridad dentro de la Provincia sería forzar la mirada o el análisis de los hechos.
Es innegable que durante los últimos meses preocupó y preocupan los asaltos o robos en la zona céntrica; que los productores rurales siguen sin conseguir respuestas ante la inseguridad que los aqueja; que se han registrado violentos asaltos calificados como “al voleo”; y que, además de los casos puntuales como el ocurrido esta semana que le costó la vida a un chico de 13 años, también alerta lo sucedido con integrantes de la comunidad boliviana que vive y trabaja en el partido.

Si lo que ocurre se observa con añoranza por aquella vida de pueblo de interior, con los vecinos en la puerta de sus casas tomando fresco sin poner en riesgo sus bienes, lo que se registra en los últimos años sonará terrible.

Si, por el contrario, se admite que Luján es un partido que supera ampliamente los 100 mil habitantes y que la ampliación del Acceso Oeste ahondó el fácil intercambio con el conurbano bonaerense, se entenderá que los casos son propios de una urbe como la local.

Ahora bien: propios no significa aceptables, o que haya que tomarlos con los brazos cruzados y un dejo de resignación. Dicho de otro modo: lo señalado no habilita a la intendenta Graciela Rosso para decir que “Luján es seguro”, como pregonó por medios nacionales en estos días. Los hechos y su gravedad la desmienten categóricamente.

En ediciones anteriores y en este mismo espacio hemos escrito sobre el modo de actuar de Rosso ante distintos casos de inseguridad. Si la jefa comunal entiende que pueden afectar la imagen de su gobierno, articula las medidas necesarias para cambiar a la cúpula policial de la calle Las Heras. Lo demuestran cinco relevamientos de comisarios desde que asumió como intendenta, sin que ello redunde en resultados para la seguridad pública.

A ello se suma una constante desde la asunción de Rosso, hace más de tres años: cambios dentro del gabinete. No queda en pie ninguno de los secretarios que iniciaron su gestión allá por fines de 2007. Sin embargo, en el área de Control Urbano, una de las más sensibles puertas afuera de la Comuna -es decir, en la opinión pública-, donde las evaluaciones son diarias, fueron escasos o casi nulos los cambios de rumbos propuestos desde la Intendencia.

Desde que se desactivó una especie de grupo de choque que custodiaba la puerta de la Casa Municipal, detrás de las órdenes de un tal Julio Quintela, y más tarde Oscar Clarensio dio un paso al costado en el área por razones de salud, Rosso no realizó más cambios en el sector. Por el contrario, dejó que todo pase a manos del funcionario Eduardo Racedo, sin que deje su tarea como director de Gestión de la Comunicación.

Es decir que puertas afuera Rosso no sólo se ocupa de los temas de seguridad, sino que excede sus funciones proponiendo cambios y nombres en la cúpula policial. Pero dentro de sus filas prefiere mirar para otro lado, como si los resultados y sus políticas de seguridad ciudadana (¿hay políticas de seguridad ciudadana?) rindieran frutos.

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