La intendenta Graciela Rosso comenzó a transitar el último año de su mandato. Sus detractores prefieren decir que ya dilapidó el 75 por ciento de su ejercicio en la Intendencia, mientras que sus defensores miran el vaso medio lleno asegurando que inició el camino de las concreciones prometidas.
Para sostener su proyecto, ¿le alcanzará a la actual gestión la política del corte de cintas que inició semanas atrás y que pretende potenciar en lo que resta de mandato?
Las máquinas de pavimento avanzan; las luminarias públicas se multiplican; se licita la remodelación de un largo tramo de la ex ruta 7; se construye en Open Door la planta depuradora que liberaría a la administración del problema de los vuelcos de los tanques atmosféricos; se logró inaugurar un flamante edificio para el Centro de Rehabilitación Luján; después de infinidades de promesas, fue esta gestión la que cortó las cintas de la Terapia Intensiva para Adultos y las políticas para enfrentar el urticante tema Curtarsa no desagradan ni a los más radicalizados ambientalistas.
Pero... siempre hay un pero. A pesar de esos y otros logros inocultables, la gestión de Rosso rema contra varias corrientes.
Hay problemáticas que siguen y siguen, y parecen intocables. Mal que le pese la reiteración al gobierno actual, Luján carece de una planta depuradora que pueda tratar los líquidos cloacales urbanos y nadie parece estar frente a una urgencia. En ese marco, pensar en una ampliación del sistema de red cloacal resulta utópico.
Diferentes sectores de atención del cliente brindan un servicio paupérrimo; con colas insoportables; con sistemas que se caen; con datos que se pierden y hay que volver a realizar; con residuos inundando las calles de los barrios; con sitios intransitables o sectores –como el Polideportivo- abandonados hace varios lustros.
Otra corriente en contra: el sindicalismo. Rosso no logró en tres años de gobierno cautivar el más mínimo apoyo de los sindicatos fuertes del partido. Para una gestión comunal, esa enemistad no es una minucia. Podrá fantasear con su llegada en la nueva dirigencia de la CGT regional, pero ATE, el Sindicato de Trabajadores Municipales y el más numeroso de la zona, el Centro de Empleados de Comercio, entre otros, no dudan en subrayar sus errores y omisiones y en poner palos en la rueda –argumentos nunca les faltan-, más allá de sus filiaciones partidarias.
También debería anotarse en la lista de carencias, difícilmente modificable en lo que resta de mandato, la comunicación que ofrece la actual gestión. A una falta total de carisma en sus más altos dirigentes se le suma una idea subyacente de que el mundo está en contra de sus propuestas, de su accionar. Y esa fantasía termina construyendo una paranoia que mantiene a Rosso y sus funcionarios empantanados en sus propias suposiciones.
Son luces y sombras presentes para lo que resta de la gestión. ¿El último año de Rosso? ¿El último del proyecto que hoy encabeza Rosso? ¿O el último antes de encaminarse a cuatro años más? Habrá que ver qué pesa más en la comunidad, si las luces o las sombras.

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