Con sorpresa, el funcionario explica que no entiende por qué el domingo un diario de tirada nacional publicó una página completa con información falsa o, en todo caso, sin la inclusión de la explicación oficial.
El ejemplo es reciente y expone lo que la propia intendenta Graciela Rosso admitió como una falencia de su gestión, cuando le tocó abrir el periodo ordinario de sesiones del Concejo Deliberante: es un gobierno que no sabe comunicar. A los errores y omisiones le suma un inentendible silencio cuando consigue algún objetivo.
Las críticas abundaron durante las últimas semanas y hablaban de la posibilidad de que la licitación para la renovación del servicio de recolección de residuos sólidos urbanos estuviese armada a medida para el desembarco en Luján de la empresa Covelia, de presuntos e investigados lazos con el titular de la CGT, Hugo Moyano.
Pero cuatro días antes de la aparición de una nota lapidaria en el diario Perfil, con foto de Rosso incluida, los funcionarios locales tenían el informe de Tesorería en el que constaba que las empresas interesadas eran Terminal Multipropósito, actual prestadora; y Ecociudad, una firma oriunda de Pablo Nogués. Sabían también que una vez cerrado el plazo de presentación asistió a la Casa Municipal una persona que dijo representar a Covelia y que tenía intenciones de comprar el pliego, pero que le negaron esa posibilidad.
Nada de eso se dio a conocer, al menos hasta el martes, cuando el secretario de Economía se dignó en salir a informar sobre el acto de apertura de sobres, realizado el lunes. O hasta el jueves, cuando se decidió brindar una conferencia de prensa. Es decir que los funcionarios no creyeron oportuno desmentir las expresiones de quienes veían caer a Covelia en estas tierras y tampoco hablaron antes, cuando los gremios denunciaban la supuesta intención de privatizar todo el servicio de recolección.
Enfrascados en ese mismo silencio, a nadie se le ocurrió invitar a los medios de prensa al acto de apertura de los sobres de la licitación. Hubo que hurgar en reiteradas ocasiones para que el gobierno saliera a contar detalles de la licitación que –finalmente- no implicaba una privatización total y tampoco la llegada de Covelia. Consultada al respecto, el jueves Rosso dijo que “todas las acciones de gobierno son públicas y que por ello a nadie se le niega concurrir a una apertura de una licitación”. Una postura bien diferente a la invitación, que implica un interés particular por difundir esa información.
El martes se escribió otro capítulo en la novela de incomunicación que Rosso mantiene con los medios y que recién en estos tiempos preelectorales parece querer modificar. Hace años que el Colegio de Arquitectos critica a destajo que la jefa comunal no los convoque para dialogar y tratar de acordar el texto de un Código Urbano que reemplace al añejo Plan Regulador. Y aunque ahora se olfatee oportunismo electoral, lo cierto es que ese día de esta semana Rosso, a través de la Secretaría de Obras Públicas, convocó a una reunión abierta con arquitectos de la ciudad para exponer las ideas en materia de urbanismo. Estuvieron funcionarios de Obras Públicas y unos treinta arquitectos. Oficialmente no se dijo una sola palabra.
Pero hay cosas bien concretos de incomunicación: luego de años de promesas y pedidos, se colocaron luminarias en Alsina, camino a Jáuregui y en Julio A. Roca. Sólo se enteran quienes pasan de noche.
Tampoco, entre otros ejemplos posibles, hubo iniciativa para contar a los medios los avances de la obra de la planta depuradora en Open Door, tema que el gobierno abordó después de que este medio diera a conocer cómo crecía la construcción.
El correr de los años de gestión de Rosso manifiestan que no se trata de una cuestión de nombres. Sería erróneo apuntar con exclusividad a quienes pasaron o están en la Dirección de Prensa. Desfilaron por allí o por tareas de esa índole Fabián Pérez, María José Goenaga, Rubén Zilber, un tal “Choper” y desde hace varios meses está César Conti. Ninguno logra torcer lo que desde arriba parecen no querer torcer. Por más hombres o mujeres que pasen con presuntas recetas mágicas para la comunicación oficial, poco podrán hacer si desde arriba entienden a la prensa más como una molestia, un estorbo o un enemigo, que como la herramienta más válida para acercar sus acciones a los ciudadanos o para demostrar que se pretende actuar con total transparencia.


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